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| 9/11/1989 12:00:00 AM

ESPIA EN LA CAMA

La mujer de Tito, acusada de trabajar para la K G.B.

La frase según la cual detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, no parece aplicarse en los países comunistas. Para los yugoslavos, detrás del gran Tito se movía una peligrosa espía soviética: su esposa Jovanka Broz. Según varios de los más veteranos líderes de la Liga Comunista de Yugoslavia, la señora Broz trabajó para la KGB por lo menos a partir de la década de los 50, y"durante años habría aprovechado su condición de primera dama para entregar valiosos documentos a la Policía secreta de la Unión Soviética", afirma el periódico juvenil Mladina, de Belgrado.
La viuda de Tito cayó en desgracia prácticamente desde el mismo momento en que murió el dirigente yugoslavo, en mayo de 1980.
A partir de ese momento, la viuda fue condenada a una de las más violentas persecuciones estatales. "Le han sido recortados todos los derechos fundamentales. No puede hacer viajes al exterior ni programar ningun paseo, a menos que sea con un acompañante oficial", escribía la revista ilustrada Osmiga.
Frente a las acusaciones de que es objeto la viuda, el círculo de veteranos dirigentes políticos y estrechos colaboradores de Tito, que bien podrían aclarar el asunto, ha guardado un sospechoso silencio.Según algunas fuentes occidentales,la actitud de "mutis por el foro" se debe a que son tan graves las acusaciones que cualquiera de ellos puede quedar enredado en el caso de espionaje.
El calvario que vive la Broz no ha sido, ni mucho menos, inferior al que soportó la viuda de Mao, después de su muerte en China. Vive en un edificio con goteras y en estado ruinoso, le censuran permanentemente el correo y tiene durante todo el tiempo un vigilante que no la pierde de vista "ni a sol ni a sombra", como dice ella en una de sus cartas. Lleva años solicitando que le concedan un pasaporte y hasta ahora no ha obtenido respuesta. Poco después de la muerte de Tito, el Parlamento había aprobado de urgencia una ley para regular la herencia del líder yugoslavo, pero el mismo gobierno ha tenido que reconocer que la pensión fijada a la viuda de Tito no correspondía a lo estipulado en las leyes vigentes. De acuerdo con las leyes de ese país, el único que puede definir cuáles son los objetos pertenecientes al patrimonio y cuáles no, es un tribunal. Sin embargo, el Tribunal Supremo, manejado por antiguos amigos de Tito, rechazó la demanda.
El problema para la viuda de Tito es que prácticamente no tiene ante quien quejarse porque, dadas las débiles estructuras federales que se mantienen en Yugoslavia, no existe en el país ninguna institución centralizada. La prensa yugoslava refleja esa situación. Lo que es censurado en una región, sale publicado en otra.
En todo este maremagnum de regiones, "estados independientes" y etnias, no se sabe exactamente cuál es la que ha lanzado la acusación de espía contra la viuda de Tito. Pero en lo que casi todas están de acuerdo es en el trato que se le ha dado por más de 9 años a la que fuera la esposa del líder comunista que se atrevió a disentir de Stalin y que logró impulsar una versión comunista que bien podría ser inspiradora de la perestroika soviética. Hoy su viuda es objeto de una persecución por parte de una casta política que se ha convertido en el principal enemigo de cualquier avance democrático. Un observador occidental afirma que la acusación de espionaje no es más que un pretexto para acabar con todo lo que tenía que ver con Tito, porque hoy Yugoslavia tiene una política exactamente contraria a la del fundador del Movimiento de los No Alineados. Y cualquier símbolo titoísta puede resultar peligroso para los actuales dueños del balón.


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