Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/10/31 00:00

Fiebre peligrosa

La enfermedad de Arafat, sin sucesor a la vista, hace temer por la estabilidad de la autoridad palestina. Y el retiro de Gaza pone a Israel en peligro de una guerra civil.

Las calles de Ramala están tranquilas, pero los rumores corren por todas partes. Nada parece ocurrir. Se ve gente que camina por las calles estrechas, mujeres que van con sus hijos y cubren su pelo con telas de colores para seguir los preceptos del Islam. Pero cerca de la llamada Mukata, sede de la Autoridad Palestina, es posible percibir un sentimiento de confusión. Desde que Yasser Arafat abandonó ese edificio deteriorado del que no salía desde hacía más de dos años, hay sensación de expectativa y de abandono entre muchos palestinos.

Yasser Arafat salió rumbo a Francia para recibir tratamiento médico por una afección en la sangre, y el mundo quedó a la expectativa. Al fin y al cabo se trata de un líder histórico. Para sus seguidores es el padre de la nación palestina, para Hamas o la Jihad Islámica, que se oponen a la existencia del Estado de Israel y creen que la única vía para liberar a Palestina es la lucha armada, es un líder débil. Para el gobierno de Israel, es un líder complaciente con el terrorismo, si no un terrorista.

A pesar de la controversia, Arafat ha logrado mantenerse en el poder y conservar la unidad de su patria. Por eso, muchos de sus colaboradores lo consideran un genio y temen su muerte. En vista de que no se ha hablado de sucesores y debido a los deseos de poder de los distintos grupos, la gente teme una guerra civil en los territorios palestinos ante la posible muerte de Arafat. Igualmente se habla de divisiones en el interior de la Fatah, la organización que preside Arafat. Khalil Shikaki, director del Centro Palestino para la Investigación y Estudio de Políticas Públicas, dijo a SEMANA que "si Arafat muere habría caos inminente, por lo que se requieren pronto elecciones, aunque esto es difícil porque está anclado al poder".

Yasser Arafat ha sido el presidente de la Autoridad Palestina desde el 20 de enero de 1996. En ese entonces se celebraron las primeras elecciones en Palestina, después de que el ejército de Israel se retiró parcialmente de las poblaciones en Gaza y Cisjordania. En ese entonces, Al Fatah, la organización que lideraba el hombre reconocido por su tradicional kefiya o pañuelo de cuadros, obtuvo la gran mayoría de lugares en el Parlamento.

Desde entonces no se ha movido de su cargo ni ha hablado oficialmente de sus sucesores. Sin embargo, algunos medios y analistas ya empiezan a mencionar algunos hombres que podrían suceder. Entre estos se encuentran Ahmed Qurea, actual primer ministro palestino; Mahmud Abbas, número dos en la Organización para la Liberación de Palestina, y Mohammed Dahlan, antiguo ministro del Interior y jefe de seguridad en Gaza. A la lista se suman Nabil Shaath, actual ministro de Asuntos Exteriores de la Autoridad Palestina, y Yasser Abed Rabbo, miembro actual de Fatah. Otros analistas incluyen en la lista a

Marwan Barghouti, que ahora está preso en Israel y quien ha sido líder de Fatah.

Durante sus 75 años, Arafat se ha caracterizado por su tenacidad y persistencia con su causa. Este hombre que toda su vida ha soñado con el nacimiento de un Estado palestino con Jerusalén como capital, ha sobrevivido a guerras y ha salido ileso de enfrentamientos e intentos de asesinato. De joven hizo la guerra contra el recién creado Estado de Israel y promovió ataques terroristas. Posteriormente, optó por la negociación y junto con el primer ministro israelí

Itzak Rabin participó en los Acuerdos de Oslo con los que se constituyó la Autoridad Nacional Palestina, como paso previo a la creación del Estado, como una solución definitiva al conflicto en Medio Oriente. Por este hecho y junto a Rabin, fue galardonado con el Nobel de Paz en 1994.

En el último tiempo las condiciones de salud de Arafat se han deteriorado. En entrevista con SEMANA en agosto pasado, el líder palestino no mostraba un buen semblante. Desde marzo de 2002, Arafat no salía de la Mukata, sede de la Autoridad Palestina en Ramala. Mahmoud Atari, uno de los promotores de apoyo internacional hacia la causa palestina y quien ha estado muy cerca del líder en el último tiempo, expresa su tristeza ante las condiciones de Arafat. Pero además de este sentimiento, dice estar muy preocupado por un posible desenlace fatal. "No quiero ni imaginar lo que les pasaría a Ramala y a los palestinos. Arafat es un genio. Este hombre ha luchado por nuestro pueblo toda su vida y es el único capaz de mantenernos unidos ".

Mirada israelí

La enfermedad de Arafat, con los riesgos políticos que implica su desaparición de la escena, se presentó justo cuando el otro protagonista del conflicto, el gobierno israelí, vive su propia crisis. El desconcierto y la expectativa también se sienten en Israel ante el plan de retirada de Gaza que promueve el primer ministro Ariel Sharon. Con este plan se busca que alrededor de 9.000 colonos israelíes cambien sus casas en los asentamientos de Gaza por una en Israel. La salida de Gaza es uno de los puntos básicos de la Hoja de Ruta, la iniciativa que apunta hacia la creación de un Estado palestino como solución al conflicto.

Sumidos en sus propios problemas, la situación de Arafat no parece preocupar a los israelíes. Algunos, como Yuval

Liberman, un profesor de hebreo que vive en Jerusalén, dicen que "Arafat ya cumplió un ciclo y para todos sería bueno que él deje su cargo. La única forma de que esto ocurra es con su muerte porque él no ha mostrado disposición para nombrar un sucesor".

El pasado 26 de octubre, el Parlamento israelí aprobó la iniciativa del primer ministro Ariel Sharon para desmantelar fuerzas y asentamientos de la Franja de Gaza. Es la primera vez que el Parlamento, o Knésset, aprueba una medida de esa naturaleza. La iniciativa ha generado una polémica tan agria en Israel que se habla de una posible guerra civil debido al choque entre los colonos y los grupos de izquierda.

Los colonos se oponen a abandonar sus casas. Moshe Goldstein, que vive en el asentamiento de Gush Katif, dice que él y el resto de los colonos lucharán hasta las últimas consecuencias. "Esta es nuestra tierra y no la vamos a dejar, está escrito en la Biblia. Además, el hecho de que nos vayamos de Gaza no nos garantiza que se acaben los atentados contra Israel". Este hombre que lleva una bandera que promueve la iniciativa dice que Sharon es un traidor porque él mismo promovió los asentamientos en un pasado. Incluso se ha observado que las fuerzas de seguridad han extremado sus precauciones. Han aparecido grafitos que amenazan con asesinar a Sharon del mismo modo que lo hicieron con Rabin.

Los israelíes están a la expectativa. Se han realizado marchas que enfrentan a quienes apoyan la iniciativa contra los colonos que dicen estar dispuestos a tomar sus armas para defender lo que consideran suyo. Eso no es difícil si se tiene en cuenta que en Israel no sólo todo el mundo es reservista del ejército, sino que los colonos tienen armas entregadas por el gobierno para defenderse de los ataques palestinos.

Y no son pocos los analistas que consideran que el plan de retiro de Sharon tiene como fin poner en el congelador el proceso hacia el establecimiento del Estado palestino. Por ello la desestabilización que traería la desaparición de Arafat, quien a pesar de todo es un moderado, podría ser particularmente peligrosa.

La temperatura política está muy alta en una de las zonas más calientes del planeta. Los palestinos esperan ver qué pasará con Arafat y los israelíes, lo que ocurrirá con el plan de retirada de Gaza. En ambos lados se siente desconcierto y temor por los días difíciles que se ven venir.

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