Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/01/16 22:00

Los misteriosos ataques sexuales en Europa

Los ataques sexuales contra decenas de mujeres en Europa refuerzan las posiciones xenófobas y ponen en el ojo del huracán a los refugiados.

Tras las agresiones de la San Silvestre, miles de alemanes se volcaron a las calles con pancartas contra los “rape-fugees”, es decir los 'refugiados violadores'. Foto: A.P.

El domingo, un grupo de 20 personas atacó a seis pakistaníes y a un sirio cerca de la estación de Colonia, por lo que dos de ellos tuvieron que ser internados en un hospital. El lunes, el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, dijo que haría todo lo posible por evitar que los musulmanes entraran a su país. El martes, un grupo de 2.000 militantes de extrema derecha vandalizó e incendió varios edificios en el centro de Leipzig. A su vez, un gobierno regional italiano aprobó un texto que prohíbe la construcción de mezquitas. Al otro día, avanzó en el Parlamento de Dinamarca un proyecto de ley según el cual los refugiados tendrán que entregarle sus objetos de valor al Estado. Y, en Finlandia, durante toda la semana las autoridades han estado en alerta por los patrullajes de los Soldados de Odín, una milicia civil que dice proteger a sus mujeres.

Todo comenzó por el taharrush, la palabra árabe que describe la violencia sexual ejercida por un grupo de hombres contra una o varias mujeres en medio de congregaciones multitudinarias. Aunque el término saltó a los titulares de prensa durante la revolución egipcia de 2011, cuando varias periodistas fueron acosadas en la plaza Tahrir de El Cairo, este 31 de diciembre cobró actualidad en Europa. Esa noche, cerca de 1.000 hombres de apariencia “árabe o norteafricana” –entre ellos algunos refugiados– acosaron sexualmente y robaron a más de 600 mujeres y turistas durante las celebraciones de Año Nuevo frente a la catedral de Colonia.

La reacción de las autoridades y de los medios de comunicación –que minimizaron los hechos y solo informaron sobre la tragedia cuando ya era un escándalo nacional– atizaron la indignación y les dieron un inesperado impulso a los grupos xenófobos y antiinmigrantes, que reaccionaron con vehemencia. “Señora Merkel, ¿es ahora Alemania lo suficientemente ‘colorida y cosmopolita’ para usted?”, trinó con ironía Frauke Petry, la portavoz del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AFD, por su sigla en alemán). Con el paso de los días, la crisis aumentó con informes según los cuales lo mismo había pasado –aunque en menor escala– en otras ciudades de ese país, al igual que en Finlandia, Austria, Suiza y Suecia, donde, además, trascendió que la Policía había ocultado que en 2014 y en 2015 se habían registrado hechos similares en un festival de verano. En menos de una semana, el Viejo Continente se convirtió en un lugar mucho más hostil para los refugiados que en 2015.

Este hecho cobra especial relevancia de cara al calendario electoral de 2016, cuando ocho países europeos celebrarán comicios locales y nacionales, entre ellos Alemania. Y en ese sentido, los hechos de la San Silvestre van a reforzar el ascenso de los grupos de extrema derecha, como el Frente Nacional, que en 2015 fue el partido más votado en las elecciones regionales de Francia; los Demócratas de Suecia, que desde 2012 han multiplicado por cuatro su caudal electoral y hoy son la tercera fuerza política de su país; o la propia Alternativa para Alemania, que incluso antes de los ataques se había disparado y que había logrado una intención de voto del 16 por ciento en algunas zonas orientales del país. A mediados de diciembre, el líder de la AFP ya había dicho tras los buenos resultados en las encuestas que la “la crisis de los refugiados ha sido un regalo para el partido”.

Como le dijo a SEMANA Christian Koller, especialista en la materia y profesor de Historia Moderna de la Universidad de Zúrich, tras los ataques sexuales de Colonia “las fronteras entre una pequeña minoría de racistas de línea dura y algunos segmentos de la sociedad que pertenecen al consenso democrático se han vuelto más permeables. Y en ese sentido, es probable que la gente que ha callado sus reservas hacia los refugiados comience a expresarlas abiertamente y que, por puro oportunismo, las elites políticas adopten un discurso que refleje esa actitud”. A Angela Merkel, quien ha sido la abanderada de una política de puertas abiertas para acoger a las personas que huyen de la guerra, le espera el año más difícil de su carrera.

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