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| 11/6/1995 12:00:00 AM

ENTRE LA RUBIA Y LA MORENA

Estados Unidos aprieta a La Habana una clavija y suelta otra, en un movimiento que parece anunciar definiciones.

PARA EL GOBIERNO CUBAno la situación ante Estados Unidos se parece mucho a la de los bateadores que tienen en su cuenta dos strikes y tres bolas. En otras palabras, está al mismo tiempo al borde del cielo y del infierno. Por una parte en el Congreso de Washington, de mayoría republicana, sigue su curso la famosa ley Helms-Burton, según la cual todos los países que comercien con Cuba se enfrentarán a las iras de Estados Unidos, incluida la cancelación de las visas de los directivos de las compañías involucradas. Y por la otra, el presidente demócrata Bill Clinton anunció al final de la semana pasada la apertura de un cierto "libre flujo de actividades" entre su país y la isla del Caribe.
La ley Helms-Burton enfrenta grandes dificultades para concretarse. De hecho, su sola aprobación inicial por la Cámara desató una ola de protestas de la comunidad internacional, que la calificó como una intromisión en asuntos internos de países soberanos. Por otra parte, el propio gobierno norteamericano de Bill Clinton calificó la norma de "irracionalidad polìtica" y amenazó con vetar el proyecto en caso de que fuera aprobado por el Senado, a menos que sucediera lo improbable, es decir, que fuera aprobado por más de las dos terceras partes de los miembros, lo que pondría a esa ley por fuera del alcance de la facultad presidencial de veto.
En ese caso, para los cubanos perdería vigencia la frase optimista de que "lo peor ya pasó", que alude al hecho de que fueron superados los tiempos de la escasez crónica de alimentos y los cortes eléctricos de 10 horas diarias.
Clinton sabe que ese tipo de medidas no produce el efecto deseado de desencadenar una rebelión contra el gobierno del presidente Fidel Castro, sino todo lo contrario, y de ahí su promesa de veto. Pero en sus circunstancias políticas, el presidente sabe que un tema tan candente como el de Cuba puede ser crucial para sus aspiraciones reeleccionistas. De ahí que haya escogido el camino del medio, es decir, anunciar que permitirá la instalación de agencias estadounidenses de prensa, aceptará el viaje de más gente hacia Cuba para actividades religiosas, educativas y de derechos humanos y aceptará la remesa a los cubanos de dinero y regalos de sus parientes emigrantes, pero con la expresa aclaración de que no pretende suavizar el bloqueo "contra el gobierno de La Habana".
Clinton hizo esa manifestación en un discurso el viernes, en el que denunció la nueva tendencia a eliminar el consenso partidario en el manejo de las relaciones internacionales de su nación. En medio de esos dos fuegos internos de Estados Unidos, los cubanos siguen soñando con el día en que a su país le den el mismo tratamiento de reconciliación y amistad que han recibido países tan comunistas como China y Vietnam.
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