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| 12/15/2011 12:00:00 AM

"Esto no va a convertirse en una sociedad sana en el futuro"

Ella Curtis, tiene 25 años, estudió literatura y vive en Londres. Practica el taoísmo y ha realizado proyectos como directora de cine independiente. Así fue cómo se convirtió en una manifestante.

Semana: ¿En qué momento se unió al movimiento y cuál ha sido su rol?
Ella Curtis:
El primer día fue el 15 de octubre de 2011. He desempeñado distintos papeles: ayude en talleres, actos, enlace con la prensa,...No creo que nadie haya tenido un único papel.
 
Semana: ¿Qué la impulsó a manifestarse?
E.L.:
Me involucré porque ya era hora de explorar los límites de la dedicación colectiva, del cambio social, económico y político. Estaba emocionada ante la perspectiva de algo que tuviera más espacio para el desarrollo y que no fuera la marcha de un solo día que fuera del punto ‘A’ al ‘B’.

También me motivo la situación insostenible y los alcances internacionales de la injusticia económica y social. Unos ejemplos: el Euro se estrella, se agota el medio ambiente, la economía se rompe y los niveles de la desigualdad creciente son imparables.
 
Semana: Y ¿de los otros movimientos que había en el mundo?
E.C.:
Yo diría que la primavera árabe fue increíblemente inspiradora, sobre todo Egipto, creo que si fuésemos sabios aprenderíamos de las luchas que hay en contra del sistema. También fue muy emocionante ver a Estados Unidos despertarse después de estar adormilados durante una década. Se despertaron y ocuparon Wall Street.
 
Semana: A nivel personal, ¿cuál fue el motivo de su indignación?
E.C.:
Después de terminar mi carrera pasé dos años de trabajo en trabajo, tratando desesperadamente de conseguir un empleo que satisfaga mis habilidades y no lo encontré. Durante seis meses estuve desempleada y viví de los beneficios estatales porque simplemente no pude encontrar ningún trabajo. Yo no tenía una casa y estaba viviendo con 50 libras por semana, en una ciudad donde un viaje en tren puede llegar a costar 4 libras. La mitad de mi paga semanal se me iba en viajes. La idea de ser dueña de mi propia casa parece cerca de la fantasía. Esos son motivos suficientes.

Semana: ¿Cómo ha afectado la crisis su vida personal?
E.C.:
Estoy viendo cantidades crecientes de vida desperdiciada, por la frustración, la pobreza y la depresión. Esto no va a convertirse en una sociedad sana en el futuro.
 
Semana: Cada país tiene sus problemas propios y esa fue la pólvora que encendió las protestas en cada uno de los lugares, pero ¿qué hizo que la protesta se volviera global?
E.C.:
Los techos sobre nuestras cabezas, el agua que sale del grifo, los medios de comunicación, la cultura, la comida en nuestras barrigas…todo tiene un precio. Y eso se determina y se negocia a nivel nacional e internacional. En cierto modo el valor de nuestras vidas se pesa y se negocian.

Esta injusticia económica facilita la injusticia política y social, la disparidad entre quienes tienen el poder y los que no. Lo que pasó es que la gente pudo ver eso.
 
Semana: ¿Son útiles este tipo de movimientos?
E.C.:
Por supuesto, para la historia es esencial aprender y progresar sin repetir los errores.

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