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| 9/12/2013 12:00:00 AM

Europa en suspenso por las elecciones en Alemania

Alemania es la potencia indispensable del continente en crisis y no se puede tomar ninguna decisión importante sin ella.

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BBC
En Alemana, curiosamente, los políticos parecen renuentes a debatir el futuro europeo y el papel alemán en él.

Ha habido más pasión en discutir si los comedores populares deberían tener un día sin carne a la semana que en debatir futuros rescates en la eurozona.

A la oposición le ha interesado más enfocarse en retratar a Alemania como una economía de salarios bajos y en discutir sobre la escasez de mano de obra calificada que en debatir sobre Europa.

En lo que respecta a la canciller Angela Merkel, esto es bastante deliberado. Ella es, de lejos, la política más popular en Alemania. Sus índices de aprobación de 60% -después de ocho años en el poder- son la envidia de cualquier otro político europeo.

Sus afiches recuerdan a los votantes que con ella están en buenas manos. Su estilo pausado, cauteloso y paso a paso se adapta al estado de ánimo alemán.

La impresión que da es que quiere dejar de lado cualquier tema europeo, que puede espantar a los votantes.

Merkel confía en que el estado de la economía alemana, con el índice de desempleo más bajo en dos décadas, le ayudará a conservar su puesto de canciller.

¿Gran coalición?
Sin embargo, un comentario publicado en la revista Der Spiegel dice: "La campaña electoral alemana ha paralizado al continente de una manera nunca antes vista en la historia de la Unión Europea (UE)".

Eso es cuestionable, pero hay muchos asuntos europeos confinados al carril lento de la política. Las discusiones sobre la unión bancaria (y un fondo común de resolución) -un paso gigante para la UE- surgen muy rara vez.

La admisión de que Grecia necesitará de un tercer rescate sólo cobró vida brevemente. Ha habido pocas discusiones sobre la austeridad y si ésta ayudó a salvar a la moneda única o si ha condenado a partes de Europa a un estancamiento a largo plazo.

Los comicios del 22 de septiembre están a la vuelta de la esquina. Se pronostica que Merkel saldrá victoriosa. La única interrogante es con qué partido formará coalición.

Las encuestas sugieren una ligera ventaja para su partido, la Unión Demócrata Cristiana, y su actual socio, el Partido Democrático Liberal.

El país, a juzgar por los sondeos, preferiría una gran coalición de los democristianos y los opositores socialdemócratas.

Visto desde otras capitales europeas, ése sería también el mejor resultado.

La clase política en Alemania está sólidamente comprometida con el proyecto de la UE y una gran coalición podría estar más dispuesta a asumir la carga de la crisis europea que el anterior gobierno alemán.

Viejos estereotipos
Pero la alemana Ulrike Guerot, Consejo Europeo de Relaciones Exteriores -un del think-tank paneuropeo-, argumenta que la Alemania que muchos en Europa esperan no está en oferta.

"Berlín simplemente carece de la ambición política para ofrecer un liderazgo claro en tiempos turbulentos", comenta. No puede ver a ningún nuevo gobierno "aceptando un sacrificio significativo a corto plazo para comprar una visión mucho más incierta de estabilidad política a largo plazo".

El concepto mismo de liderazgo sacude la memoria y despierta la historia. Los votantes alemanes han visto lo que ocurre cuando Berlín insiste en la austeridad combinada con las reformas. Regresan viejos estereotipos. Están profundamente heridos y ofendidos por las imágenes de Merkel vestida como un nazi que han aparecido en las calles de Atenas o Madrid.

Los años de crisis económica también han visto un reajuste de los vínculos comerciales de Alemania. Mientras que el comercio con otros países miembros de la eurozona se ha desplomado, ha crecido con el resto del mundo.

Las exportaciones alemanas a Italia permanecen 10% por debajo del nivel de donde estaban en 2008. Mientras tanto, las exportaciones a Estados Unidos son marcadamente superiores y casi se han duplicado a China.

Y un reciente sondeo del centro de estudios Open Europe en Berlín encontró que 52% de los encuestados no desean que el próximo gobierno se comprometa a más préstamos para países de la eurozona afectados por la crisis. Es improbable que ese ánimo renuente desaparezca.

Dicho lo cual, la canciller alemana sigue absolutamente comprometida a la supervivencia del euro. Ve esto como algo central a los intereses nacionales de su país.

Lo que no está claro para nada es la clase de Europa que concibe. Ella no hace "visión", como expresó uno de sus asesores más cercanos. En estos días ya no habla de "más Europa". En cambio, hay indicios de que se opone a transferir más derechos a la Comisión Europea en Bruselas. Parece favorecer más acuerdos intergubernamentales.

Esa cautela parece ser acorde con los puntos de vista de Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo.

"Estoy de acuerdo con quienes dicen que la Unión Europea en Bruselas no debe hacer todo", afirmó esta semana en Londres. "Yo fui alcalde en Alemania durante 11 años. Lo que puedas hacer localmente, hazlo allí".

Así que, cuando se trata de Europa, una Alemania después de las elecciones podría ser similar a la que había antes: cautelosa, apoyando una mayor integración sólo si es absolutamente necesario e insistiendo en reformas a cambio de solidaridad.
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