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| 6/30/2002 12:00:00 AM

Entre hermanos

Los venezolanos se están armando hasta los dientes. Un ambiente de guerra civil inminente se ha apoderado de la población.

Venezuela se ha convertido en el mercado legal más jugoso de la región para los vendedores de armamentos y de sistemas de seguridad. Las armerías ya agotaron su mercancía y se disponen a renovar los inventarios ante la paranoia de los que temen enfrentamientos sangrientos. Y lo más preocupante es que se trata de los ciudadanos comunes y corrientes, quienes se sienten obligados a adquirir los medios para defenderse.

Después de la intentona golpista del 11 de abril, cuando fue sustituido el presidente Hugo Chávez por 48 horas por el empresario Pedro Carmona, quien posteriormente se asiló en Bogotá, las condiciones políticas, económicas, sociales y ahora militares han empeorado. La oposición intenta por todos los medios constitucionales sacarlo del cargo. Quiere introducir una enmienda para acortar el mandato y enjuiciarlo por la matanza de 17 manifestantes del '11-A', a lo que agrega corrupción y malversación de fondos públicos.

Chávez, como es lógico en alguien que ha ganado por barrida siete elecciones, se aferra al poder. Pero su defensa va mucho más allá de lo legal. "No renuncio. No habrá otro golpe y si quieren ponerme preso por un juicio trucado tendrán que vérselas con el pueblo y los círculos bolivarianos, que ahora sí están preparados para defender la revolución. No estamos desarmados". Esas palabras, en alguien que controla la mayoría parlamentaria, el Tribunal Supremo de Justicia, el Fiscal General, el Contralor General y el Defensor del Pueblo, resultan incendiarias.

Por eso, ante los rumores de un segundo golpe de Estado, un autogolpe o un magnicidio, lo cual ha sido reconocido por el propio mandatario, un ambiente de guerra civil inminente se ha apoderado de la población. Tanto las urbanizaciones de clase media hacia arriba como los barrios populares, temerosos de un ataque. se han armado hasta los dientes.

Los caraqueños están divididos entre 'chavistas' y 'antichavistas'. Aunque la mayoría es pacifista, en cada extremo existe su grupo ultrarradical dispuesto a enfrentarse con violencia. En esta paranoia no está claro quién es el enemigo, o tal vez sí lo saben: el odio sembrado y la mal entendida lucha de clases porque terminará en una guerra fratricida. "La radicalización está llevándonos a extremos de amenazas públicas de una y otra parte que están a punto de materializarse en enfrentamientos sociales peligrosos", señala el siquiatra Pedro Delgado Machado. Lo cierto es que el este y el oeste de la ciudad tienen ahora fronteras difíciles de conciliar.

Por Internet

Un millón y medio de venezolanos están suscritos al correo electrónico. Y en la red de Internet circulan mensajes de alerta capaces de poner los pelos de punta. Se recomienda, en caso de ataque al condominio, qué tipo de arma usar, cuándo y cómo. A los que no les gustan las armas de fuego se les recomienda usar cuchillos de cocina, tanques de gasolina, palos de escoba, tubos, sonar tres veces los pitos, llamar a la gente de seguridad y hasta echar aceite caliente a los atacantes desde la ventana.

Carlos Guillermo Arocha, concejal del municipio de Baruta, situado al sureste de Caracas, dijo a SEMANA que "el problema es la ola gigante de rumores que circulan por Internet y de boca en boca. La gente tiene miedo. Diariamente se hacen reuniones entre vecinos. La percepción general es que puede haber un estallido social y una conmoción política".

Las juntas de vecinos y de los condominios de las urbanizaciones residenciales de Caracas se reúnen dos y tres veces por semana para organizar los planes de contingencia. En la Florida, donde están asociadas 5.000 personas, José Rafael de los Ríos, abogado y presidente de la Sociedad Civil Seguridad Primero, dijo a SEMANA que tienen brigadas tácticas preparadas para "proteger a las mujeres, ancianos y niños". Y que "tenemos un plan persuasivo y disuasivo sin violencia con contraseñas de alertas rojas. En caso de emergencia debemos convencer que nadie es enemigo para evitar los saqueos y proteger los bienes de las personas".

El temor de la clase media es que puede ser atacada por los círculos bolivarianos. "No todos esos círculos están armados pero sí tienen grupos radicales armados. Lo que más venden las armerías son escopetas y municiones. Ya están agotados. Han vendido 600.000 escopetas y un millón de aerosoles, gas pimienta, artefactos de choque eléctrico para la autodefensa personal", sostiene Arocha.

Los concejales como él recomiendan a los vecinos de las urbanizaciones organizarse por calles, mantenerse comunicados por teléfono con los responsables de las calles siguientes, tener radio de onda corta y llamar a la policía municipal en caso de urgencia.

Los barrios populares

Los barrios populares, formados por los ranchos de los cerros y los bloques que rodean la ciudad, también están sumidos en la angustia y zozobra por lo que pueda pasar. Pero en este caso no se trata de defender los bienes, sino "la Constitución". Allí el correo electrónico no circula mucho sino la "radio bemba" o el rumor de boca en boca o por celulares. El sector popular, que es la mitad de los cuatro millones de caraqueños, no tiene recursos para comprar armamentos pero también se está organizando con planes de contingencia.

Pedro Suárez, vecino de la populosa El Valle, dijo a SEMANA que la gente de su bloque ha preferido comprar alimentos en lugar de armas. "Hemos almacenado comida, velas y gas por si falla el suministro de alimentos y electricidad. Estamos preparados para aguantar y defender la Constitución". La parroquia de El Valle, Catia y Petare fueron asoladas por los saqueos del 13 de abril.

Oswaldo Rivero, miembro de Tupamaros, un grupo radical afecto a Chávez, no negó a SEMANA que estén armados pero lo justifica como una legítima defensa. "El 11 de abril disparamos en el puente Llaguno (a una cuadra de Miraflores) porque es una cuestión de legítima defensa. Y añade que: Si nos atacan tenemos que defendernos. Esta es una lucha de clases. Las clases populares se sienten atrapadas por la satanización que han hecho de nosotros los medios de comunicación. Se han vuelto agresivos y han desatado una campaña de terror contra los círculos bolivarianos y los barrios pobres. Nosotros no estamos en capacidad de organizarnos como las urbanizaciones del este. Pero estamos a las puertas de una guerra".

Además de los Tupamaros existen otros grupos extremistas afectos al gobierno, como el M-28 y la Coordinadora Simón Bolívar. Los tres grupos radicales operan en el barrio 23 de Enero, donde el gobierno ha emplazado parte de los cohetes antiaéreos.

En declaraciones a SEMANA el comunista Guillermo García Ponce, jefe de los círculos bolivarianos, también desmintió, al igual que el presidente Chávez, que estas organizaciones estén armadas aunque reconocen que son promovidas por el gobierno. "Su función es social y vecinal", dicen, mientras son convocados para defender Miraflores e impedir que se acerquen las marchas de los manifestantes opositores. Entre tanto, el peligro de un estallido social no hace sino empeorar.
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