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| 12/19/2004 12:00:00 AM

Entre la religiosidad y el realismo político

Hay dos izquierdas en América Latina: la populista de Chávez y Castro y la pragmática de Lula, Torrijos y Kirchner, entre otros, hoy con mayor poder en más lugares que nunca antes.

Recuerdo que en una ocasión me encontraba con Schafick Handal, secretario general del Partido Comunista de El Salvador, mirando un programa de televisión que transmitía una ceremonia religiosa oficiada por el Papa. La solemnidad y el fervor conmovieron a Handal, al punto que exclamó: ¡Algo así necesitamos nosotros!, ¡una liturgia de la izquierda! Latinoamérica vive en estos momentos un crucial debate entre la izquierda religiosa conservadora versus la izquierda realista pragmática. Esta discusión no es nueva, lo que es nuevo es el contexto. No era lo mismo debatir en un continente dominado por autoritarismos, que bajo democracias emergentes. Jamás hubo en la historia de Latinoamérica tantos partidos de izquierda con tanto poder en tantos lugares.

La democracia resultó de la lucha de la izquierda, pero esta última apenas se inicia como fuerza política permanente y viene de un largo período de exclusión, exilio, cárcel, montaña, clandestinidad y calle. Las debilidades de su proyecto son lógicas y su principal reto ahora es madurar y aprender a gobernar. La izquierda religiosa tiene un sistema de ideas cargado de creencias, mitos, cielos, infiernos, tabúes, dogmas, santos y demonios que derivan en un proyecto populista dirigido al alma y a las emociones. La religiosidad de la izquierda se fortaleció como respuesta al igualmente religioso 'anticomunismo'. Algunas dictaduras de la derecha dejaron tan pocas opciones para enfrentarlas, que activar emociones fue lo esencial. Por ello, el aporte más científico del Che no fueron sus ideas económicas programáticas, que estaban todas equivocadas, sino su consecuencia y su locura por la revolución que lo convirtieron en el santo patrono de la lucha armada, motivador de la rebelión de muchos jóvenes.

El paso del fusil a la rosa (símbolo de la izquierda socialdemócrata europea) resulta complicado, porque el autoritarismo obligó a que ortodoxia y pragmatismo convivieran. La izquierda pragmática intenta ser terrenal, planteando hacer lo posible ahora, en vez de lo imposible nunca, pero la descalificación moral y la excomunión por traición son las respuestas de la izquierda religiosa. Esto ocurre en México, Nicaragua, El Salvador, Venezuela, Cuba, Brasil y en todas partes. Paradójicamente, para los marxistas religiosos, la contradicción, pilar de la dialéctica, es pecado mortal. El discurso moderado es uno de los problemas de los pragmáticos, sobre todo cuando se enfrentan a sociedades con mucha pobreza, baja cultura política, gran exclusión social y una discriminación racial que todavía no considera humanos a los indígenas. La oferta del cielo y el llamado a vengarse de un enemigo satánico tienen ventaja sobre la propuesta racional, aunque esta última sea más eficaz. Podemos entonces decir que así como Bush difícilmente podría ser jefe de Estado de Gran Bretaña o Francia, en Chile, Chávez quizás podría ser un buen pastor evangélico, pero no un presidente, y mucho menos un presidente de izquierda.

Cuba y Venezuela son la cabeza de la izquierda religiosa y sus seguidores más fuertes son el PRD de Cuauhtemoc Cárdenas en México, el Fmln de Schafick Handal en El Salvador, el Fsln de Daniel Ortega en Nicaragua y el MAS de Evo Morales en Bolivia. Entre los más importantes de la izquierda realista se encuentran los socialistas chilenos de Lagos, los seguidores de Kirchner en Argentina, el Frente Amplio de Tabaré Vázquez en Uruguay, el PRD de República Dominicana, el Polo Democrático de Colombia, el PRD de Martín Torrijos en Panamá y el PT de Lula en Brasil. Con la excepción de los socialistas chilenos, que son pragmáticamente más puros, todo el resto libra batallas internas entre las dos corrientes y, aun en Cuba, existe hoy una izquierda realista en desarrollo.

Los pragmáticos libran dos batallas, por un lado deben enfrentar el neoliberalismo de los conservadores de derecha reinventando programas y gobernando con eficiencia, y por otro deben cuidar su discurso frente a los conservadores de izquierda. Lo primero les demanda velocidad y soltura y lo segundo, lentitud y rigidez. Interesados en generar emociones, los religiosos proponen un populismo que ofrece resolver problemas de forma inmediata, absoluta y perfecta. Esto contrasta con el realismo que enseña que en política sólo se pueden lograr resultados graduales, relativos e imperfectos. El populismo no conduce a soluciones, sino a conflictos, eso es Cuba y Venezuela.

Como en muchas religiones, la izquierda conservadora tiene doble moral. Los últimos tres años el comercio de Cuba con Estados Unidos creció de cuatro a más de 400 millones de dólares. Los cubanos compran productos agrícolas sin poder vender nada a Estados Unidos y además pagan al contado. Sin embargo, Cuba llama a sus seguidores a oponerse 'digna y valientemente' a los tratados de libre comercio con Estados Unidos, mientras ellos aceptan comerciar de forma 'sumisa y humillante'. Los izquierdistas religiosos rechazan los tratados porque dañarían a los agricultores, pero Cuba sólo compra productos agrícolas. Fidel Castro llama a sus seguidores a luchar contra las trasnacionales organizando a los pequeños productores, pero el gobierno cubano da puerta libre a las transnacionales, mientras prohíbe y reprime a los pequeños productores.

Chávez invoca el antiimperialismo y la lucha antioligárquica, pero Venezuela es hoy la gasolinera de Estados Unidos y es ahora cuando, teniendo al gobierno como su principal cliente, más ganancias obtienen los banqueros venezolanos. Entre 2002 y 2003 sus utilidades aumentaron en 50 por ciento. Distribuir renta petrolera a los pobres es un beneficio temporal y sirve para ganar elecciones, pero una verdadera revolución en Venezuela sería acabar con la dependencia del petróleo. Desde 1999 el gobierno de Chávez ha recibido 107.000 millones de dólares y es dueño del 90 por ciento de los ingresos de la economía venezolana, sin embargo está acabando con los industriales y desempleando a los trabajadores, mientras beneficia a los banqueros y aumenta los burócratas. Crea pobreza y luego la subsidia, destruye a las clases revolucionarias y fortalece a las parásitas. Chávez usa el antineoliberalismo para fortalecer su neomilitarismo. El 50 por ciento de los gobernadores y gran parte de los funcionarios públicos son militares. El chavismo hoy se llama de izquierda, pero puede a futuro virar a la derecha como el peronismo argentino.

En las catacumbas de esta izquierda religiosa hay cosas peores como los pactos entre Daniel Ortega y el archicorrupto Arnoldo Alemán en Nicaragua o las Farc de Colombia, que se han transformado en un cartel del narcotráfico. Los pragmáticos ganan más elecciones y gobiernan en más lugares, los religiosos por el contrario obstruyen el camino. Las Farc son el principal obstáculo del Polo Democrático en Colombia y Daniel Ortega, Schafick Handal y Cuauhtemoc Cárdenas son los obstáculos de la izquierda en cada uno de sus países. La victoria de los pragmáticos es esencial para la estabilidad de la democracia latinoamericana.

El debate es sobre la democracia y el mercado, el mismo por el que pasó la izquierda europea. La diferencia es que, con la caída del muro de Berlín, los conservadores ya no lo dicen con claridad, pero su idea es instrumentar la democracia para destruir el mercado sin creer en ninguna de las dos cosas, por lo que Cuba sigue siendo su modelo. Como Fidel acabó con el mercado no le cuestionan por los presos políticos, ni por la falta de libertad de expresión en Cuba, pero exigen más democracia en Latinoamérica. La izquierda realista, por otro lado, quiere financiar la lucha contra la pobreza, pero haciendo crecer la economía; quiere evitar que sus gobiernos sean rachas temporales de venganza que empobrezcan más a sus países; quiere convertir el pragmatismo en la defensa inteligente de los principios y quiere derrotar el egoísmo, pero sin reprimirlo, porque sólo así la solidaridad y la equidad se volverán valores sociales universales. En síntesis, la izquierda realista lucha por dejar de ser eterna oposición resolviendo el problema de la pobreza desde el poder, mientras la izquierda religiosa suplica, llora y reza porque otros no la resuelven.

*Ex jefe guerrillero del Fmln salvadoreño
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