Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/11/22 00:00

Explosión de bebés en el país de los viejos

Explosión de bebés en el país de los viejos
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BBC

No hace falta mirar ninguna tabla ni leer informes demográficos para darse cuenta de que en este barrio, llamado Prenzlauer Berg, pasa algo extraño con su población.

Por ejemplo, cuando en casi todos los cafés se ven en la entrada grandes baúles de juguetes y se entra con cuidado para no aplastar autitos o a niños que juegan por el suelo.

O cuando se comienza a notar que carros de bebés en masa pueden causar estancamientos en los pasillos de los supermercados y hasta en las calles. Y ni hablar de los carros con mellizos.

La tasa de natalidad de este barrio es del 2,5 por habitante, casi el doble que en el resto de Europa; más de la mitad de los 145 mil habitantes de Prenzlauer Berg son menores de 45 años, registró el demógrafo Reinhard Klingholz, del Instituto para la Población y Desarrollo en Berlín.

El barrio de Prenzlauer Berg tiene el insólito título de poseer la mayor tasa de nacimiento por metro cuadrado de toda Europa, en medio de un país de viejos.

Fuera de las fronteras del barrio el mundo sigue igual: el resto de Berlín, Alemania y también Europa, tienen una tasa de natalidad de 1,3 niños por habitante, como la mayor parte de este envejecido continente.

Buenas razones "La ayuda estatal, el llamado dinero para padres, es muy buena" comenta Emma, una madre estudiante de 26 años "y en este barrio la infraestructura es excelente" dice mientras mira muy de vez en cuando a su hijo, que juega a lo loco en una especie de jaula acolchada dentro de un café.

A su lado está Katrin, de 32 años, "a mí lo que me decidió tener a mi hijo fue recibir ese dinero y poder volver de nuevo a mi trabajo". Desde el año 2007 una ley permite a los padres recibir el 67% de su sueldo hasta un máximo de unos U$2400 por hasta 16 meses, con la garantía de conservar su puesto de trabajo.

Además el niño recibe un dinero fijo de otros US$200 y sus padres, la garantía de que los pequeños puedan ser dejados en un jardín de infantes hasta las 16.00 horas durante los días de semana.

No sólo el dinero

Hanna, de 35, dice que no cree que que la ayuda del estado sea tan decisiva, "después de todo, la generación anterior a la nuestra ganaba mucho mejor, pero no querían tener hijos o no tan pronto: querían primero viajar, experimentar con parejas, salir mucho. Al final no tenían tiempo para tener hijos".

"Sí, creo que en eso, nuestra generación es una vuelta a los valores más familiares" comenta, a su lado, Andrea de 30 años. "No es tan terrible renunciar a las fiestas, ni tampoco necesitas tanto dinero para sentirte bien".

Ley darwinista
En una plaza de juegos para niños bajo techo, Michael, un historiador de 36 años, me dice que esta ley le parece injusta.

"Yo y mi pareja somos algunos de los beneficiados, porque los dos tenemos buenos empleos y el 67% de lo que gano es bastante, pero para la gente que gana poco, simplemente no les alcanza; un monto fijo para todos sería mejor".

De hecho, todos los padres entrevistados en el barrio resultaron ser egresados de una universidad o estudiantes universitarios.

El barrio ideal para niños
Recuerdo haber leído anuncios de cafés y hoteles con el añadido de "apto para niños", a la misma altura de "apto para animales". Los alemanes suelen ser amigos del control y la disciplina y un niño altera los nervios.

Quizás por eso estos jóvenes padres iniciaron hace años esta especie de conjuración para ocupar el barrio de Prenzlauer Berg, en el que los niños son más una ruidosa alegría que un problema.

En Prenzlauer Berg hay un promedio de dos plazas para niños por cuadra, menos por planificación que por los agujeros que dejaron los eficaces bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Esos agujeros tienen ahora arena, pasto y muchos juegos. Las calles son pequeñas y todos los días parecen tranquilos fines de semana. Y tener estrés es de mal gusto.

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