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| 6/24/2006 12:00:00 AM

Entre dos polos

El izquierdista Andrés Manuel López Obrador y el derechista Felipe Calderón se pelean la presidencia mexicana. ¿Qué está en juego?

El domingo 2 de julio, cuando los mexicanos acudan a las urnas, acabará la incertidumbre que ha producido una campaña electoral disputada cabeza a cabeza hasta último momento y que será recordada por su inusitada agresividad. De confirmarse los resultados de las últimas encuestas, el candidato del Partido de Revolución Democrática (PRD), Andrés Manuel López Obrador o Amlo, como es conocido, se quedaría con la presidencia. Sin embargo, Felipe Calderón, su rival más cercano, del oficialista Partido de Acción Nacional (PAN), le respira en la nuca y todavía hay unas 11 millones de personas indecisas. Los otros tres candidatos, incluido el del una vez todo poderoso Partido Revolucionario Institucional (PRI), aparecen sin posibilidades.

Gran parte de la opinión pública mexicana e internacional tiene la percepción de que el país está en un momento crucial y que los posibles gobiernos de López Obrador, ex alcalde del Distrito Federal, y de Calderón, ex ministro de Energía de Vicente Fox, llevarían a México por rumbos totalmente diferentes. Las campañas publicitarias salidas del PAN y del PRD reforzaron esta idea, pero no por mostrar propuestas políticas diferentes, sino porque se limitaron a presentar a su adversario como la peor opción y a acusarse mutuamente de corrupción. Sin embargo, ¿qué tan determinante va a ser la elección de uno o el otro candidato en aspectos como la política, la economía o las relaciones internacionales?

En la política

Para muchos especialistas, los comicios no van a ser tan definitivos en el rumbo político. "Una de las falacias de esta campaña es que se le está dando demasiada importancia a la elección del Presidente, cuando en la política mexicana lo más importante es la capacidad de negociación que exista en el Congreso", le dijo a SEMANA Gustavo López Montiel, director del programa de ciencias políticas del Tecnológico de Monterrey.

En ese sentido, el poder del PRI, que gobernó durante 71 años y que desde 2000 quedó relegado de la presidencia, cuando resultó elegido el panista Vicente Fox, todavía pesa mucho: aún posee la mayoría en el Congreso. Aunque su candidato, Roberto Madrazo, aparezca en un lejano tercer lugar en las encuestas, el PRI no está muerto. "La balanza del poder la va a tener el PRI, porque después de tantos años gobernando la política está muy marcada por él y por su clientelismo, transacciones, negociaciones y compadrazgos", expresó en charla con esta revista Jorge Nef, director del Instituto de Estudios sobre América Latina y el Caribe de la Universidad del Sur de Florida.

Y teniendo en cuenta que ni López Obrador ni Calderón lograrán un triunfo aplastante -las encuestas les dan 35 por ciento en el mejor de los casos-, muchas cosas seguirán siendo iguales. Esto confirma que la democracia de México sigue siendo embrionaria y que no es fundamental qué partido gobierne. Al fin y al cabo, los retos serán los mismos: combatir la corrupción y la impunidad.

En la economía

Cuando Fox asumió la presidencia, en 2000, prometió convertir a su país en una democracia de mercado libre y competitivo y crear un millón de empleos por año. Durante la mayor parte de su mandato la economía estuvo estancada, pero en los últimos meses ha habido una recuperación que tiene optimista a muchos sectores. El PIB aumentó 5,5 por ciento en el primer trimestre de 2006 y se espera que la economía crezca más del 4 por ciento este año.

Pero aunque el gobierno del PAN ha logrado mantener la economía relativamente estable, quedan temas pendientes, como los bajos sueldos de la mayoría de la población, el desempleo y la alta deuda pensional. La solución a estos problemas y una mejor repartición de la riqueza (40 por ciento se centra en el 10 por ciento de la población) serán los desafíos del próximo gobierno.

Aunque los asuntos económicos pasan más por el Congreso que por el Presidente, por el lado de Calderón está claro que se continuaría con la apertura económica y el libre mercado, algo en lo que Fox ha estado trabajando durante su mandato. Sus adversarios dicen que entregaría el país al capital extranjero, empezando por la petrolera estatal Pemex, cuya nacionalización en 1936 fue un hito en la historia de México.

López Obrador ha prometido no generar nuevas privatizaciones, pero tampoco estaría en posición de poner en peligro el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (Nafta) o de frenar de forma dramática la intervención del sector privado, algo que temen los grandes inversionistas. Y es que un cambio radical en las políticas económicas por parte del eventual gobierno perredista podría causar pánico en las bolsas y desestabilizar toda la economía. En otras palabras, un gobierno de Amlo traería cambios, pero no tantos.

Relaciones con los vecinos

Quizás en este campo es donde los mandatarios mexicanos gozan de mayor autonomía, ya que tienen más autoridad que el Congreso en las relaciones internacionales. "El PAN mantendría las relaciones internacionales tal y como están ahora, porque hay una visión de partido en ese sentido", señaló el analista López Montiel. Pero otros creen que Calderón sí buscaría desmarcarse un poco de Washington, una relación que le ha traído problemas a Fox en el vecindario. Dentro de los mexicanos, el gobierno gringo tampoco es santo de su devoción, entre otras cosas por el tema de la inmigración y porque el acuerdo Nafta de libre comercio no ha resultado tan benéfico para la economía 'manita' como se creía.

Por otro lado, López Obrador ha sido comparado con líderes de la izquierda latinoamericana como Hugo Chávez o Evo Morales. Algunos creen que su gobierno significaría un quiebre en las relaciones con Estados Unidos y su alineación con el bloque antiestadounidense liderado por Chávez. No será fácil, por ser Washington el principal socio comercial de México. Por eso una presidencia del PRD no estaría interesada en enfriar las relaciones con el vecino del norte y tendría que mantener una posición pragmática en aras de mantener su economía.

Así mismo, no se puede meter la izquierda que representa Amlo en el mismo saco que la de Chávez u otras en América Latina. La posición ideológica de López Obrador difiere de la de Chávez y en México existe la percepción de que los países latinoamericanos gobernados por la izquierda, a excepción de Chile, están adoptando medidas económicas inadecuadas. O sea que ni Calderón se pondría tan cerca de Estados Unidos ni López Obrador tan lejos.

Aproximadamente unos 70 millones de mexicanos tendrán la oportunidad de votar el próximo domingo en unas elecciones cuya máxima parece ser "cambiar para que todo siga igual". Más allá de lo diferentes que puedan ser las agendas de ambos candidatos, hay objetivos que sí son comunes a los dos: lograr que sus ciudadanos vuelvan a confiar en la política y establecer una verdadera democracia. Porque, como le dijo Nef a SEMANA, "para que la democracia política sea una realidad, debe haber democracia social e igualdad".
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