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| 2/4/2012 12:00:00 AM

“Es la tormenta perfecta”

Henrique Capriles Radonski se perfila como el más seguro ganador de las elecciones primarias de la oposición venezolana que se celebrarán el domingo 12 de febrero. Habló en exclusiva con SEMANA.

SEMANA: Usted está convocando desde ya a todos los sectores, incluidos los chavistas…

H.C.:
El radicalismo en Venezuela ha perdido muchísimo espacio y cada día está más solo. Los venezolanos estamos agotados de la confrontación. No voy a ser un presidente de confrontación. Si tú te detienes en la pelea, en la confrontación, ahí te quedas.

SEMANA: ¿Y cuándo vamos a ver una confrontación con Chávez?

H.C.:
Chávez la va a buscar. Él no quiere que yo sea candidato. Pero no es él quien decide. Yo conozco muy bien al personaje y sé cómo se sale de control.

SEMANA: ¿Cómo?

H.C.:
Eso es materia de reserva. Pero yo lo conozco. Tuvimos un desencuentro importante por el tema de la emergencia en mi estado por las lluvias y yo le dije que él era un irresponsable. Eso fue peor para él a que yo le hubiera dicho una grosería o cualquier cosa.

SEMANA: ¿Y cuál va a ser su defensa?

H.C.:
Eso también me lo reservo como candidato. Yo sé hacer una campaña. Derroté a
Diosdado Cabello, el hombre más poderoso de este país siendo gobernador.

SEMANA: ¿Y si Chávez la final no puede competir, si el candidato es Diosdado Cabello?

H.C.:
El candidato va a ser Chávez y quiero que sea Chávez. No quiero otro candidato porque este ciclo de 14 años tiene que cerrarlo él.

SEMANA: Mucha gente dice que su juventud, 40 años, es su talón de aquiles.

H.C.:
No lo veo así. Clinton fue presidente de la superpotencia del mundo a los 42 años, Chávez a los 44. Yo he ido construyendo la casa ladrillo por ladrillo. Primero fui diputado, luego alcalde ocho años, estuve en la cárcel. Luego gobernador. Hay otras cosas que conozco, que he vivido. Es la oportunidad, es la tormenta perfecta. Estos años también dejan un aprendizaje y hay que valorarlo.

SEMANA: ¿De lo que el Gobierno ha logrado en estos 13 años qué hay que rescatar y darle continuidad?

H.C.:
Entender la realidad social del país y la necesidad de que los recursos permitan que Venezuela reduzca su pobreza. Ese reconocimiento de la pobreza es el aspecto más positivo, pero eso no es suficiente. No es reconocer que tú tienes un problema, es resolver el problema.

SEMANA: ¿Va a mantener las misiones y subsidios estatales?

H.C.:
Creo que hay que mejorarlos, porque están cargados de grandes ineficiencias y ampliarlos, que sean para todos, no simplemente para los partidarios del Gobierno. Y no obligar a una persona, para poder ser beneficiada de un programa social, a participar en el partido de gobierno. Con eso no estoy de acuerdo. Eso es chantaje. Debe ser como lo he hecho en Miranda, donde los programas sociales convocan a todas las personas.

SEMANA: ¿Cómo piensa cautivar a esos sectores populares que, precisamente, están inscritos en un partido a la fuerza para que voten por usted?

H.C.:
Ese es el reto. Hay que hablar más de los problemas y las soluciones y menos de la política, de la mecánica política. Eso no le interesa al ciudadano que está en la calle. Creo que es por ahí y que vamos a hacer una campaña que va a lograr su objetivo: ganar y ganar bien.
SEMANA: Pero, así hagan una excelente campaña, esta es una contienda desigual.

H.C.:
Siempre ha sido así. Pero el que tiene la gente gana y mi reto es ganarme a la gente. Les gusto yo como gobernador y les gusta Chávez como presidente. Ahora que yo quiero ser presidente, tengo que lograr que voten por mí y no voten por Chávez.

SEMANA: ¿Y cómo va a defenderse de la guerra sucia?

H.C.: Estoy acostumbrado. Si enciendes el Canal 8, el canal del Estado, se ve eso todas las noches...

SEMANA: Hay cosas más sucias y graves que una retórica incendiaria

H.C.:
Si el Gobierno quiere salirse de la democracia, siempre podrá hacerlo. Han demostrado a lo largo de estos años que son capaces de hacer cualquier cosa. A mí me llevaron a la cárcel sin ni siquiera haber sido imputado. Los venezolanos queremos democracia. No queremos un gobierno de fuerza, ni un gobierno que se imponga sin un proceso electoral. Podría hacerlo, pero ¿el país lo va a acompañar? No creo, honestamente. Creo que estaría sentenciando su derrota. Al Gobierno le toca jugar y juega desigual: utiliza los recursos del Estado, mete cadenas de radio y televisión, usa publicidad, usa toda la estructura del Estado, usa el poder, usa todo. Pero al final tiene que ir a las elecciones. No le queda otra.

SEMANA: Hablando de recursos, ¿cómo está financiando su campaña?

H.C.:
Yo no utilizaría jamás recursos públicos para financiar mi campaña. Primero, porque los recursos públicos no son para eso. Y segundo, porque te aseguro que el Gobierno tiene monitoreado absolutamente todo lo que yo hago. Entonces tocará hacer lo que siempre he hecho. La gente que quiere un cambio es la que te ayuda con la campaña. Hasta ahora en Venezuela esto ha sido sano, me refiero los que estamos de este lado, porque del lado del Gobierno, ¿la campaña quién la financia? El Estado, descaradamente, además. Soy muy cuidadoso de no mezclar una cosa con la otra.

SEMANA: El presidente lleva tantos años gobernando, que en Venezuela hay un desequilibrio de poderes. Otros candidatos han planteado que hay que convocar una asamblea constituyente para restaurar la democracia. ¿Usted lo hará?

H.C.:
No. ¿Quién convoca la constituyente? ¿Quién fija las reglas? El Concejo Nacional Electoral. ¿Qué pasa si la constituyente se convoca dentro de seis, ocho meses y pierdes la constituyente porque te cambiaron las circunscripciones electorales como lo hicieron para las elecciones parlamentarias y pierdes la constituyente? El primer decreto de la Asamblea Nacional Constituyente podría ser que queda removido de su cargo el ciudadano presidente de la república.

SEMANA: ¿Entonces cómo lograría la restructuración del Estado?

H.C.:
Frente a los conflictos siempre he privilegiado el acuerdo, la comunicación. Los poderes en Venezuela, ante una nueva realidad política del país, están llamados a leer esa nueva realidad política. Si pretenden sabotearla, lo que va a pasar es que la gente les pasa por encima. Contra el único poder que tú no puedes es contra el poder de la gente.

SEMANA: ¿Cómo ha sido la articulación con todas las fuerzas de la oposición que integran la Mesa de Unidad Nacional? ¿Y cómo va a hacer para gobernar bajo ese gran paraguas de la MUD?

H.C.:
Me ha tocado hacerlo como gobernador. No soy el gobernador de un partido político, soy el gobernador de todos. Creo en el trabajo en equipo. Nunca lo he visto, como un reparto del poder. Si tú militas en un partido y yo milito en otro partido, pero tú tienes unas cualidades, te estoy nombrando es por tus credenciales. Por eso, los factores tradicionales de la política hasta me atacan. Pero o se suman o el proceso los deja atrás. Terminan de desaparecer.

Esto para mí es el momento perfecto. Que el país pueda cerrar un ciclo y abrir otro que nos permita entrar en una década de mejoras, de avances. Venezuela está completamente estancada, y, en buena medida, tú ves la forma de hacer política de ahora y se parece mucho, quizás, en algunas cosas es peor de lo que había antes, en términos de cómo se maneja el poder.

SEMANA: ¿Hasta qué punto la oposición está proponiendo un modelo de país, de gobierno distinto a simplemente acabar con el chavismo y montarse nuevamente en el poder?

H.C.:
Primero, yo no tengo enemigos. Puedo tener adversarios, yo los tengo. Pero yo no veo al Gobierno, a la gente que milita en el partido del gobierno, como enemigos sino como competidores en un proceso. Porque no construyes nada sobre la base del odio, del reconcomio y de la venganza. Mi objetivo no es simplemente ganarle al actual gobierno y que haya un cambio de gobierno; mi objetivo es gobernar bien.

Lo que viene tiene que ser muy bueno y yo estoy en la búsqueda de que lo que venga sea muy bueno. Mi generación, desde que tiene uso de razón, ha escuchado la palabra crisis. Brasil ha tenido una década de oro en términos de reducción de pobreza, generación de empleo, en términos de crecimiento del país.

SEMANA: Entonces su modelo sería similar al brasileño.

H.C.:
Sería un modelo brasileño, absolutamente. Soy un seguidor de Lula. Me parece que Brasil ha tenido unos éxitos importantes a seguir.

SEMANA: ¿Y la Mesa de Unidad estaría de acuerdo en seguir un modelo con ese esquema?
H.C.:
La Mesa de la Unidad tiene un programa con líneas maestras en términos de lo que debe ser el nuevo gobierno, pero la MUD es un mecanismo de articulación de las distintas organizaciones políticas, pero con un fin, que es ganar un proceso electoral.

SEMANA: ¿A futuro no va a ser una unidad? Es decir, ¿sólo obedece a la necesidad de ir unidos por una coyuntura electoral?

H.C.:
Es una coyuntura, absolutamente. Ha sido un esfuerzo importante, hay que valorarlo, hay que reconocerlo, hay que apoyarlo. Pero la unidad no se circunscribe única y exclusivamente a la MUD en la que yo milito. La unidad en la que yo creo es la unidad de los venezolanos, de todo el país. Yo asumo la Presidencia y convoco a la unidad nacional, no la unidad de la MUD.

SEMANA: Si pierde las elecciones, ¿qué pasa?

H.C.:
Si el pueblo decide por otra opción, yo soy un demócrata. Para saber ganar hay que saber perder.

SEMANA: Pero hasta el momento va invicto.

H.C.:
En elecciones. Pero en la vida en general no siempre he ganado. La vida no solamente son las elecciones.

SEMANA: Pero ¿seguiría en política?

H.C.:
Me gusta ponerme objetivos y poner toda mi energía en alcanzarlos. Visualizar los triunfos, no las derrotas. Entonces yo no doy el paso para pensar que no vamos a lograr el objetivo. Cuando uno está en esto, la satisfacción es espiritual. Otros están por satisfacciones económicas, llegan a la política para enriquecerse. Yo, gracias a Dios, no soy una persona que tenga relación con lo material. Estudié, tengo mi casa y la satisfacción que a uno le deja esto es satisfacción espiritual. Es difícil de describir. Esas son las satisfacciones que da la política y no es el reconocimiento, la vanidad, la cuestión Narcisa. Si tú recorres Miranda, no vas a encontrar ni una sola valla con mi foto; esto no es un proyecto personal, es un proyecto de Estado, de instituciones, de dejar allí un camino construido.
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