Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1987/06/15 00:00

FANTASMAS A LA FRANCESA

Nadie quiere que el juicio al nazi Barbie examine la conciencia de la Francia invadida

FANTASMAS A LA FRANCESA

El nombre del hombre no dice mayor cosa, más bien induce; creer que se está hablando de una famosa muñeca. Pero no se trata de una muñeca, sino de alguien quien se ha calificado de monstruo Klaus Barbie, gráficamente apodado el "Carnicero de Lyon", enfrenta por fin, la etapa final del juicio que se le sigue en Francia por los delitos que cometió en ese país durante la Segunda Guerra Mundial.
Barbie, extraditado de Bolivia a Francia en 1983 por el gobierno socialista de Hernán Siles Zuazo, luego de haber pasado más de treinta años bajo el amparo de los sucesivos dictadores de ese país, enfrenta la pena máxima del sistema jurídico francés o sea, prisión por treinta años. Una condena que se antoja más bien simbólica, habida cuenta de que Barbi es hoy un frágil viejecillo de setenta y tres años, cuyas expectativas de vida no pueden ser muy altas.
El juicio ha causado verdadera sensación no solo en Francia sino en toda Europa. El fenómeno tiene que ver con el recuerdo de los años de la guerra, precisamente en una época, como la presente, en que se está ventilando en los países involucrados en el eje un reexamen de las circunstancias reales que se desarrollaron en el conflicto, al margen de la verdad oficial rigurosamente establecida por los vencedores.

Prescripción
El juicio es esperado con expectativa por todas las partes interesadas. Para los judíos, tiene el valor de subrayar un aspecto de la historia que les afecta intensamente, y que, en opinión de muchos observadores de ese origen, se ha venido olvidando, sin contar con que la mitad de la población europea nació después de finalizada la guerra. Para las facciones de ultraderecha que florecen en varios países, incluida Alemania Occidental, representa la oportunidad, bien de que se cuestione la existencia misma de los campos de concentración, una tesis que ya ha sido expuesta por dos historiadores franceses, o de que, al menos, se desvirtúe la singularidad de los crímenes del nazismo, al comparárselos con los perpetrados por los países aliados en otros momentos históricos. Para los comunistas es la oportunidad de sacar al aire los trapos sucios que no podían faltar a cargo de Estados Unidos: al final de la guerra, los norteamericanos contrataron a Barbie como informante de sus servicios de inteligencia y, como si fuera poco, le suministraron la falsa identidad de Klauss Altmann para que pudiera evadirse hacia Bolivia, aun a despecho de una solicitud que ya en esa época, 1951, había hecho el gobierno francés.
Fue juzgado como reo ausente en 1952 y 1954 y condenado a muerte en ambas ocasiones por sus crímenes de guerra, incluido el arresto, tortura y muerte de Jean Noulin, líder de la Resistencia. Esas sentencias ya no pueden ser ejecutadas, debido a que prescribieron por el tiempo transcurrido. Según los juristas, los crímenes que ahora se le imputan, no son susceptibles de esa prescripción, por ser contra la humanidad, aunque hoy en día la pena de muerte ya no existe en Francia.
Mientras el abogado defensor, Jacques Verges, anuncia su estrategia, la culpabilidad de Barbie por los crímenes que se le imputan parece suficientemente probada. Pero, como dice Verges, "un país que mató un millón de argelinos en los conflictos coloniales de los años cincuenta y sesenta no tiene derecho de condenar a un joven soldado alemán que meramente hacía su trabajo".
Entre tanto, sus adversarios no descansan tranquilos. Existen, además del Estado francés, 115 partes civiles interesadas en la condena de Barbie y compuesta por familiares y víctimas de sus actividades como jefe de las S.S. en Lyon entre 1943 y 1944.
Todos parecen haberse puesto de acuerdo en que tratarán de evitar que el juicio se convierta en un examen de la conciencia colectiva de los franceses y en especial sobre su actitud ante los invasores alemanes, calificada por algunos de mayoritariamente colaboracionista y que se trate el problema de las relaciones internas del movimiento de la Resistencia, lo que afectaría varios mitos hoy muy queridos por los franceses.
"Formamos un grupo coherente pero, por supuesto, no homogéneo", dijo Joel Nordmann, abogado comunista que interviene en el proceso. Se refería a que la composición del grupo de demandantes incluye corrientes tan disímiles como católicos, protestantes, judíos, comunistas y hasta derechistas. Por su parte, presentarán una serie de testigos, muy ancianos naturalmente, que, o bien presenciaron las atrocidades de Barbie o las sufrieron. Todos ellos coinciden en señalar no solo la crueldad de las torturas cometidas sino el cinismo y la frialdad con que eran perpetradas, con detalles tan "sofisticados" como que el propio Barbie, después de romper la cara al prisionero, tocaba tonadillas en el piano con los guantes ensangrentados.
El juicio, calificado por algunos como el último de su clase, promete ser inolvidable. Ciertos ribetes rocambolescos le dan un interés peculiar: en lugares cercanos a la sala, se han abierto exhibiciones de objetos que recuerdan las atrocidades nazis, mientras la Municipalidad de Lyon distribuye, entre los periodistas acreditados para cubrir el proceso, folletos promocionales de la ciudad. Verges no ha vacilado en calificar de "Circo romano" el alboroto levantado, y Barbie ha puesto su granito de arena al anunciar que no asistirá a las sesiones.
La expectativa en Europa es muy grande y solo comparable a la que se experimenta en Israel. Con todas sus singularidades, representa un capítulo más, tal vez el último, de la historia aún no contada de la Segunda Guerra Mundial.--

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