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| 7/4/2004 12:00:00 AM

"Esto es una farsa"

La actitud desafiante del ex dictador Saddam Hussein ante el tribunal iraquí que lo juzgará augura una dura polémica sobre este juicio histórico.

Cuando las primeras imágenes del juicio de Saddam Hussein fueron transmitidas por la cadena CNN no había sonido y algunos comentaristas alcanzaron a decir que el líder se veía dócil y disminuido. Hussein, que de presidente lucía trajes italianos oscuros, ahora vestía un blazer de paño barato que el ejército estadounidense le había prestado para la ocasión. Estaba aún más flaco y ojeroso que en su última aparición frente a las cámaras en diciembre pasado, cuando las tropas estadounidenses lo sacaron del hueco donde se escondía cerca de Tikrit. Su barba ya no era un nido enmarañado, pero estaba más gris que nunca.

Al principio de la audiencia el ex dictador miraba al jurado y a los asistentes confundido, mientras se rascaba la cabeza. Sus ojos no enfocaban del todo y no reaccionó cuando el juez le preguntó su nombre.

Pero minutos más tarde los censores norteamericanos permitieron la transmisión de las palabras del reo. "¿Es usted Saddam Hussein?", le preguntó el juez. La docilidad de Hussein desapareció. "Soy Saddam Hussein, el presidente de Irak", corrigió.

Entonces empezó a cuestionar con bastante desdén la autoridad del tribunal que lo estaba juzgando. Le preguntó al juez bajo qué ley había sido nombrado. Éste contestó que el tribunal había sido constituido por las autoridades de la coalición. "¿Representa usted a la coalición?", preguntó Hussein. "No, represento al pueblo iraquí".

El juez comenzó a leer las acusaciones. Hussein sacó un papel amarillo en el que tomó nota de los siete cargos. Se trata, entre otros, del genocidio de kurdos en Halabja; de invadir Kuwait en 1991; de asesinar a varios jefes de partidos políticos, a líderes religiosos y políticos y de reprimir en forma sangrienta la rebelión de los kurdos y los chiitas en 1991 en el norte y sur de Irak.

Cuando el magistrado mencionó la invasión a Kuwait, Hussein perdió los estribos: "Cómo puede usted, un iraquí, hablar de la invasión de Kuwait cuando todo el mundo sabe que Kuwait es parte de Irak", dijo al juez mientras le señalaba con el dedo índice. "Yo estaba protegiendo al pueblo iraquí de los perros kuwaitíes que querían convertir a nuestras mujeres en prostitutas de 10 dinares". Ante esto, el juez tuvo que pedirle que bajara el tono de los insultos.

Al final Hussein dijo que de ser ciertos, esos delitos habían ocurrido cuando era presidente reconocido de su país y que por lo tanto debía estar amparado por las garantías constitucionales de su cargo. En el momento más memorable del intercambio de 26 minutos miró a los periodistas extranjeros para declarar con sorna: "Esto es puro teatro para servir a la reelección de Bush, el verdadero criminal". Para rematar su faena Hussein se negó a firmar los papeles de la audiencia porque sus abogados no estaban presentes.

El juicio del siglo

El juicio de Hussein y otros 11 altos mandos de su gobierno no comenzará antes de final de año. Para Washington y el nuevo gobierno iraquí es una oportunidad de mostrar la evolución de Irak como Estado independiente donde por primera vez se respeta el derecho. También esperan que el juicio tenga un efecto positivo en cuanto a la imagen en el mundo árabe. "Esta es una buena oportunidad de demostrar en la región la importancia del imperio de la ley y no de la ley de la jungla", dijo a SEMANA James Cooper, de la Universidad de California. El presidente George W. Bush elogió el proceso y aseguró que Hussein tendría el juicio justo que les había negado a tantos iraquíes. Tras la audiencia Salem Chalabi, del Tribunal Especial, aseguró:"Esto demuestra que el rendimiento de cuentas ha comenzado. Por mucho tiempo la gente no creía que esto fuera posible, pero sucedió. Se rompió una barrera sicológica".

No obstante, otros observadores ven en el Tribunal Especial indicios de la total falta de independencia de Irak frente a Estados Unidos. Hussein no deliraba cuando le preguntó al juez si el tribunal respondía a la

coalición. En efecto, aunque hubo traslado de poder, la corte especial que se encargará de juzgar a Hussein fue creada por el ahora difunto consejo interino iraquí, es decir, por las fuerzas de ocupación. Además, aunque los jueces elegidos son iraquíes, los asisten asesores internacionales, en su mayoría estadounidenses. Para completar, el gobierno de transición aún no es completamente autónomo. No fue el resultado de una elección democrática, y aún no goza de reconocimiento popular.

Por estas razones varios expertos piensan que para juzgar a Hussein hubiera sido más legítimo un tribunal internacional parecido al que está juzgando al ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic en La Haya por su responsabilidad en la guerra que desmembró a su país. Pero lo cierto es que Estados Unidos, que nunca ha querido ratificar la Corte Penal Internacional, siempre se ha opuesto a este tipo de tribunales. Además, Bush sostuvo desde que Hussein fue capturado que merecía "el máximo castigo", y la pena de muerte no es aceptada por la comunidad internacional.

El problema más grave que enfrenta el Tribunal Especial tiene que ver justamente con la posibilidad de que Hussein sea condenado a la pena capital, que existía en Irak antes de la ocupación. En Irak muchas víctimas de su régimen represivo quieren que el dictador sea ejecutado lo más rápido posible. No obstante, la comunidad internacional quiere asegurarse de que tenga un juicio justo y acorde con el derecho. "El juicio va a ser criticado en cualquier caso. Si lo condenan por crímenes masivos contra la humanidad y no obtiene la pena de muerte, mucha gente en Irak va a estar decepcionada. Pero si le dan la pena de muerte mucha gente, en especial en Europa, se va a escandalizar", explicó a SEMANA Bartman Brown, experto en derecho comparado internacional de la Universidad de Chicago.

De momento, la breve aparición de Hussein ante el tribunal ha tenido un resultado ambivalente. Algunos ciudadanos iraquíes se alegraron de ver al ex dictador humillado y otros se mostraron indignados. Para muchos, el espectáculo del juicio no opaca problemas más urgentes como la falta de seguridad y el desmembramiento de la sociedad de la posguerra. Por su parte, los abogados contratados para la defensa de Hussein se quejaban de la total falta de comunicación en que mantenían a su cliente, de hecho dijeron que aún no habían podido hablar con él. La estrategia de la defensa será hacer coro de los cuestionamientos a la legalidad de un tribunal producto de una invasión ilegal no autorizada por la ONU.

En todo caso, después de la debacle de terrorismo en que terminó la ocupación de Irak; del escándalo por las torturas a prisioneros iraquíes; de que la comisión que investiga el 11 de septiembre concluyó que

Hussein no tuvo nada que ver con los atentados; después de que el Pentágono reconoció el error de inteligencia que lo llevó a pensar que Irak poseía armas de destrucción masiva, y después del revés que significó el fallo de la Corte Suprema que obliga a darles garantías procesales a los prisioneros de Guantánamo, el juicio a Hussein es la única carta que le queda por mostrar a Washington para justificar su guerra. Pero la audiencia previa no augura que vaya a ser un as.
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