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| 6/5/2010 12:00:00 AM

Error sangriento

Tras asaltar a sangre y fuego una flotilla que llevaba ayuda humanitaria para Gaza, Israel se enfrenta a la condena mundial y a las amenazas de sus vecinos.

A las 4:30 de la madrugada del lunes, los 700 activistas de 32 países, incluidos políticos, varios premios Nobel y artistas reconocidos, que viajaban en las seis embarcaciones de la misión Free Gaza comprobaron que sus temores se hacían realidad: Israel había decidido impedir que llegara a su destino el convoy humanitario que, organizado por una ONG turca, había partido de Chipre con equipos médicos, medicinas, sillas de ruedas, cemento, hierro y víveres. En Gaza, un millón y medio de palestinos que viven en condiciones dramáticas debido al bloqueo impuesto por Israel desde hace cinco años esperaban con ansiedad esa ayuda que nunca llegó. Y al final, el episodio desató en pocas horas una condena internacional pocas veces vista contra Israel.

Sucedió en aguas internacionales. Una decena de lanchas rápidas israelíes rodeó las embarcaciones, mientras varios helicópteros las sobrevolaban. De repente, de uno de los Black Hawk descendieron 15 miembros de las fuerzas especiales sobre el Mavu Marmara, la embarcación más grande de la flotilla. Según versiones conocidas después, algunos pasajeros confrontaron a los militares con palos, varillas, bolas de cristal y hondas de caucho, mientras los demás permanecían paralizados por la violencia. Los testigos aseguran que los soldados y las embarcaciones que los protegían respondieron con disparos y gases lacrimógenos.

Los soldados israelíes atacaron a todo aquel que se cruzaba en su camino, según se puede ver en los videos que se colgaron después en Internet. En los barcos, al fin y al cabo, iban decenas de periodistas para quienes se habían habilitado salas de prensa. "Los soldados estaban enmascarados, cargaban grandes armas y actuaban de una manera extremamente brutal", contó el político alemán Norman Paech de regreso en Berlín.

"Mataron a nuestros amigos después de que se habían rendido. Nos atacaron con bombas de gas y balas reales. A Cevdet, que era periodista y solo tomaba fotos, le dispararon en la cabeza a pocos metros de distancia", dijo Bulent Yildrin, presidente de la ONG turca Fundación Ayuda Humanitaria (IHH), una de las organizadoras de la flotilla, a la que Israel acusa de estar relacionada con el terrorismo.

Al final, el saldo fue de nueve muertos, todos turcos, 38 heridos y todos los pasajeros encarcelados en Israel, aunque luego fueron deportados a sus países de origen. "Dijeron que no soltarían los presos sospechosos de haber atacado a los militares y al final tuvieron que hacerlo debido a la presión internacional, eso fue costoso para ellos", aseguró a SEMANA el analista político libanés Hilal Kashan. Los activistas llegaron victoriosos a sus países, y en Turquía y Líbano fueron recibidos como héroes. La proyección mediática le dio a la causa palestina un protagonismo internacional directamente opuesto al que el gobierno de Israel pretendía.

"Este no era el crucero del amor sino barcos de odio", dijo en respuesta el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien justificó el ataque al asegurar que el objetivo de la flotilla no era transportar ayuda, sino romper el bloqueo a la franja de Gaza y entregar armas. "Y si eso se hubiera permitido decenas y centenares de barcos cargados de pertrechos habrían llegado inmediatamente". Israel ha reiterado que teme que Irán construya bases militares en Gaza para atacarlo, y que el bloqueo es inevitable mientras Hamas siga su política de atacar las zonas fronterizas con sus cohetes Katiusha. Pero aún bajo ese argumento, las consecuencias para Israel han sido peores a las que esperaba el reducido grupo de dirigentes que planearon detener la flotilla.

Debate interno

Los periódicos israelíes han asegurado que Netanyahu y sus asesores cercanos estaban tan tranquilos con la operación, que la decidieron en un pequeño comité, sin muchas consultas. Pero varios observadores coinciden en que el gobierno del Likud ha terminado por clavarse su propio cuchillo.

Muchos israelíes apoyan a su Ejército, no entienden por qué el mundo centra sus ojos en este incidente y no en otras tragedias internacionales y repiten que varios de los activistas de la embarcación eran "terroristas" y "teníamos que defendernos". Por ejemplo, el profesor Yitzhak Reiter, experto en políticas de Oriente Medio de la Universidad Hebrea de Jerusalén, explicó a SEMANA que "es importante entender la necesidad israelí de revisar las embarcaciones que se aproximan a Gaza para evitar que contengan armas y bienes que legitimen y aumenten la popularidad de Hamas". También agregó que varias de las personas que viajaban en la flotilla fueron invitadas por Hamas o por grupos islamistas turcos.

Sin embargo, varios analistas locales critican al gobierno por autorizar una operación militar sin medir las consecuencias. Nahum Barnea, un reputado columnista, dijo a SEMANA que "aunque el gobierno se ha esforzado por demostrar que los integrantes de la flotilla eran personas violentas que odiaban a Israel, y así lo asumo, este es un suceso que aún deja preguntas sin contestar". El periodista cuestiona por qué se les dio a esos "pendencieros" justo lo que querían y por qué no se detuvo la embarcación de otra forma. Barnea recuerda cómo Israel ha logrado detener en el pasado embarcaciones que transportaban armas sin que nadie perdiera la vida.

Otra voz crítica es la de Yehezkel Dror, experto en temas de seguridad, quien participó en la llamada Comisión Winograd que investigó las fallas del gobierno y del Ejército en la Segunda Guerra del Líbano. En un artículo en el diario Haaretz afirma que se siguen cometiendo errores en la estrategia. "Quienes estuvieron detrás de esa operación desestimaron la sofisticación de los enemigos de Israel y su deseo de usar la flotilla para hacernos daño. Todo indica que no se prepararon para los escenarios más pesimistas".

Por su parte el escritor israelí David Grossman criticó en una columna la operación, a pesar de creer que "no todos los integrantes de la flotilla eran hombres de paz ni amaban la humanidad". Piensa que el incidente ha demostrado que el bloqueo a Gaza "ha fallado por cuatro años y está haciendo la situación aún peor, como podemos ver en este momento, y causa daño a Israel. Nuestra experiencia de vida en esta zona de desastre nos enseña que comenzará otro capítulo del ciclo de violencia, odio y venganza".

Condena internacional

La operación puso a Israel contra buena parte de la opinión pública mundial. De poco le ha valido la propaganda y muchas de sus explicaciones son difíciles de aceptar. Si el ataque sucedió en aguas internacionales, es ilegal y por lo tanto los ocupantes de los barcos tenían derecho a defenderse. Y el gobierno se tuvo que retractar cuando comprobó que no había armas en los barcos, sino lo que la misión aseguró desde el comienzo. Al final, intentó reenviar parte de las donaciones a Gaza, pero hasta el cierre de esta edición los dirigentes de Hamas, el grupo que gobierna en la franja, no las aceptaron. Israel confiscó el cemento y el hierro con el argumento de que podía servir para hacer fortificaciones y armas, y Hamas declaró que solo aceptaría la ayuda si se la entregaba completa. Todo o nada.

El reproche ha sido tan fuerte, que algunos observadores aseguran que aunque Estados Unidos ha evitado condenar a Israel, por debajo de la mesa utiliza ese apoyo para presionarlo a que baje la presión en el bloqueo y se vincule más al acuerdo de paz con los palestinos que el gobierno de Barack Obama está tratando de impulsar por enésima vez. A Estados Unidos también le interesa que las relaciones con Turquía, su otro gran aliado en la región, vuelvan a los cauces normales.

Y es que el ataque despertó protestas en el mundo, pero especialmente en los países árabes y Turquía, al que pertenecían la mayoría de los barcos y tripulantes. Se trata de un factor delicado si se considera que Turquía es, o era, el principal aliado de Israel en una región donde tiene muy pocos amigos. En efecto, el primer ministro turco, Tayip Erdogan, canceló su gira por Suramérica, llamó a consultas a su embajador en Israel, y reclamó a la comunidad internacional castigar ejemplarmente a ese país. Ankara también puso como condición a Israel acabar con el bloqueo de Gaza para normalizar las relaciones. Y muchos observadores piensan que el enfrentamiento con Israel contribuirá a la paulatina desviación de la política turca hacia una radicalización islámica impensable hasta hace poco.

El consejo de seguridad de la ONU, aunque no fue tan radical como muchos hubieran querido, también le ordenó acabar con el bloqueo e investigar exhaustivamente sobre lo ocurrido. "El embargo tendrá que terminar en un futuro, pero es un asunto más ligado con lo político que con lo militar, y parece que Israel no está dispuesto -explicó a SEMANA Ramy Khoury, director del Issam Fares Institute of Public Policy de la Universidad Norteamericana de Beirut-. Incluso Estados Unidos los ha presionado constantemente, pero ellos no ceden", añade.

Israel cerró las fronteras de Gaza en 2006 después de que Hamas, un grupo radical, ganó las elecciones y, tras expulsar a los moderados de Al Fatah , quedó como dueño y señor de la franja. Esa victoria no solo incomodó a Israel, un Estado al que Hamas niega el derecho a existir, sino a otros países vecinos como Egipto, que también cerró el paso a Gaza por miedo a que sus ciudadanos se radicalizaran. Después de lo sucedido el lunes, Egipto abrió de nuevo esta frontera, algo que ocurre pocas veces.

"Hay muchas cosas que han quedado claras, como el mayor papel de Turquía en la zona, el aumento de la presión internacional hacia Israel y el nuevo reto que se presenta para Estados Unidos", asegura Khoury. Explica que Estados Unidos y el presidente Obama cada vez pierden más apoyo en una región a la que enamoró apenas un año atrás cuando dio su famoso discurso en la Universidad de El Cairo en el que condenó, entre otras cosas, los asentamientos israelíes. Pero ese discurso parece lejano.

Muchos analistas han llegado a temer que la actitud de Israel tire por la borda las conversaciones preliminares de los últimos meses con la Autoridad Palestina . "Irán y Hamas ganarían si las próximas conversaciones se descarrilan" dijo a SEMANA Oussama Safa, director del Lebanese Center for Policy Studies. Y en Líbano, precisamente, se encendieron las alarmas después de este episodio, pues temen que un Israel radicalizado termine por desatar una guerra contra la milicia libanesa de Hizbolá. "Aquí siempre existe la posibilidad de una guerra, pero los israelíes y los norteamericanos están preocupados por Irán. Atacar una flotilla es una cosa, pero ir a la guerra es otra", concluye Khoury, quien coincide con otros analistas en que después de esta aventura Israel no querrá arriesgarse a perder aún más apoyo internacional, por lo menos por algún tiempo. Y le queda más bien poco.
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