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| 9/13/2014 10:00:00 PM

¿Se divorciará Escocia del Reino Unido?

El referendo independentista pone en vilo la estructura política y económica del Reino Unido. El ‘Sí’ tendría repercusiones internacionales.

Después de 307 años, Escocia está más cerca que nunca de abandonar el barco del Reino Unido. Pero el proceso tiene dividido al país de las gaitas y los kilts. En las ventanas de Edimburgo y Glasgow banderines azules por el sí y rojos por el no, señalan que hasta las familias están divididas. Y entre tanto, en Londres el gobierno británico sufre ante la posibilidad de que el Reino Unido pierda su sacrosanto nombre.

Aunque los sueños de independencia de los escoceses no son nuevos, los recientes desarrollos políticos y económicos le hicieron pensar a Edimburgo en 2012 la posibilidad de divorciarse de Londres, mientras el gobierno de Downing Street no se tomó esa posibilidad en serio. Ahora, a una semana de la votación definitiva, el gobierno de Londres le ruega a Escocia no dar ese paso definitivo, irreversible y cargado de incertidumbre por sus implicaciones a nivel regional e internacional.

Al cierre de las campañas el Sí se convirtió en una posibilidad real. En efecto, hace un mes la ventaja del No era de 22 puntos. Sin embargo, el pasado fin de semana el Sí logró sobrepasarlo por dos puntos, aunque dos días después la BBC lanzó un sondeo con el No seis puntos por encima. Pero las opciones están abiertas para un movimiento independentista que, más allá de recordar al prócer William Wallace, gira alrededor de argumentos económicos y políticos de peso.

En lo económico

Los independentistas, encabezados por Alex Salmond, argumentan que Escocia entrega más riqueza al Reino Unido que la que recibe, y que si manejara libremente sus recursos, su sector de servicios y su sistema de impuestos podría ser uno de los países más ricos del mundo. En cambio, sus adversarios sostienen que Escocia no podría sostener por sí sola su liberal sistema de seguridad social, mucho más amplio y costoso que el del resto del Reino Unido.

Un punto clave es la reserva importante de petróleo y gas que yace bajo el mar del Norte, con cálculos que indican que su valor llegaría a 92.000 millones de dólares hacia 2018. Pero aún no es claro cómo se repartirían esos yacimientos, pues el Reino Unido reclamaría una justa parte tras años de explorar, construir y explotar esas plataformas off shore.

Otro tema que se discute es cuál moneda usarían los escoceses en caso de lograr su independencia. Los separatistas preferirían la fácil, una unión monetaria con el Reino Unido y Escocia para compartir la libra. Pero Londres ya rechazó esa posibilidad, pues vería comprometida su estructura monetaria. El plan B de Salmond es tomar la libra de manera unilateral, como por ejemplo hicieron Panamá y Ecuador con el dólar. Pero como dijo a SEMANA Michael Keting, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Aberdeen, la unión monetaria “limitaría la independencia y la soberanía porque las políticas monetarias serían decididas por el Banco de Inglaterra”. Además, los bancos escoceses anunciaron que emigrarían a Inglaterra si gana el Sí.

Otra opción para los escoceses sería crear una nueva divisa, pero para ello necesitarían consolidar un banco central. Y su última alternativa podría ser integrarse a la zona Euro, pero esto implicaría un largo proceso de adaptación a la política monetaria de Bruselas, para no hablar de las dificultades de entrar a la Unión Europea.

Aspectos políticos

Según dijo a SEMANA Ben Wellings, especialista en nacionalismos de la Monash University, “hay muchas razones por las cuales los escoceses podrían querer separarse del Reino Unido, pero la más firme es la posibilidad de fijar sus propias políticas”. Las diferencias entre Londres y Edimburgo en este aspecto tienen sus raíces en los tiempos de la primera ministra Margaret Thatcher, cuando introdujo un sistema de impuestos y reformas laborales que propició un resurgimiento de los movimientos independentistas. Desde entonces Escocia se ha inclinado más hacia la izquierda.

En 1997 el primer ministro Tony Blair, interesado en quitarle impulso a esa tendencia, propició un referendo para crear (“devolver”) un parlamento escocés y asegurar nuevos poderes autonómicos. Pero los escoceses no quedaron satisfechos y el Partido Nacional Escocés, (SNP por sus siglas en inglés), ganó mayor peso político y desde 2011 disfruta de una mayoría que le permitió liderar el proceso actual.

Los escoceses también resienten que el Reino Unido hubiera participado en la desastrosa invasión a Irak en 2003 y que ese país mantenga un armamento nuclear en sus costas. Según dijo a esta revista Ewen Cameron, profesor de historia de la Universidad de Edimburgo, “muchos electores escoceses sienten que el actual gobierno del Reino Unido no es aquel por el que votaron y que la independencia creará una situación donde siempre tendrán el gobierno por el que votan”.

Lo que se viene

Para muchos expertos el solo hecho de que se celebre un referendo sobre la independencia ya es un triunfo para Escocia. Aún si los escoceses votan por el No tendrán mayores poderes y la reestructuración del Reino Unido será inevitable. Como escribió en The Guardian el columnista Owen Jones, “Si la unión no existe dentro de diez años, la culpa sería de unas estructuras arruinadas”. Todo porque es muy probable que Gales e Irlanda del Norte aprovechen la oportunidad para exigir mayor autonomía.

Si el divorcio se confirmara este jueves, empezaría el difícil proceso de negociación para oficializar el rompimiento. El Reino Unido tendría que retirar la flota de submarinos que alberga el sistema nuclear con los misiles Trident, pero no tiene donde estacionarlos en condiciones de seguridad semejantes. Por otro lado, habría que determinar qué parte de la deuda nacional correspondería a Escocia, quién seguiría pagando las pensiones oficiales, y cuál sería el papel de la reina en todo ello.

Por otro lado, el ingreso de un eventual Estado escocés a la Unión Europea no está nada claro. Todavía se discute si podrá entrar directamente, pues se trata de un país que se separa de otro que ya es miembro, o si le toca hacer todo el proceso, donde se encontrará con las trabas de países como España o Bélgica que también tienen movimientos separatistas.

Si Escocia se independiza queda en entredicho la posición del Reino Unido como una potencia mundial. Su presencia en grupos como el G7 o el Consejo de Seguridad de la ONU podría tambalear ante la presión de países emergentes como Brasil e India.

Ambos resultados traerán cambios, pero sin duda estos serán más impactantes en caso de que gane el Sí. Alex Salmond ya anuncia que el día de independencia escocés será proclamado el 24 de marzo de 2016. Mientras tanto, varios escoceses indecisos aún meditan una decisión histórica . Allí se decidirá si Escocia se divorcia del todo o sigue a regañadientes con el Reino Unido que, pase lo que pase, ya nunca será el mismo.

Con un ojo en Escocia 

Varios países de Europa seguirán con atención lo que pase en el referendo independentista escocés.  El caso más conocido es el de España. Cataluña y el País Vasco que cuentan con una autonomía especial, y la primera ya convocó a un referéndum que Madrid considera inconstitucional. En Italia, las regiones de Padania y Veneto han pedido constantemente su independencia. En Francia, Bretaña y la isla de Córcega han buscado por varios medios separarse de París. En Bélgica, la región flamenca, donde domina el idioma holandés, se ha organizado un fuerte movimiento separatista con respecto a la parte valona de habla francesa de ese país. Por su parte, varios húngaros en Rumania reclaman como parte de su país la zona de Transilvania. El caso de Escocia surge en ese orden de ideas como un importante cuestionamiento a los Estados-nación en el contexto del nuevo orden mundial. 
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