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| 8/3/1987 12:00:00 AM

ENTRE "EL CAPITAL" Y EL CAPITAL

La Unión Sovietica adapta las teorías marxistas a !a economía de mercado

El escenario del Plenum del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, el pasado 25 de junio, no revelaba cambio alguno, al menos en su apariencia. Pero el desarrollo de la reunión, poco o nada tuvo que ver con las sesiones de los antecesores de Mijail Gorbachov
Las reformas que se aprobaron en varios aspectos de la vida soviética y en especial en el funcionamiento de su economía, convencieron a muchos observadores occidentales de lo que ya algunos preveían: que los cambios que se operarán en la vida de los ciudadanos de la URSS hacia el final del siglo, serán mucho más radicales que los que puedan sufrir sus contrapartes occidentales, para quienes no se vislumbra una situación semejante.
La reunión significó, antes que nada, la confirmación del inmenso poder que consistentemente ha venido acumulando Gorbachov desde su elección como Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, el cargo de mayor importancia política en ese país. Pero además, la confirmación de que su controvertida política de apertura tiene cada vez más adeptos entre los responsables de su aplicación. Y, tal vez más importante aún, que los espectaculares movimientos políticos de Gorbachov ganan cada vez más respetabilidad en medios occidentales, donde las declaraciones de los líderes soviéticos han sido tomadas tradicionalmente como juego de palabras. En efecto, un diplomático occidental citado por el New York Times, afirmó que "los cambios están lejos de ser puramente cosméticos, y ciertamente no son insignicantes en su potencial para cambiar el modo como se hacían las cosas hasta ahora".
Gorbachov mostró el apoyo que recibe de la dirigencia soviética al lograr colocar en escaños principales del Politburó a tres miembros considerados muy allegados él, Aleksandr Yakovlev, uno de sus consejeros políticos claves; Nikolai Sliunkov, un miembro del Comité Central especialista en economía, y a Viktor Nikonov, quien ha estado a cargo de la supervisión de la agricultura.
EL NUEVO MANIFIESTO
El pleno del Comité Central, tras dos días de deliberaciones, aprobó un documento de 37 páginas que, según Tass, contiene tres objetivos fundamentales (la reorientación del crecimiento económico, y la satisfacción de las necesidades sociales, la conversión del progreso científico-técnico en factor principal del crecimiento económico y la creación de un mecanismo eficiente y viable contra el encarecimiento indebido de la producción), tras los cuales se esconden medidas realmente novedosas.
El documento estipula una "drástica expansión de la independencia de las empresas", junto con una "enfática reducción de la interferencia central en la operación diaria" de las mismas. Eso significa que la economía soviética, hasta ahora caracterizada por la férrea planificación central, que subordinaba el desempeño de las industrias al cumplimiento macroeconómico de las metas de producción, da paso a la autonomía de las empresas para fijar sus metas, con lo que la eficiencia en la producción recobra su importancia.
La planificación central, que data de los años veinte y a la que los tecnócratas culpan hoy de la decadencia de muchas empresas, dará paso a la fijación de unas directrices quinquenales que sólo tendrán el carácter de simples recomendaciones. Todo esto implica que las industrias tendrán un régimen de utilidades y de incentivos, en el que el producido de su actividad no revertirá automáticamente, como hasta ahora, al patrimonio del Estado, y que aquellas que no den resultados deberán ser cerradas, aunque, como lo expresó Gorbachov en su discurso, se tratará "de una medida extrema en la que cae de su peso que el Estado deberá preocuparse por garantizar el empleo a los trabajadores ".
El plan de Gorbachov prevé el desarrollo de vínculos directos entre las fábricas y los proveedores de materias primas, entre quienes se determinarán directamente los precios al por mayor. Eso se contradice abiertamente con el sistema practicado hasta ahora, en que los organismos centrales de planificación controlaban el flujo de materias primas hacia las plantas industriales y fijaban su valor. Una consecuencia directa del nuevo orden de cosas es que los precios surgirán de las nuevas relaciones entre los productores de las materias primas y las fábricas, y aun de la demanda, con lo que los establecimientos industriales se verán compelidos a buscar la mayor eficiencia posible en la producción. Como afirma el Primer Ministro Nikolai Rizhkov, se "refuerza la exigencia de establecer dos y hasta tres turnos de producción".
Contra lo que pudiera pensarse, sin embargo, el viraje de la economía soviética no implica una apertura franca al establecimiento de la libre empresa, que ha sido motivo de otras medidas, sino una aplicación sui generis de la economía de mercado, en la que de todas maneras los medios de producción continúan estando en poder del Estado.
Desde el punto de vista de la dirección de la empresa, Gorbachov anunció algo que ya se ha puesto en práctica en algunas industrias: la elección del gerente y los principales cuadros directivos por referéndum entre los obreros de la empresa, con lo que se busca estrechar aún más los vínculos entre los obreros y su sitio de trabajo.
Pero las cosas no paran allí. El nuevo régimen económico también abre las puertas para que las empresas soviéticas, haciendo uso de su independencia, celebren contratos de coproducción con industrias extranjeras, y aun para que establezcan firmas de comercialización y distribución de sus productos Y, por asociación entre ellas, establezcan, por ejemplo, empresas de transporte y similares donde la participación del Estado soviético empezará a ser cada vez más indirecta.
Pero el nuevo régimen no sería posible sin la reforma del sistema bancario. Los planes del gobierno de Gorbachov incluyen el establecimiento inicial, al menos de seis bancos, que se encargarán de prestar los servicios financieros que las empresas requieren. Con ello, según Rizhkov, se "permitirá elevar el papel del Banco Estatal de la Unión Soviética al de centro de emisión y de cuentas del Estado y organizador del sistema monetario".
La totalidad de los movimientos necesarios para poner en práctica la nueva economía soviética deben hacerse antes de la fecha límite fijada, que es el año de 1993. Se trata, sin embargo de un proceso que no estará exento de dificultades.
NO SERA UN JARDIN DE ROSAS
El primer obstáculo será la inercia creada por 50 años de control estalinista. El proceso mental del mismo Gorbachov no fue fácil, pues sus anuncios iniciales de reformas resultaban demasiado vagos para los observadores occidentales. Se considera que su evolución hasta ahora ha sido el producto no de un impulso definido sobre lo que debería ser el futuro de la economía soviética, sino de una serie de largas reflexiones en las que, se considera, resultó de extraordinaria influencia el "zar" de la ciencia económica soviética, Abel Aganbegyan.
Otros obstáculos serán de peso aún más pesado. En primer lugar, la estabilidad laboral, que se hará más incierta. El nuevo plan permite el despido de trabajadores perezosos y el cierre de empresas improductivas. En segundo lugar, en una sociedad donde la inflación es negada oficialmente, la fijación libre de precios podría conducir al alza de algunos de ellos. Finalmente la liberalización del ingreso de los trabajadores, que recibirán sus salarios en función de la eficiencia, creará resentimientos en los comunistas más ortodoxos.
Pero, por sobre todo ello, estará la oposición de los funcionarios que verán su poder disminuído y de los doctrinarios para quienes las reformas podrían salirse de control. No es además descartable la reacción misma del obrero soviético, acostumbrado al mínimo esfuerzo y a garantías básicas de vida. Se duda que de la noche a la mañana sienta la necesidad y urgencia de mejorar su desempeño en el trabajo.
Pero Gorbachov, con ese estilo descomplicado que lo ha hecho tan atractivo en Occidente, tiene una respuesta para todo. En su discurso expresó: "Estoy convencido de que el mayor error es el temor a equivocarse"
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