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| 6/15/2014 3:00:00 AM

¿Juego sucio en la FIFA?

En medio del escándalo de corrupción por el Mundial de Qatar 2022, el ‘padrino’ de la Fifa, Joseph Blatter, dijo que buscará un quinto periodo al frente de la organización. El problema es que muchos están cansados de su reinado.

Para Joseph Blatter Brasil ya es historia. Mientras la pelota rueda en las canchas cariocas, el presidente de la Fifa se juega un título aún más definitivo. Apenas unas horas antes del pitazo inicial en Sao Paulo, señaló su voluntad de buscar un quinto mandato consecutivo. A sus 78 años, Blatter quiere seguir siendo el dueño indiscutible del balón. Pero en su camino se atraviesa no solo que sus opositores piensan que la federación se ha convertido en una ‘mafia’ salpicada de corrupción, sino además un problema con nombre y apellido: Qatar 2022.

Antes de la inauguración en Brasil, el periódico británico The Sunday Times publicó un informe que trasladó las miradas al país del golfo Pérsico. El trabajo periodístico, acompañado de documentos supuestamente infiltrados por el FBI, relata que el exdirectivo qatarí de la Fifa, Mohammed bin Hammam, pagó más de 5 millones de dólares a 30 presidentes de asociaciones de fútbol en África para que eligieran a Qatar para ser la sede del Mundial 2022. Aunque la mayoría de los directivos no tenían derecho al voto, su hazaña consistió en crear una oleada de apoyo a favor de Qatar, para luego presionar directamente a los cuatro miembros del comité de la federación, que sí tenían poder para decidir. 

Sin embargo, la organización señaló que el árabe no tuvo nada que ver en la elección, cosa que solo se sabrá cuando el presidente de la comisión ética, Michael J. García, presente el informe que cerró esta semana, al que solo tendrá acceso la organización internacional dentro de 60 días. Lo grave es que los patrocinadores no están dispuestos a esperar. Varias empresas como Visa, Adidas, Sony y Coca-Cola ya exigieron una explicación y señalaron que por el bien del fútbol, debe primar el juego limpio. 

Encima de todo, el anuncio de que el astro alemán Franz Beckenbauer, que fue parte del comité que votó para darle el torneo a Rusia en 2018 y a Qatar en 2022, fue suspendido durante 90 días por no cooperar con la investigación,  abrió todavía más interrogantes. 

En medio del escándalo, la posible reelección de Blatter, que ocupa el cargo desde 1998, no cayó para nada bien. A pesar de recibir un fuerte apoyo del 64 Congreso de la Fifa, que además rechazó poner límites en la edad o la cantidad de mandatos de los dirigentes, su decisión despertó fuertes críticas, sobre todo por los lados de Europa. La Uefa señaló que ya es hora de acabar con su ‘reinado’ e incluso le solicitó no presentarse como candidato en 2015. El expresidente de la federación holandesa, Michael van Praag, incluso fue más allá y señaló que “la gente tiene la imagen de que la Fifa está ligada con corrupción y sobornos. Es momento de que Blatter se retire.” En su lugar, la autoridad del fútbol europeo propuso a su presidente, Michel Platini, que también ha cuestionado al polémico líder por el mal manejo de Qatar. “No lo apoyo más. Se ha terminado. Él ya lo sabe, se lo dije. Yo creo que la Fifa necesita un aliento de aire fresco.”

El país de mentiras

Qatar sorprendió al mundo cuando el 2 de diciembre de 2010 ganó la sede derrotando 18-14 a Estados Unidos. Inglaterra, con apenas dos votos, se llevó la peor humillación. Inmediatamente, salieron a relucir varias denuncias de la BBC y Sunday Times, que provocaron la caída de varios miembros del Comité Ejecutivo de la Fifa por recibir dinero debajo de la mesa. Como lo señala el periodista argentino Ezequiel Fernández Moores, “en su promesa de limpiar la casa, que llegó a incluir los nombres de Henry Kissinger y hasta del tenor Plácido Domingo, y un paso fugaz y polémico de Transparencia Internacional, Blatter designó cámaras, jueces y fiscales.” Pero ninguno de esos intentos le sirvió para limpiar su imagen. 

Ya hace unos meses las denuncias sobre las extenuantes jornadas laborales de los obreros y la decisión de si se haría en invierno o verano, había empañado la decisión que el ‘padrino’ del fútbol autorizó en 2010. Blatter sabía que Qatar sería un dolor de cabeza. Tanto así, que ni siquiera le dio su voto. Por un lado estaban los que defendían que la fiesta deportiva debía expandirse a todo el mundo y por otro, los que no veían cómo un país de 2 millones de habitantes podía estar preparado para ser el anfitrión de un evento de semejante magnitud. Entonces, ¿por qué la Fifa le dio la sede? Como le explicó el experto brasilero Juca Kfouri a SEMANA: “La respuesta son los petrodólares”.

Qatar es una mina de petróleo y el país más rico del mundo. Ha gastado más de 200.000 millones de dólares en estadios e infraestructura para el Mundial. Desde 2010, el país de mentiras como algunos lo llaman por su tamaño y escasa población, se viene preparando para demostrarle al mundo que sí es capaz de ser un buen anfitrión. Por eso algunos analistas ven prácticamente imposible que se quede sin su Mundial.“La Fifa escoge estos lugares por negocio. Como en Sudáfrica, Brasil y Rusia, se trata de países emergentes económicamente y por más escándalo de corrupción que haya de por medio, esto no va a poner en riesgo el Mundial”, dijo Santiago Segurola, exjefe de deportes del diario El País de España a esta revista. Sea como sea, lo que sí queda claro es que la elección de Qatar responde claramente a un fin político que es ampliar el espectro de aliados a favor de Blatter para 2015. 

Si las acusaciones resultan ciertas, y se cancela la escogencia,  muchos apuestan que la sede será Inglaterra. Pero como añadió Segurola: “Las relaciones entre la Fifa y los ingleses nunca han sido las mejores. No creo que terminen dándole ese honor precisamente al país que hoy los acusa.” Un secreto a voces dentro de la Fifa es que la prensa británica siempre saca un escándalo de este tipo cada cuatro años cuando el balón está a punto de rodar. Pasó en 2010 cuando el entonces presidente de la Asociación de Fútbol de Inglaterra, David Triesman, dijo que Rusia había acordado con España sobornar árbitros en el Mundial de Sudáfrica a cambio de que España le ayudara a amañar su elección como sede del de 2018. Y pasó también en 2006 cuando un programa de televisión británico acusó a Blatter de recibir comisiones millonarias bajo cuerda. 

En el caso de Qatar, solo ha dicho que el país “ganó la puja por sus propios méritos y estamos seguros que al final del proceso, la adjudicación de la Copa se mantendrá.” Por ahora el planeta esta distraído mientras las 32 selecciones se disputan el mundial, pero a partir del 13 de julio Brasil ya no será una excusa. El juego habrá terminado y el cuestionado líder de la organización que incluso tiene más asociados que la ONU,  deberá rendirle cuentas al mundo. Pero no son muchas las esperanzas de que abandone el trono, pues tanto Francia 98, como Corea-Japón 2002, Alemania 2006, Sudáfrica 2010, y ahora Brasil 2014, han sido mundiales untados de juego sucio y Blatter permanece intocable en el palco. 
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