Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2003/01/06 00:00

Europa versión 2004

Todo está dispuesto para que la Unión Europea acoja a 10 nuevos miembros, para convertirse en el bloque económico más grande del mundo. ¿Resistirá la ampliación?

Europa versión 2004

La tradicional foto familiar de los lideres de la Unión Europea nunca fue más difícil de tomar que en la reunión de diciembre en Copenhague. En esa ocasión a los 15 miembros iniciales se les unieron por primera vez otros 10 (Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia y República Checa). Sumados, constituirán la Europa de los 25, el nuevo bloque económico más grande del mundo. El primer ministro danés, Anders Fogh Rasmussen, quien presidía el Consejo Europeo, les dio la bienvenida con un discurso para la posteridad: "Este es un pilar histórico sin precedentes para superar el legado de conflicto y división en Europa. En 1989 personas valientes y visionarias tumbaron el muro de Berlín. No querían una división forzada de Europa Hoy les damos vida a sus esperanzas. Bienvenidos calurosamente a nuestra familia", proclamó en tono solemne. Y aunque Rasmussen no lo dijo el acuerdo de Copenhague era histórico, además, porque abrió camino a que, por primera vez desde la caída de la Unión Soviética, pueda alzarse una potencia capaz de hacer contrapeso a la hegemonía estadounidense. Las negociaciones de diciembre en Copenhague, en donde se decidió el monto de la ayuda para el desarrollo económico y de infraestructura de los nuevos miembros, se demoraron más de lo previsto en el cronograma. En vista de la recesión y de la necesidad de hacer sostenible la ampliación los 10 potenciales miembros recibieron mucho menos apoyo que otros países que adhirieron a la Unión en las pasadas ampliaciones. Aunque hubo protestas y casi no llegan a un consenso en el tiempo establecido, al final la Unión Europea aceptó desembolsar 300 millones de euros de ayuda extra a cada uno de los países y 1.000 millones a Polonia, el país más grande y el más duro de convencer. Polonia peleó por mayores subsidios a sus campesinos, que, argumentó, se verían de otro modo muy golpeados por la integración al mercado común. Al final se llegó a un acuerdo para la ampliación, en la cual se establecieron las condiciones apropiadas y la ayuda que los 15 prestarán para llevar a cabo una transición sin traumatismos. Según lo establecido en la reunión, los siguientes pasos para que la ampliación sea un hecho son terminar el borrador del tratado de adhesión para principios de 2003 y que éste sea sancionado por la Comisión y el Parlamento Europeos. En 2004 los 10 nuevos países podrán participar en las elecciones del Parlamento Europeo como miembros. Los obstaculos Sin embargo aún no es completamente seguro que la Europa de los 25 se concrete. Aún falta que cada uno de los 10 países convenza a su electorado en sendos referendos y que los parlamentos de los 15 miembros actuales ratifiquen la unión. Esto no será tan fácil pues, a pesar de las ventajas que la alianza traerá, la verdad es que en toda Europa existen movimientos nacionalistas y antieuropeos cada vez más importantes. La nueva derecha nacionalista, bastante fuerte en Italia, Francia y Austria, ve el fortalecimiento de la Unión Europea como un atentado a la soberanía de su país. Las empresas pequeñas de los nuevos miembros tendrán que competir con verdaderos gigantes mucho más desarrollados. Las antiguas repúblicas soviéticas y los ex miembros del Pacto de Varsovia también temen perder las libertades que ganaron con su independencia. Así, los corresponsales de la BBC en Estonia y Polonia dijeron que la apatía popular hacia la Unión Europea puede llevar a que el electorado vote en contra de la ampliación, lo que sería muy vergonzoso para estos gobiernos, que se tomaron tantos trabajos en reformas internas y negociaciones con la Unión. Por otro lado, los parlamentos de los países miembros tienen que ratificar las conclusiones de las negociaciones de Copenhague y los países más ricos, como Francia y Alemania, no están tan felices de tener que sostener la transición de los nuevos solicitantes. A esto se suma otra desventaja para los actuales miembros, que es que la mano de obra y los costos de producción son menores en los países del este, lo que puede afectar las ganancias en el resto de la Unión. Y en la agenda de la ampliación aún hay muchos otros asuntos por discutir. Así, las negociaciones con Rumania y Bulgaria, que también esperaban ser aceptados pero que no lograron cumplir con los requerimientos, aún no terminan. Los dos son los siguientes países en la lista de espera para convertirse en miembros de la Unión en 2007. Detrás de ellos sigue Turquía, país con una importante población musulmana moderada, que es miembro asociado de la Unión Europea desde 1963, y que con el apoyo de Estados Unidos ha entablado una intensa campaña para convertirse en miembro. Sin embargo la Unión Europea le informó que debía esperar dos años para que las negociaciones para su inclusión pudieran comenzar. Aunque Turquía es un país próspero y sería un aliado estratégico importante que serviría de puente para tratar con los países islámicos, a la Unión le preocupan sus problemas de derechos humanos y su conflicto con Chipre (ver recuadro). A pesar de estos reparos la Unión Europea aceptó volver a conversar con el país en diciembre de 2004 para evaluar el avance de sus reformas. ¿Gigante con pies de barro? Incluso, aunque todo salga bien, aún no se sabe si Europa se convertirá en un poderoso gigante o en un monstruo incapaz de adaptarse a sus nuevas dimensiones. Por un lado, después de la quinta fase de ampliación la población de la Unión Europea crecerá un quinto de su actual tamaño. Alcanzará un total de 450 millones de personas, con lo que superará al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta por sus siglas en inglés). Además un mercado 40 por ciento más grande se abrirá para los actuales miembros y un estudio citado por el diario inglés The Guardian asegura que la ganancia será de 6.000 millones de euros para los recién llegados y de 15.000 millones para los antiguos miembros. Por eso se espera que la ampliación traiga paz y estabilidad a la región del Mediterráneo y parte de la antigua Unión Soviética. Sin embargo hay escépticos. Así como el mercado crecerá, también lo hará el nivel de pobreza, pues los nuevos miembros tienen un PIB que está lejos del promedio de la actual Unión Europea. Por ejemplo el de Polonia es de menos de la mitad del promedio de la Unión. Además los nuevos miembros son países con un sector agrícola mucho más grande (20 por ciento de su población trabaja en granjas), por lo que los fondos que se destinan a este sector van a tener que multiplicarse. También es imperante la necesidad de una nueva burocracia con las dimensiones y la eficiencia requeridas. El año pasado sólo la Comisión Europea tuvo que enganchar a 4.000 nuevos trabajadores para llevar a cabo las negociaciones de Copenhague. Y aún no es claro qué se hará con Kaliningrado, un pedazo de Rusia situado entre Polonia y Lituania, que con la ampliación se convertiría en una isla rusa en medio de la Unión Europea. Por todo lo anterior, aún quedan muchos interrogantes acerca del futuro de la Unión Europea. Bastaría preguntarles a los fotógrafos los problemas que tuvieron para poner de acuerdo a todos los líderes para tomarles una simple foto de familia.

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