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| 11/3/2007 12:00:00 AM

Fantasmas de guerra

La ley de la memoria histórica y la sentencia a los autores del 11-M enfrentan a muerte a los dos principales partidos políticos españoles.

La crispación constante entre los dos principales partidos políticos de España -el Partido- Socialista Obrero Español (Psoe), de centro izquierda, y el Partido Popular (PP), de centro derecha- no da tregua. Y la semana pasada pareció alcanzar un nuevo clímax por cuenta de la ley de la memoria histórica que reivindica a las víctimas de la dictadura de Francisco Franco y del histórico fallo contra los autores de los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en los trenes de Madrid. En ambos episodios, el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero parece haberse salido con la suya.

A diferencia de otros países que sufrieron dictaduras, España nunca encaró del todo su pasado oscuro. En 1936, el Ejército dio un golpe militar para deponer el gobierno republicano y desató la sangrienta Guerra Civil. Al final, las fuerzas de la República salieron derrotadas y el 'generalísimo' Franco gobernó hasta su muerte, en 1975. Durante la transición a la democracia hubo un pacto tácito entre los partidos, que decidieron no mencionar las heridas del pasado, ni el legado del régimen, para facilitar la reconciliación. Impulsados por su ingreso a la Unión Europea, los españoles han conocido la prosperidad. Pero a juzgar por los tiempos recientes, esas heridas nunca cicatrizaron del todo.

El miércoles, el Congreso aprobó la ley de memoria histórica, una prioridad para Zapatero, cuyo abuelo fue ejecutado por fuerzas franquistas. La medida reconoce los derechos de quienes fueron perseguidos durante la guerra o en la dictadura, así como el derecho a la reparación, y plantea retirar los escudos, placas y otros símbolos que exalten a Franco, su régimen o la Guerra Civil. También autoriza localizar las fosas comunes de víctimas del franquismo. La propuesta contó con el apoyo de todos los grupos parlamentarios, a excepción del PP y de los izquierdistas catalanes. Estos consideran que la ley se queda corta, mientras los 'populares', del otro lado del espectro político, consideran que reabre heridas y es innecesaria y perjudicial para la armonía nacional.

A la polémica se sumó la Iglesia cuando el Vaticano decidió, por gestiones de la jerarquía española, beatificar a medio millar de religiosos que murieron durante la Guerra Civil. Aunque la Santa Sede lo negó, la ceremonia tuvo aire de revanchismo, pues se trataba de víctimas de los defensores de la República, mientras quedaban excluidas las víctimas católicas de izquierda. Fue un gesto pugnaz de un clero que llegó a considerar como "cruzada" la rebelión militar y, a diferencia de los obispos argentinos o chilenos, se ha negado a pedir perdón.

"Sacar cadáveres enterrados en las cunetas, a pico y pala, y con la ayuda de voluntarios y familiares de las víctimas, alguno de ellos octogenario, es remover el pasado y buscar de nuevo una confrontación entre dos bandos, pero hacer ceremonias de lujo y con gran cobertura de todo tipo de medios sólo es un homenaje", se quejaba en un editorial El País de Madrid. "¿Hasta cuándo va a durar esta hipocresía y este doble lenguaje por parte de la Iglesia y el Partido Popular?".

De otro lado, el mismo miércoles, la sentencia de la Audiencia Nacional en el juicio por los atentados del 11-M dejó claro que fue obra exclusiva del terrorismo yihadista y que ETA nada tuvo que ver con las 13 explosiones que dejaron 192 muertos. La sentencia dejó en evidencia al PP, que durante más de tres años hizo eco de las teorías conspirativas que involucraban al grupo separatista vasco, lanzadas desde los medios de la derecha española. Les convenían esas conjeturas, pues la percepción general fue que los atentados se produjeron en venganza por el apoyo a la invasión a Irak, dispuesto por el gobierno del PP de José María Aznar. La percepción de que Aznar trató de culpar a ETA para evitar ese costo político, a pocos días de las elecciones, llevó a que los españoles votaran contra el PP. De ahí el tono desafiante del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando se dirigió directamente al líder 'popular', Mariano Rajoy: "Que repita conmigo: ETA no ha sido".

En medio de la crispación que comenzó aquel fatídico día, la idea de las dos Españas irreconciliables ha vuelto a aparecer. Es difícil saber con exactitud hasta dónde llegará la pugnacidad entre socialistas y 'populares', pero la campaña, de cara a las elecciones generales del 9 de marzo, no será un camino de rosas.
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