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| 3/26/2016 12:00:00 AM

Estado islámico pierde terreno pero gana en terror

Mientras en Europa crece la amenaza terrorista, el poder de Estado Islámico disminuye en Siria e Irak.

La entrada de lo que fuera la sede de gobierno del pueblo de Al Hawl ha quedado pintada con una gran bandera negra que representa a quienes se denominan Estado Islámico (EI), también conocidos como Isis o Daesh, el acrónimo peyorativo por el que extensamente se les conoce en el mundo árabe. Durante meses, en esa edificación operó la corte islámica donde se decidía si una persona moría por incumplir las normas estrictas que rigen en el llamado califato o debía pasar días en las celdas de barrotes de acero que crearon en las glorietas a la entrada de cada pueblo. Allí pasaban largos días aquellos que cogían fumando o bebiendo alcohol.

A lo largo de la principal avenida de esta población del noreste de Siria, que fue retomada del control de EI el pasado noviembre, van apareciendo otros rastros de la vida bajo su doctrina: carteles donde se ve a una mujer totalmente cubierta con el velo negro como advertencia de las reglas del vestir, casetas en las que se distribuían videos y música alusivos a esta agrupación y una antigua bodega de almacenamiento de combustible que EI convirtió en fábrica de carros bomba y chalecos explosivos.

En las bodegas todavía quedan rastros de las bolsas de materiales usados para los petardos y diferentes piezas que luego serían ensambladas en vehículos bomba, el arma más efectiva de Estado Islámico en los territorios donde su poder es amenazado. Esta organización terrorista deja sembrados con bombas todos los pueblos de los que se retira y continúa su amenaza en las regiones que pierde a través de explosiones permanentes.

También en las proximidades de estas bodegas, exactamente una explanada de tierra seca dominada por una colina, las niñas y jóvenes yazidíes eran expuestas como mercancía para que los emires de EI y el resto de los combatientes las eligieran. Quedan como recuerdo las celdas subterráneas donde guardaban a los presos, o presas, y la casa donde dormían cientos de esta niñas capturadas durante la avanzada en las regiones del monte Shingal –hoy retomado del poder de estos terroristas–, donde históricamente han habitado los practicantes del yazidismo, una religión milenaria considerada como hereje por los yihadistas. Se calcula que más de 15.000 mujeres yazidíes fueron capturadas, vendidas y usadas como esclavas sexuales por esta organización. Muchas de ellas siguen en su poder.

Al Hawl, si bien era un punto estratégico para Estado Islámico, es solo uno de tantos pueblos retomados de sus manos en los últimos meses en el noreste de Siria. Tanto a lo largo de la frontera con Turquía, entre los ríos Tigris y Éufrates, como hacia el sur hasta casi bordear los límites de Al Raqa (la capital del autoproclamado califato), decenas de poblaciones han sido capturadas por las Fuerzas Democráticas de Siria (SDF por su sigla en inglés), conformadas por fuerzas kurdas en conjunto con algunas agrupaciones árabes.

Según el portavoz del Ejército estadounidense, Steve Warren, desde finales de 2014 EI ha perdido el 40 por ciento de su territorio en Irak y alrededor del 20 por ciento en Siria. También se calcula que cerca de 25.000 combatientes de esta organización han perdido la vida. “EI está escogiendo dónde pelear: en Siria”, asegura Jennifer Cafarella del Instituto de Estudios de la Guerra, que dice que en el país del Levante están priorizando su lucha para aprovechar recursos. La pérdida del paso fronterizo con Turquía de Tal Abyad en octubre de 2015, que era uno de los puntos estratégicos para la logística de EI, tuvo consecuencias negativas en la capacidad de operación de esta organización. Esto lo habría llevado a sacrificar los sectores del noreste de Siria, en los que se disputan territorios con las fuerzas kurdas, para concentrarse en su avance hacía el occidente. Es decir, hacia territorios de mayoría sunita dominados por las fuerzas del régimen sirio. Esto incluye zonas aledañas de la población de Homs y la región de Palmira que tiene en su poder hace más de un año. Actualmente, el Ejército sirio, con ayuda de los rusos, libran grandes batallas contra EI en esta región.

“Hemos visto un impacto financiero negativo en Estado Islámico como consecuencia del control del paso fronterizo de Tal Abyad, sumado a la reciente intensificación de los ataques aéreos en contra de la capacidad de producción de petróleo”, asegura Columb Strack, analista sénior de IHS en Londres.

En las montañas cercanas a la ciudad de Tikrit, donde nació el exdictador Sadam Huseín, quedan como recuerdo las tuberías donde los carrotanques de EI cargaban gasolina que luego venderían en el apetecido mercado negro. Gracias a explotaciones como estas, EI llegó a ser considerada la organización terrorista más rica del mundo. Pero la situación ha cambiado. Los ataques aéreos de la coalición contra diferentes explotaciones de petróleo –y también contra las caravanas de carrotanques– han disminuido su capacidad de maniobra. A esto se suma la caída del precio del petróleo y la sobreoferta, que también tiene repercusiones para el grupo.

“Otras pérdidas sustanciales de EI incluyen Tikrit, la refinería de Baiji, que estuvo en disputa por largos meses, a lo cual hay que añadir el asedio constante que sufren sus fuerzas en la principal entre Al Raqa y Mosul, que complica la transferencia de productos y combatientes entre las dos ciudades más grandes controladas por ese grupo”, aseguraba Strack. Según documentos publicados por otro experto en EI, el analista Jawad Al Tamimi, los problemas económicos de esta organización habrían repercutido en los salarios de sus integrantes, que fueron reducidos a la mitad, y en el aumento de impuestos en la población que vive bajo su control.

Y es que mientras las bombas que explotaron en Bruselas tienen aterrorizada a Europa, el poder de Estado Islámico en Oriente Medio está menguando. “Han perdido la mitad del territorio que obtuvieron en 2014”, aseguraba el primer ministro de Irak, Haider Al Abadi, en una reunión en Alemania en febrero pasado. En junio de 2014, EI se apoderó de la tercera parte de Irak, exactamente de los territorios donde los sunitas son mayoría. Actualmente, la última gran ciudad iraquí que queda en su poder es Mosul, cuya retoma será una de las batallas decisivas en la lucha contra esta organización.

Estas pérdidas territoriales, coinciden algunos analistas, parecen haber creado gran nerviosismo dentro de las cúpulas de mando de la estructura terrorista. Meses atrás, varios combatientes fueron quemados vivos tras escapar de la ciudad de Ramadi, que hasta entonces era uno de los últimos grandes enclaves de EI en Irak. Este comportamiento, que se había repetido en otras oportunidades, se ha interpretado como una advertencia para los combatientes. En la región de Al Hawl se calcula que murieron 150 hombres de EI, muchos atacados por los aviones de la coalición liderada por Estados Unidos cuando intentaban huir. Algunos cuerpos todavía se veían en las planicies de esta región incluso días después de que las SDF los retomaran. Estados Unidos calcula que 25.000 combatientes han muerto desde que comenzó la campaña área de la coalición. Esto incluye al sirio Hassan Abood y a Tarkhan Batirashvili, más conocido como Omar el Checheno, quienes eran dos de los más importantes jefes militares de la organización.

Pero la pérdida de terreno en estas regiones no significa de ningún modo la desaparición de EI. Ni la disminución de su peligro. El sentimiento de debilidad en Siria e Irak es contrarrestado con ataques en Europa y en el África subsahariana. Para completar, su presencia en Libia, Afganistán y Yemen es cada vez más preocupante para los observadores internacionales. En los últimos meses se han detectado movimientos de combatientes desde Siria hacía poblaciones como Sirte, en Libia.

Si bien la expulsión de pueblos estratégicos para Estado Islámico, como lo fue en su momento Al Hawl, es un gran paso en la victoria contra esta organización, la lucha va mucho más allá de quitarles el territorio que dominan en Siria e Irak. La lucha es ideológica. Por eso, algunos analistas creen que está optando por estrategias parecidas a las de Al Qaeda y se expande como una red internacional de terrorismo.

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