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| 2/23/2008 12:00:00 AM

Ex presidente Fidel

La renuncia de Fidel Castro cerró un capítulo de la historia. Mientras el mundo estaba pendiente del líder moribundo, no se daba cuenta de las reformas que están corriendo en la isla.

Ni la renuncia de Fidel Castro ni el día en que se dio tomaron por sorpresa a los más conocedores de los intríngulis de Cuba. Tampoco a los habitantes de la isla. La fórmula misma de la renuncia -una carta publicada sin mayores anuncios en el diario oficial Granma- no se compadeció con el tamaño de la leyenda que escribió en el siglo XX el comandante: ni siquiera mereció una última aparición en público de este histórico personaje.

Es evidente que Castro, al mejor estilo del reformador chino Deng Xiaoping, quiso dar un paso a un lado con el menor aspaviento posible para no desmoronar la revolución. Y para ello contó con la suerte de que la muerte le anunció con mucha anticipación su llegada: en julio de 2006 fue sometido a una operación de estómago que lo dejó en mala condición física y mental y gracias a ello la cúpula castrista pudo evitar cambios abruptos y peleas por el poder y tener el tiempo suficiente para dosificar su retiro y anotarse un nuevo triunfo sobre los 1,5 millones de cubanos americanos que en Miami y Nueva Jersey esperaban ver morir a Fidel y que el caos se tomara las calles de La Habana.

Si bien el hermetismo en la isla sigue siendo proverbial -los corresponsales extranjeros asentados en la capital no han logrado en 19 meses saber dónde tienen al convaleciente comandante-, el legendario jefe de Estado ya había dado las primeras puntadas de su retiro en diciembre y en enero, al escribir en sendos mensajes que no volvería al poder. Desde entonces, interpretaban que tenía que dar alguna señal de renuncia antes del domingo 24 de febrero, fecha en la que cada cinco años se reúnen los 618 miembros de la Asamblea Nacional del Poder Popular para elegir los cuadros de gobierno.

Su renuncia apareció en primera página de Granma del martes 19 de febrero con un título que no prometía mucho: 'Mensaje del Comandante en Jefe', como si fuera uno más de los cientos de miles en sus 49 años al frente de Cuba. "Traicionaría mi conciencia ocupar una responsabilidad que requiere movilidad y entrega total que no estoy en condiciones físicas de ofrecer", escribió en el documento de 18 párrafos, firmado de su puño y letra y con fecha 18 de febrero a las 5:30 de la tarde.

En el mensaje admite que tuvo problemas mentales tras su operación ("más adelante pude alcanzar de nuevo el dominio total de mi mente" y deja claro -como también ocurrió con Deng Xiaoping- que piensa ejercer su derecho de poder en la sombra: "Mi deseo fue siempre cumplir el deber hasta el último aliento. Es lo que puedo ofrecer (…) No me despido de ustedes. Deseo sólo combatir como un soldado de las ideas. Seguiré escribiendo bajo el título 'Reflexiones del compañero Fidel'".

La parquedad del retiro, sin duda, no coincide con el tamaño de la noticia. Se trata del fin de la historia de uno de los personajes políticos más simbólicos del siglo XX, el jefe de Estado no monárquico que llevaba más tiempo en el poder, el último gobernante que sobrevive de la Guerra Fría y sobre todo un mandatario que resistió durante medio siglo los embates de Estados Unidos a escasos 144 kilómetros de distancia.

¿Qué va a cambiar?

Así como no sorprendió a nadie la renuncia de Fidel, tampoco es una sorpresa su sucesor. En un momento algunos pensaron que Carlos Lage podría dar la sorpresa. Pero el mando recaerá sobre Raúl, el menor de los Castro Ruz, de 75 años. No fue una coincidencia que Fidel se haya hecho contar en las elecciones de enero para la Asamblea y que haya sacado menos votos que Raúl (99,4 por ciento, frente a 98,3 por ciento). Ni tampoco fue gratuito que Granma lo anunciara con gran despliegue. Se trataba de ir creando nuevos titulares en la conciencia del pueblo revolucionario.

La conclusión fácil de que nada va a pasar con la salida de Fidel no es tan cierta. En realidad, la reforma ya comenzó. O mejor, "la segunda revolución cubana", como la llamó el corresponsal de El País en La Habana, ya está en marcha. Mientras Fidel, moribundo, se robaba el show ante las cámaras de todo el mundo con sus eventuales encuentros con Chávez o Lula y sus columnas en Granma, en la Cuba de Raúl Castro iban sucediendo hechos de mayor trascendencia.

Luego de mantenerse callado, casi en un segundo plano, durante su primer año al mando, el 26 de julio del año pasado -tal vez cuando ya la cúpula revolucionaria le había dado la bendición-, Raúl comenzó a destapar tres cartas significativas. En un hecho inusual en términos de libertad de expresión y autocrítica a la revolución, le pidió al pueblo cubano que "identificara los problemas" que tenía y propusiera soluciones. Él mismo admitió en julio que los salarios son insuficientes y en diciembre, ante la Asamblea, habló de eliminar prohibiciones absurdas.

El resultado: a finales del año pasado hubo un debate nacional en el que participaron cinco millones de cubanos y recogieron 1.200.000 propuestas y críticas al sistema que van desde el pedido de quitar el permiso para salir del país y levantar la prohibición a cubanos de vender su carro y su casa o contratar un celular, hasta reformas en agricultura que podrían incluir cambios en la propiedad de la tierra y la extensión del mercado regido por la ley de la oferta y la demanda.

Gracias a esta apertura, el temor a hacer ciertas preguntas, algo impensable hace poco más de un año, se comenzó a perder. Varias asambleas de trabajadores en los últimos meses terminaron en críticas a la autoridad. Uno de los incidentes más recordados ocurrió a comienzos de año en la Universidad de Ciencias Informáticas. La imagen de universitarios que increpaban con preguntas difíciles al jefe del Parlamento, Ricardo Alarcón, le dio la vuelta al mundo. Le preguntaron, entre otras, por qué los cubanos no pueden viajar libremente al exterior (una prohibición que Silvio Rodríguez ya había criticado), hospedarse en hoteles nacionales o tener cuentas de correo en Google o Yahoo. Sus respuestas no fueron muy convincentes.

"Lo que es evidente es que la gente se está atreviendo a hablar", dijo a SEMANA un diplomático que pidió omitir su nombre.

La segunda carta que se ha jugado Raúl Castro en sus 19 meses al mando es tocar las puertas de Estados Unidos. El 2 de diciembre de 2006 le ofreció a Tom Shannon, segundo del Departamento de Estado, reabrir conversaciones bilaterales. Washington le respondió que no. Y Raúl insistió el 26 de julio pasado: "La nueva administración que surja tendrá que decidir si mantiene la absurda, ilegal y fracasada política contra Cuba o acepta el ramo de olivo que extendimos (...) cuando reafirmamos la disposición a discutir en pie de igualdad el prolongado diferendo con el gobierno de Estados Unidos, convencidos de que los problemas de este mundo, cada vez más complejos y peligrosos, sólo tienen solución por esa vía".

La tercera carta de Raúl, y la que podría ser su as, es la reforma de la que ya empezó a hablar. En su discurso del 26 de julio de 2007, dijo que era necesario introducir cambios "estructurales y de concepto" para hacer producir más la tierra. E incluso se apoyó en una cita de Fidel (2000) para animar el cambio: "Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado".

Es ese el gran desafío de la revolución: el aumento del costo de los alimentos que azota al mundo y que tiene en jaque a la isla. La sola importación de leche en polvo les costó 500 millones de dólares entre 2004 y 2007. La pregunta de muchos es qué tipo de reforma hará. Muchos se inclinan a decir que seguirá el modelo económico chino que Raúl conoció en su visita a Beijing en 1997. Otros, desde Cuba, dicen que será una reforma a la cubana. También, puede tener cierto aire de Perestroika, entendida como las reformas económicas que decidió hacer el Partido Comunista soviético.

Aunque Raúl está más interesado en la reforma agraria, también ha dado pasos importantes en sectores como el turismo, donde promovió la incorporación de los militares a los negocios y ha logrado que 'La Gaviota', un holding manejado por militares, tenga el 60 por ciento de las ganancias de los turistas. En este sector y en el agro, les dará más juego a los privados, no sólo porque, según las estadísticas, el 60 por ciento de las tierras más productivas es manejado por particulares, sino porque el caso de Pinar del Río, donde el 90 por ciento de los productores de tabaco son campesinos privados, ha demostrado que garantiza cantidad y calidad.

"Hay un estudio que mandó hacer Raúl Castro sobre el tema de la propiedad en Cuba y está pensando en cambiar los conceptos sobre ésta. Aquí toda la propiedad es estatal, entonces están buscando otro tipo de propiedades que pueden ser cooperativas, que pueden ser incluso privadas, para mezclar y compartir. Es flexibilizar y abrir la economía y hay cosas que tendrán que quedar en manos de particulares", explicó a SEMANA Fernando Ravsberg, corresponsal de BBC. No es un detalle menor el que Raúl haya enviado a colaboradores cercanos suyos a escuelas de negocios en Europa para aprender técnicas de administración capitalista.

En su famoso discurso de julio dijo que estaba "ante el imperativo de hacer producir más la tierra", para lo cual mencionó, entre otros, la necesidad de "introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios", "estudiamos actualmente lo referido al incremento de la inversión extranjera, siempre que aporte capital, tecnología o mercado" y "sobre bases jurídicas bien definidas que preserven el papel del Estado y el predominio de la propiedad socialista".

Nada está escrito sobre lo que pueda pasar en Cuba. Raúl ha dicho que será un presidente bisagra entre dos generaciones, lo cual, sumado a su edad, se podría entenderse como que no durará mucho tiempo. Lo que ocurra en las próximas elecciones en Estados Unidos también impactará: Barack Obama ha mostrado cierta apertura, mientras el republicano McCain ha dejado entrever que llevaría a juicio a Raúl por la muerte de ciudadanos de Estados Unidos en 1996 tras el derribo de un avión.  Y la suerte de Hugo Chávez, que por ahora los apoya con 100.000 barriles diarios de petróleo y 2.500 millones de dólares al año, es otra importante variable para tener en cuenta.

Lo cierto es que con el retiro de Fidel, Cuba cerró el capítulo más significativo de su historia, por lo menos el de mayor impacto en el mundo: una simple isla del Caribe que puso en jaque la tranquilidad del continente y del mundo con la crisis de los misiles (1962), que se convirtió en modelo para otras revoluciones en el vecindario -de las cuales hoy aún quedan rastros en Colombia- que después de ser la consentida de la Unión Soviética con una mesada anual de 4.000 millones de dólares, quedó huérfana tras la Perestroika y le tocó sufrir varios años la plaga del hambre y de las migraciones masivas, y a pesar de todo, sobrevivió.

Se va un Fidel que así como fue de inmenso y de polémico, decía en su mensaje del martes que siempre "tenía muy presente que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz". Y que, a manera de testamento, le escribió a su pueblo: "El camino siempre será difícil y requerirá el esfuerzo inteligente de todos. Desconfío de las sendas aparentemente fáciles de la apologética, o la autoflagelación como antítesis. Prepararse siempre para la peor de las variantes. Ser tan prudentes en el éxito como firmes en la adversidad es un principio que no puede olvidarse. El adversario a derrotar es sumamente fuerte, pero lo hemos mantenido a raya durante medio siglo".
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