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| 6/29/1998 12:00:00 AM

EQUILIBRISMO NUCLEAR

Las pruebas nucleares de Pakistán representan el peor escenario para el desarme atómico mundial.

Desde 1947 existe el Doomsday Clock, o 'Reloj del día del juicio', creado por un grupo independiente de científicos para medir qué tan cerca está el mundo de la 'medianoche' del cataclismo nuclear. Aunque hubo épocas en que estuvo a dos minutos, como en 1953, desde 1986 la aguja comenzó a alejarse de las fatídicas 12 luego deque Ronald Reagan y Mijail Gorbachov se reunieran en Reykjavik y anunciaran la abolición de las armas nucleares. Desde entonces el progreso hacia el desarme hizo que, al menos en el papel, el mundo se estuviera alejando de la amenaza atómica. Una serie de pactos, que culminaron con el Tratado contra la Proliferación y en 1996 con el que prohibió las pruebas atómicas, terminaron por alejar del desastre la curiosa aguja del Doomsday Clock. Con más de 150 países firmantes el tema de la bomba atómica parecía relegado al nivel de un mal recuerdo de los años 50.Pero mayo de 1998 será recordado como el mes en el que la amenaza nuclear se extendió a las áreas más pobres del planeta. Diseñado para medir la cercanía del cataclismo global que seguiría a la Guerra Fría, el Doomsday Clock tal vez no es capaz de medir con la misma precisión el riesgo que corren los habitantes de India y Pakistán, cuyos resentimientos mutuos hacen que muchos hayan celebrado sus respectivas pruebas nucleares como un triunfo histórico. El primer ministro de Pakistán, Nawaz Sharif, no dio su brazo a torcer ante la presión internacional que le aconsejaba prudencia. El jueves pasado anunció que con las cinco pruebas efectuadas por su país en la remota región de Chagai, en la provincia de Beluchistán, las cosas quedaban 'a mano' ante los ensayos hechos por la India el 12 de mayo. Pero su discurso trajo algo nuevo: mientras el primer ministro indio, Atal Behari Vajpayee, ofreció luego un pacto de "no usar la bomba primero" ("no first use"), Sharif dijo que "estas armas son para disuadir contra cualquier agresión, sea nuclear o convencional". Con ello, señalaron los expertos, Sharif insinuó que su país estaría dispuesto a recurrir a sus bombas atómicas en caso de verse derrotado en el campo de batalla convencional. Ello es explicable por cuanto las fuerzas armadas paquistaníes son muy inferiores a las de su archienemigo en tanques, soldados y aviones. Esa no fue la única señal inquietante. La otra fue el anuncio, hecho el mismo jueves, de que Pakistán está listo para equipar con sus bombas atómicas sus misiles de alcance medio tipo Ghauri, los cuales han sido ya probados en vuelo y son capaces de alcanzar las principales ciudades indias. Es en este aspecto en el cual Pakistán podría haber igualado el score: los indios no tienen misiles de esa capacidad. Podrían usar el Prithtvi, pero el riesgo mayor sería para sus propios habitantes por su corto alcance. Y el Agni, que sería el adecuado, todavía tiene muchas pruebas por superar. Se trata de un intercambio de amenazas de gran calibre entre dos vecinos que han librado tres guerras desde que dejaron de hacer parte del mismo Estado en 1948. Y tal vez lo más preocupante es que ninguna de las sanciones anunciadas por las potencias parecen capaces de detener la carrera armamentista. Una carrera que, por otra parte, parece corresponder al interés de un tercer vecino como China, que pretende mantener un polo de influencia independiente. Los optimistas predicen que con las pruebas paquistaníes se establecerá un equilibrio capaz de mantener la paz local. Pero sería una paz inestable en una región inestable El cataclismo nuclear ya no es un Apocalipsis universal, como el que predecía el Doomsday Clock, sino una guerra fronteriza en el Tercer Mundo.
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