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| 12/14/2010 12:00:00 AM

Escándalos de pederastia, el "annus horribilis" de Benedicto XVI

Este quinto año del Pontificado ha sido considerado por los analistas como el más delicado y difícil por los escándalos de pederastia.

Los escándalos de curas pederastas golpearon a la Iglesia católica en 2010, un "annus horribilis" para Benedicto XVI, que en su último libro, "Luz del mundo", reconoce que fue "un shock enorme" y que es "difícil de soportar" ver al sacerdocio "manchando de esa manera".

Este quinto año del Pontificado ha sido considerado por los analistas como el más delicado y difícil, ya que los casos de curas pederastas han puesto en la picota a las iglesias de Irlanda, EEUU, Alemania, Austria y Bélgica, entre otras, y han salpicado al mismo Papa.

Y es que Benedicto XVI ha sido acusado de haber "encubierto" a curas pederastas durante su etapa al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo que fue negado tajantemente por la Santa Sede, que denunció una "innoble campaña" para atacarle a "cualquier precio" y subrayó que es el Papa que más ha hecho contra la pederastia en la Iglesia.

Tras los centenares de casos en EEUU, que han arruinado a varias diócesis debido a las indemnizaciones millonarias que tuvieron que pagar, en los últimos meses se conocieron los demoledores informes "Ryan" y "Murphy", que desvelaron abusos sexuales durante décadas a centenares de niños irlandeses por parte de sacerdotes, sobre todo en la archidiócesis de Dublín entre 1975 y 2004.

Ante la situación creada, Benedicto XVI llamó al Vaticano a los obispos irlandeses, les exigió afrontar el problema con determinación y ordenó una inspección de las diócesis implicadas. Tras calificar los abusos de "crimen atroz", en una carta a los católicos irlandeses pidió perdón a las víctimas.

En medio del caso irlandés, se conoció que en los últimos treinta años unos 350 menores sufrieron abusos en Alemania, entre ellos en la escuela de elite de los jesuitas Canisius, en Berlín.

Como un reguero de pólvora, las denuncias se extendieron a Austria, Holanda e Italia, a la vez que el diario "The New York Times" acusaba a Benedicto XVI de encubrir a un sacerdote que abusó de 200 niños sordos en EEUU.

El diario alemán "Süddeutsche Zeitung" informó que en la década de los años 80, cuando era arzobispo de Múnich, autorizó a un sacerdote con antecedentes de pederastia a ejercer en la capital bávara.

Ante los incesantes ataques, el Vaticano cerró filas, asegurando que acusar al Papa de ocultación es "falso y calumnioso".

Mientras, colectivos de víctimas exigieron su dimisión y algunos intelectuales británicos pidieron incluso su detención.

El Papa Ratzinger contó en el libro "Luz del mundo" que en ningún momento pensó en dimitir, "ya que cuando el peligro es grande no se puede escapar".

Volvió a pedir perdón y se reunió durante sus viajes a Malta y Reino Unido con víctimas de abusos, a las que expresó "su vergüenza y pesar" y les aseguró que continuaría trabajando para llevar ante la justicia a los responsables de los abusos y para que no ocurran nunca más.

En Londres, admitió por primera vez que el Vaticano no fue suficientemente "vigilante, veloz y decisivo" a la hora de afrontar los abusos.

En Portugal, dijo que el "perdón no sustituye a la justicia" y que estos escándalos evidencian que la "mayor amenaza para la Iglesia no viene de enemigos externos, sino de su interior, de los pecados que existen en ella".

Asimismo, cesó a varios obispos en Irlanda, Alemania y Bélgica, revisó el Código de Derecho Canónico para endurecer las penas e introdujo el delito de posesión de pornografía infantil por el clero.

En este año, ordenó la limpieza de los Legionarios de Cristo, nombrando un comisario, tras comprobarse que su fundador, el cura mexicano Marcial Maciel (1920-2008), abusó sexualmente de seminaristas y tuvo hijos con varias mujeres.

Le definió un "falso profeta" y reconoció que el caso fue afrontado "con mucha lentitud" debido a que "estaba muy bien cubierto".

El Papa Ratzinger sorprendió a la opinión pública al justificar en "algunos casos" -en el libro "Luz del mundo"- el uso del preservativo, la primera vez que un Pontífice lo hace.

En el libro, asegura que si su salud le impidiera ejercer su ministerio no dudaría en renunciar al Papado, la primera vez que un Pontífice se expresa así públicamente.

En este año viajó a España, donde denunció el "fuerte enfrentamiento" entre fe y modernidad, que le recordaba, dijo, al "anticlericalismo y secularismo fuerte y agresivo" de la época de la II República.

Sus palabras desataron una oleada de críticas, especialmente por los partidos de izquierdas. El Gobierno evitó la polémica, aunque se mostró sorprendido por la comparación.
 
EFE
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