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| 9/11/2000 12:00:00 AM

Fórmula audaz

Con Joseph Lieberman, un hombre intachable y judío, Al Gore le pone picante a la aspiración demócrata.

Es partidario del aborto, de la pena de muerte, del sistema de misiles de defensa, pero opuesto al matrimonio del mismo sexo y a la política de ‘no preguntar, no decir’ de las fuerzas militares en cuanto a la orientación sexual de sus miembros. Tener posiciones tan encontradas en los temas críticos, fue clave para que Joseph Lieberman, senador de Connecticut, fuera escogido por Al Gore para ser su compañero en la campaña en la fórmula demócrata por la presidencia de Estados Unidos.

Sólo un hombre así podía complacer a la mayoría. Sobre todo si, tras meses de buscarle fallas, Lieberman resultó completamente limpio. El comité encargado de buscar a los candidatos, dirigido por el ex secretario de Estado Warren Christo-pher, revisó minuciosamente la trayectoria de Lieberman incluidas más de 800 opiniones emitidas cuando era procurador su estado entre 1983 y 1988 y los votos del Senado para asegurarse de que nada pudiera ser usado en su contra.

Y es que los demócratas tenían que reaccionar. Luego de la convención republicana y de la escogencia de Dick Cheney como compañero de su candidato George W. Bush, las encuestas empezaron a mostrar un aumento de la ventaja de éste sobre Gore. Además varios republicanos intentaron ligarlo con el escándalo de Bill Clinton y Monica Lewinsky. Esto instó al actual vicepresidente a escoger un demócrata moderado con un récord perfecto que le ayudara a ganarse el electorado de centro, sin lugar a dudas decisivo en los comicios de noviembre, y que cumpliera el requisito más importante: alguien con la capacidad de asumir la presidencia. Solo un nombre quedaba en la lista, Joseph Lieberman. “El senador de Connecticut era la mejor opción pues marcaba un distanciamiento con el comportamiento inmoral de Bill Clinton, sin desaprovechar el éxito en el manejo económico de la actual administración”, dijo a SEMANA Jonathan Cowden, profesor de la Universidad de Cornell y experto en campañas en Estados Unidos.

Lieberman, a pesar de ser amigo desde hace años de Bill Clinton, fue el primer senador que condenó públicamente el comportamiento del presidente tras conocerse su relación con la becaria. Esa actuación lo convirtió en la conciencia moral demócrata.

La nominación de Lieberman no deja de ser arriesgada, pues es la primera vez que un judío ortodoxo hace parte de una fórmula presidencial de los partidos principales . Aún no es claro cómo va a reaccionar la opinión ni cuál va a ser el efecto en la urnas. Lieberman ha dicho que hay que reconocerle a Gore el haber “derrumbado esta barrera, pues cada vez que se derrumba una se abren oportunidades para el pueblo estadounidense”. Comparó su caso al de John F. Kennedy, quien en 1960 se convirtió en el primer presidente católico. “Si la campaña demócrata logra utilizar el origen étnico-religioso de Lieberman como una muestra de tolerancia será muy positivo para Gore”, dijo Cowden. A pesar de ser sólo el 3 por ciento de la población, los judíos son importantes debido a su poderío económico, sobre todo en Nueva York, uno de los estados clave junto con California, Texas y Florida.

Gore y Lieberman han aceptado no estar de acuerdo en todo pero han rechazado a quienes piensan que Lieberman está más cerca de Bush que de Gore. Para Cowden, “es casi imposible para un candidato a la presidencia encontrar un compañero de fórmula que esté de acuerdo con él en todos los temas”. Además esto puede ser visto como un punto a favor pues demostraría que Gore está dispuesto a escuchar las opiniones de su partido. Lo importante, ha enfatizado Lieberman, es que de resultar ganadores las decisiones que Gore tome como presidente serán apoyadas por Lieberman.

Lo que sí es seguro es que Gore está logrando salir de la sombra de Clinton y eso será más evidente durante la convención demócrata. Al igual que la republicana ésta es una coreografía diseñada para los medios y no un certamen deliberativo. Las protestas paralelas recuerdan la convención demócrata de 1968, cuando el partido que había permanecido por dos períodos en el poder escogió a Hubert Humphrey como candidato en medio de protestas (ver recuadro).

Al escoger a Lieberman, Gore demostró ser audaz y no tenerle miedo a tomar decisiones difíciles. Y el resultado fue inmediato, pues en muchas encuestas la ventaja de Bush quedó reducida al mínimo. Pero sólo en noviembre se sabrá qué pesó más en la nominación de Joseph Lieberman.
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