Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1986/12/15 00:00

FINA ESTAMPA

El resultado de las elecciones en el Perú es considerado como un plebiscito de apoyo al gobierno.

FINA ESTAMPA


Aunque el presidente Alan García había insistido en que de ningún modo las elecciones municipales de la semana pasada en el Perú podían interpretarse como un plebiscito a su gestión, el triunfo de su partido, el APRA (Alianza Popular Revolucionaria), fue sin duda alguna visto como la más clara muestra del apoyo con que cuenta el joven Presidente.

Además de la ventaja obtenida en los resultados generales, el APRA ganó en Lima, la principal plaza electoral del país, donde el casi desconocido Jorge Del Castillo derrotó al actual alcalde de la ciudad, Alfonso Barrantes, candidato de la Izquierda Unida. En la capital, donde está concentrado el 35% del electorado, Del Castillo obtuvo, según cifras extraoficiales, el 34.5% de los votos, mientras Barrantes logró el 31.6%.

Abogado de 36 años, Del Castillo pasó con el triunfo de ser un oscuro y discutido alcalde de un pequeño municipio de clase media, a presidente del Ayuntamiento de Lima, sustituyendo al alcalde de mayor carisma que haya tenido la ciudad en mucho tiempo. Amigo personal de Alan García, hasta el momento de la elección no se le conocían más méritos que el de ser un militante aprista desde su primera juventud. El arrastre del Presidente y la buena acogida que tuvo en la capital la propuesta del APRA de iniciar la construcción de un tren eléctrico para solucionar el grave problema del transporte, lo colocaron sin embargo en la que es considerada quizás la segunda posición de elección popular dentro de la rama ejecutiva en la nación.

La jornada electoral, precedida de una ola de violencia y terrorismo, transcurrió sin sucesos de gravedad. No obstante, se vio afectada por numerosos fallos de organización que impidieron a mucha gente acudir a votar y obligó a otros a esperar en colas por horas antes de poder depositar sus votos.

En Ayacucho, uno de los departamentos donde es más fuerte la presencia de Sendero Luminoso, la asistencia a las urnas fue masiva. Los votantes ayacucheños, sin embargo, no mojaron su dedo con tinta indeleble como es obligatorio en todo el país. Los senderistas habían amenazado con cortar el dedo a quienes acudieran a votar, motivo por el cual las autoridades decidieron eximirlos de esta obligación.

El respaldo masivo otorgado a Alan García en las urnas era prácticamente indispensable para su gestión. García necesitaba reforzar su poder para hacerle frente a los dos mayores problemas que aquejan al Perú, la violencia política y la difícil situación económica.

Los resultados, sin embargo, provocaron una tensa situación política. Las dos fuerzas de oposición, el conservador Partido Popular Cristiano (PPC) y el frente marxista Izquierda Unida (IU) y algunos candidatos independientes han acusado al partido de gobierno de fraude electoral, intromisión presidencial, abuso de autoridad e infracciones de las normas constitucionales. El PCC ha anunciado que abrirá acción penal contra los dirigentes del partido aprista, puesto que no pueden hacerlo contra el Presidente por la inmunidad de su cargo.

La IU, por su parte, pidió declarar nulas las elecciones, solicitud que fue negada por el jurado nacional y que el frente marxista anunció que apelará.

La violencia que antecedió los comicios, ha continuado después de ellos. En Chorrillos, un distrito popular de Lima, los simpatizantes de Pablo Gutiérrez, candidato independiente, se enfrentaron a finales de la semana durante dos horas con la Policía, que trataba de impedir que incendiaran la casa del candidato aprista presuntamente ganador, Jorge Meneses, y destruyeran los carteles de la propaganda del APRA.

La solución de la crisis generada después de las elecciones, no será fácil. Aunque el Presidente haya confirmado su respaldo, la situación política y económica del Perú no da para que todas las fuerzas políticas distintas al gobierno se coloquen en una oposición irreflexiva. Los actos violentos generados por los mismos participantes en los comicios y la pretensión de desconocer las elecciones, ciertamente no le hacen ningún favor al país que sigue aún sumido en una profunda crisis, de la cual, despues de todo, sólo podrá salir con el concurso de los diversos sectores políticos, en el gobierno o fuera de él.--

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