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| 7/8/1996 12:00:00 AM

ESTADOS UNIDOS VS. AMERICA

LA HISTORICA CONDENA DE LA OEA AL INTERVENCIONISMO DE LA LEY HELMS-BURTON ES EL ULTIMO ESLABON DE UNA LARGA CADENA DE RECHAZOS INTERNACIONALES.

Desde comienzos de los años 60, cuando Cuba fue excluida de la Organización de Estados Americanos, el gobierno de la isla había considerado a ese organismo multilateral como un títere de los intereses estadounidenses, una caja de resonancia de sus designios en el continente. La semana pasada ese mismo foro dio un viraje histórico al aprobar por primera vez una resolución abiertamente contraria a la voluntad del gobierno de Estados Unidos. La Asamblea anual de la Organización decidió, el martes en Panamá, cuestionar la ley estadounidense Helms-Burton, un instrumento jurídico sancionado en marzo por el presidente Bill Clinton para hacer más severo el bloqueo impuesto desde 1961 por Estados Unidos a la mayor de las Antillas. Casi para su sorpresa, ese día Cuba se anotó una significativa victoria diplomática en su larga pugna por su autodeterminación política. La ley Helms-Burton tiene varios aspectos que explican la reacción que ha provocado. Como primera medida, hace permanente el bloqueo contra Cuba, que hasta ahora dependía de una resolución presidencial renovable año por año. Por otro lado, otorga a los ciudadanos estadounidenses o a los cubanos nacionalizados desde 1959 el derecho de demandar a empresas o personas que 'trafiquen' con propiedades confiscadas por el gobierno comunista. En una provisión destinada específicamente a Rusia y a los países que conformaron la antigua Unión Soviética, obliga al presidente a retener la ayuda a los gobiernos que contribuyan a la conclusión de una central nuclear paralizada desde 1990, o que sigan manteniendo una estación de radioescucha en cercanías de La Habana, lo que es un eufemismo, porque el único país que tiene esa instalación es Rusia. Y en la provisión que más ha causado escozor, niega la visa de entrada a Estados Unidos a dueños y ejecutivos de empresas internacionales que tengan inversiones en Cuba, así como a sus familiares. Aunque sin duda se trata de un éxito para la isla, lo paradójico es que el rechazo de la OEA contra esa ley estadounidense no se dirigió tanto a defender al gobierno de Fidel Castro, como al concepto tradicional de soberanía estatal y a la libertad internacional del comercio, sobre la base de que una ley interna no puede tener efectos extraterritoriales. En ese sentido la resolución del organismo, que pide a su Comité Jurídico Interamericano un estudio sobre la validez de la norma, no fue más que el último de una larga serie de rechazos de muchos países contra los efectos extraterritoriales de esa legislación. En efecto, en las últimas semanas, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Yevgueni Primakov, de visita en La Habana, dijo que "las relaciones comerciales entre Rusia y Cuba sólo le competen a ambas partes y se reglamentarán de acuerdo con sus intereses", y una semana más tarde Dmitri Tabashnik, representante del gobierno ucraniano, hizo similar declaración en la capital cubana. Los mayores socios de Estados Unidos en el continente, México y Canadá, no se quedaron atrás y anunciaron que consideran la puesta en marcha de 'leyes espejo' que, por ejemplo, prohíban a sus propias empresas cumplir la Helms-Burton, o exijan visa a quienes se acojan a esa norma para demandar a empresas mexicanas o canadienses. Una delegación parlamentaria china, así como un alto funcionario vietnamita pusieron en claro de visita en Cuba que no dejarían de hacer negocios con ese país. Gran Bretaña, importante socio comercial de Estados Unidos, planteó su rechazo ante la Unión Europea, y ésta ya aceptó adelantar consultas sobre la Ley con la Organización Mundial del Comercio. Pero es claro que Estados Unidos no esperaba que a ese coro de reacciones se sumara con tal unanimidad el foro interamericano, que hasta entonces había sido su organismo de bolsillo, y la violenta reacción verbal de su representante, Harriet Babbit, lo evidencia. La señora, apartándose de la usual cortesía diplomática, llamó cobardes a los demás asistentes y llegó hasta a acusar a la OEA de intervención en los asuntos internos de su país, lo que puso de moda en el continente la expresión "miren quién habla". La resolución de la OEA es trascendental no sólo porque ese organismo adquirió por primera vez carácter de verdadero foro multilateral, sino porque el tema de la aplicación extraterritorial y unilateral de la ley norteamericana ha sido, en el fondo, la esencia de las relaciones de Estados Unidos con su 'patio de atrás'. Lo cierto es que, detrás de la defensa de los intereses cubanos, todos los países del área temen que por ese camino, algún día, les toque su dosis de intervención estadounidense. En ese orden de ideas, el caso colombiano es particularmente sensible en relación con el narcotráfico. En efecto, la ley contra Cuba se basa en la consideración unilateral y subjetiva de que las confiscaciones hechas en nombre de la revolución son ilegales y de que el pueblo cubano quiere otro tipo de gobierno. En el caso colombiano, Estados Unidos podría intervenir contra una actividad evidentemente ilegal, como es el narcotráfico, pero dentro de su propia y particular interpretación de los hechos. Por ejemplo, bloqueando al país con el pretexto de que sus autoridades no están lo suficientemente comprometidas con la lucha, o prohibiendo la entrada a Estados Unidos por simples e incontrovertibles sospechas de que el afectado esté conectado de alguna forma con el comercio ilícito. Por supuesto, la derrota estadounidense no significa que ese país no aplique la ley Helms-Burton, pero sí puede significar el comienzo de una nueva actitud de dignidad en el continente americano. El gobierno de Washington sabía que esa reacción se iba a producir, y por eso se había negado a sancionar la ley hasta que el incidente de las avionetas cubano-norteamericanas derribadas en aguas de Cuba obligó a Clinton a hacerlo para mostrar su lado beligerante. Hoy, en la Casa Blanca, algún asesor del presidente debe estar diciéndole: "Yo se lo advertí". En Panamá la OEA se inauguró como verdadero foro multilateral interamericano n Todos los países temen que, por un camino semejante a la ley Helms-Burton, les toque su dosis de intervención gringa
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