Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1987/09/21 00:00

ESPECTACULARES HESS

El misterio acompañó al lugarteniente de Hitler hasta su tumba

ESPECTACULARES HESS

Con la muerte de Rudolf Hess, el pasado 17 de agosto, se cerró uno de los capítulos más misteriosos de la historia del presente siglo y tal vez el último de la conflagración mundial que azotó al planeta entre 1939 y 1945. El anciano de 93 años que fuera en su juventud uno de lo más cercanos lugartenientes de Adolfo Hitler, fue encontrado agonizante en una cabaña del jardín de la prisión de Spandau, con un cable eléctrico alrededor de su cuello. Trasladado inmediatamente al Hospital Militar británico, cuatro intentos para reanimarlo resultaron vanos. Rudolf Hess se había marchado para siempre, y con él, tal vez la respuesta a los más explosivos interrogantes sobre las circunstancias que rodearon la Segunda Guerra Mundial.
LA HISTORIA
Mayo 10 de 1941, el Messerschmit Me 110 con matrícula VJ-OQ de la Luftwaffe emprende su sigiloso vuelo desde la pista de Augsburg-Aunstetten, Alemania. Con rumbo oeste la nave logra pasar desapercibida del sofisticado sistema de radar nazi. Se trata, presumiblemente, de una misión secreta de gran importancia. La jerarquía del piloto en el Tercer Reich parece no dejar dudas. Sin embargo, el transcurso del tiempo demostraría que el piloto se embarcó en un viaje sin retorno. Hoy, 40 años después, la luz no se ha hecho aún sobre uno de los más grandes enigmas de la Segunda Guerra Mundial. Tal vez la verdad nunca se llegue a conocer: el piloto, su principal protagonista, ha muerto. ¿Su nombre? Rudolph Hess.
Todo parecía marchar bien a bordo del Messerschimitt. El avión sobrevolaba el cielo de Escocia y el destino final de la aeronave, las tierras del duque de Hamilton, ya se divisaba claramente. Repentinamente el avión fue atacado y el piloto saltó en paracaídas, sólo para ser tomado prisionero por las autoridades británicas. Se identificó primero con el nombre de Alfred Horn y luego reveló su verdadera identidad: Rudolph Hess, ministro del Tercer Reich y tercero en la sucesión del Fuhrer. ¿El objeto de su visita? Según él, "una misión de humanidad", lograr un acuerdo de paz entre Gran Bretaña y Alemania. Hess expuso ante las autoridades británicas su propuesta de paz. Pero al cabo de tres horas, los británicos quedaron convencidos de una sola cosa: Hess hablaba efectivamente de "su" propuesta pero no en nombre de Hitler.
Este último, al conocer los hechos declararía demente a Hess y borraría su nombre de los archivos. A partir de entonces, Rudolph Hess no volvería a gozar de libertad alguna. Fue trasladado hasta el final de la guerra a la Torre de Londres y luego, en el proceso de Nuremberg, sería condenado a cadena perpetua en la prisión de Spandau.
¿Estaba Rudolph Hess realmente loco? ¿O, era más bien víctima de una ingeniosa estrategia militar de Hitler? Todo parece indicar que fue más que todo víctima de su fidelidad y adoración al Fuhrer y de la causa del Nacional-Socialismo. Nada en su niñez predecía el rumbo que tomaría su vida. Nacido el 26 de abril de 1894, en Alejandría, Egipto; sus padres, comerciantes, le proporcionaion una educación cosmopolita que lo llevaría posteriormente a seguir estudios de finanzas. En la Primera Guerra Mundial se destacó por su heroísmo en la infantería, lo que le valió el rango de oficial. Sin embargo, la derrota de Alemania, y en especial el humillante trato que dicha nación recibió en el Armisticio de Versalles marcaron profundamente su pensamiento. A los 24 años ingresó a la Universidad de Munich en donde fue influenciado por Karl Haushofer cuyas teorías políticas y recalcitrante racismo fueron la base de la ideología de Hitler. En 1920, Hess escuchó a Hitler por primera vez y se unió al partido Nazi en el que su fanática devoción lo acercó muy pronto al líder, al punto de convertirse en su guardaespaldas y más cercano colaborador. Después del fallido "Beer-Hall putsch" el 28 de noviembre de 1923, en Munich, Hess viajó con Hitler a los Alpes Bávaros. Al ser encarcelados por las autoridades, Hitler dictaría a Hess el libro doctrinario Nazi, "Mein Kampf " (Mi Lucha). En 1932, Hitler nombró a Hess jefe de la Comisión Política Central del Partido Nazi. Un año más tarde, ya diputado, fue designado ministro sin cartera del Tercer Reich.
Hess, el hombre de confianza de Hitler, tenía ya poder de sancionar leyes y en 1935 lo demostró al firmar una serie de leyes antisemitas que despojaban a los judíos de sus derechos civiles. Para 1938, llegando al pináculo, Hess asumió nada menos que el encargo de ayudar al Fuhrer en la planeación de guerra.
RUMBO A INGLATERRA
En mayo de 1941, Hitler tenía prácticamente lista su estrategia para invadir a la Unión Soviética, un frente que presentaba una enorme dificultad, agravada por las hostiles condiciones climáticas de la región. Ante este análisis, la misión de Hess -de ser verdadera- cobraba especial valor ya que de lograrse la paz con Gran Bretaña, Hitler tendría sólo un frente que combatir. Lo que tal vez nunca se sabrá es si Hitler envió a Hess o si éste viajó sin contar con la aprobación del Fuhrer. La mayoría de los historiadores oficiales parecen coincidir en que Hess estaba loco y en que su viaje a Escocia no fue más que un acto de fanatismo. Sin embargo, existen voces que disienten, entre ellas la del hijo de Hess, Wolf Rudiger, quien sostiene que: "Hubiese sido imposible mantener secretos los preparativos de una expedición así y, sobre todo, que un hombre como mi padre hubiese tomado las riendas de una misión de tal envergadura política".
Puede ser que Hess y el Fuhrer hubiesen pactado la misión, como también puede ser que no. Lo único que si se puede concluír al respecto es que Hess nunca traicionó a su jefe y que aun en el proceso de Nuremberg fue fiel y no confesó nada. Fue en Nuremberg, el primero de octubre de 1946, donde los Aliados decidieron la suerte del lugarteniente de Hitler. No fue hallado culpable de crímenes de guerra, ni de crímenes contra la humanidad, pero si de conspiración, organización y conducción de guerras de agresión. Su vida le fue perdonada, pero sus días terminarían en cadena perpetua en la prisión de Spandau a donde entró el 17 de julio de 1947 acompañado por sólo 6 prisioneros más, quienes con el paso de los años fueron liberados, por cumplimiento de su condena o por enfermedad. A partir de septiembre de 1966, Hess se convirtió en el único prisionero de una cárcel de capacidad para 700 reclusos. Semejante absurdo era sólo comparable al hecho de que el prisionero, un anciano enfermo, era custodiado por fuerzas de cuatro países y su sostenimiento ascendía a mil dólares al año. Durante varios años se hicieron esfuerzos por liberarlo, pero simpre se encontraron con la férrea oposición de la comunidad judía, para quien Hess era uno de los autores intelectuales del holocausto. Pero la oposición efectiva que evitó la liberación de Hess fue la que ejerció siempre la Unión Soviética.
Quedan grandes interrogantes que solamente se podrán responder con el curso de la historia. Algunos afirman que la URSS siempre se opuso a la libertad de Hess, porque en el fondo siempre creyó en la realidad de su misión a Inglatera. Pero las únicas respuestas concretas posiblemente se obtengan en el año 2017, que es cuando se darán a conocer los folios secretos del Juicio de Nuremberg.
Durante su largo y solitario confinamiento, Hess trató de suicidarse en cuatro ocasiones. En esta, tuvo éxito al aprovechar unos cables dejados por personal de mantenimiento de la prisión. Pero ni la muerte de Hess escapa al misterio que rodeó toda su vida. Han aparecido versiones en el sentido de que no se suicidó, sino que le ayudaron a morir. Pero como si esto fuera poco, ya hay quien dice que el cadáver no corresponde al prisionero.
La prisión de Spandau será demolida, para evitar que se convierta en un santuario para los neonazis. Pero la memoria de su prisionero quedará siempre entre los estudiosos del convulsionado siglo XX.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.