Martes, 16 de septiembre de 2014

| 2013/06/22 02:00

Esta es la historia de un canal imposible

Nicaragua ha anunciado sus intenciones de construir una nueva vía interoceánica. Pero el asunto tiene sus bemoles.

Esta es la historia de un canal imposible Foto: Gabriel Peña

El presidente Daniel Ortega lanzó una bomba noticiosa la semana pasada al confirmar que su país está avanzando hacia el sueño, largamente aplazado, de tener su propio canal entre el Atlántico y el Pacífico. No le vendría nada mal a Nicaragua, el país más pobre de Iberoamérica, que se mira en el espejo de la prosperidad de Panamá, cuya exitosa economía se alimenta del producido de su centenaria vía acuática.


Pero al tema le han salido muchos cuestionamientos, como las dificultades técnicas para su construcción, las dudas sobre la empresa china escogida para acometer la monumental obra, los temas ambientales e incluso la propia sismicidad del territorio que atravesaría el canal, que precisamente la semana pasada fue afectado por un temblor muy fuerte que se sintió hasta en Managua.  


Crónica de un sueño fracasado

Ya en la Colonia se pensó aprovechar los lagos y ríos de Nicaragua para unir los dos océanos, pero solo desde el siglo XIX se elaboraron proyectos concretos, siempre impulsados por Estados Unidos, que buscaba unir sus dos costas por vía marítima. En menos de un siglo, Washington intentó hacer el canal cinco veces, pero siempre fracasó por problemas políticos, bancarrotas, indecisiones y solo quedaron un arrume de planos, comisiones pomposas y grupos de estudios que de nada sirvieron. 


En 1902, cuando Colombia contrató la construcción del canal por Panamá con el ingeniero francés Ferdinand de Lesseps, Washington se debatía entre comprar la obra o construir un camino propio por Nicaragua. La discusión se zanjó por culpa de una estampilla nicaragüense con el volcán Momotombo en el fondo. Los cabilderos franceses advirtieron que era una locura invertir en una zona sísmica y volcánica. Washington escogió a Panamá y Nicaragua perdió el principal impulsor de su canal. 


A qué precio…

Mientras la aplanadora sandinista en la Asamblea Nacional aprobaba el proyecto de ley en tiempo récord, cientos de personas gritaban afuera del Congreso “Ortega vende patria”. Precisamente el punto más controvertido en el tsunami que ha desatado la decisión es el que tiene que ver con “entregarle la soberanía” a una compañía extranjera sin experiencia y muy cuestionada. Las demás críticas van por el lado de las comunidades indígenas del Caribe que se verán afectadas y también por el impacto ambiental, pues atravesaría el gran lago de Nicaragua, que es la principal reserva de agua dulce del país.


Un constructor oscuro

Uno de los aspectos más controvertidos es que el gobierno de Daniel Ortega le otorgó una concesión de 50 años, prorrogables por el doble, a la empresa china HK Nicaragua Canal Development Investment. Su dueño, el empresario Wang Jing, llegó al país en 2012 con su empresa de telecomunicaciones de la mano de Laureano Ortega, hijo del presidente. 


Pocos meses después concertaron el monumental negocio y las suspicacias no se hicieron esperar, pues la empresa de Wang nunca ha realizado obras de esta envergadura, fue constituida hace menos de un año y ni siquiera tiene oficina. Pero con todo y eso Wang no solo construirá un canal, sino un oleoducto, dos puertos, un ferrocarril y zonas de libre comercio. La oposición critica además que no se haya hecho un concurso antes de otorgar la megaobra.


‘I took Panamá’

Otra pregunta es si el canal competiría eficientemente con el de Panamá. Hasta ahora este ha sido un negocio redondo, que solo en 2011 le dejó 2.318 millones de dólares al país centroamericano. Pero la vía panameña, que cumple 100 años en 2014 y por la que circula el 5 por ciento del comercio mundial, está saturada y se quedó corta para los megabuques de última generación. 


Las autoridades del istmo están ampliando su canal, y los nicaragüenses tendrán que dotar al suyo de especificaciones futuristas, lo que no parece muy factible dado el presupuesto de 40.000 millones de dólares. Además el trayecto por Nicaragua (280 kilómetros) es tres veces más largo que por Panamá (77 kilómetros). Pero hay quienes señalan que los dos son complementarios y que habría suficiente tráfico para ambos. 


¿Todos los caminos llevan a Beijing?

Para enredar las cosas, China no tiene relaciones diplomáticas con Nicaragua pues este es uno los últimos países que siguen reconociendo a Taiwán. Por eso, el gobierno de Beijing ha dicho que no avala la negociación con la empresa de Wang, con la que niega tener vínculo alguno. Eso resulta muy llamativo si se tiene en cuenta que el Estado participa prácticamente en toda la economía china. Eso no quiere decir que el coloso asiático no tenga interés en un canal nicaragüense. 


El comercio entre América Latina y el Imperio del Centro tuvo un incremento anual superior al 30 por ciento durante la última década, la región es uno de sus grandes proveedores de materias primas y manejaría zonas francas, puertos de aguas profundas y el tránsito de mercancías en el corazón de América. Además, en el ajedrez geopolítico, China también movería sus fichas en países que eran considerados hasta hace poco como el patio trasero de Washington. 

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