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| 3/7/1988 12:00:00 AM

FOTO FINISH

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales puede ganar cualquiera

Como los caballos ingleses, de atrás para adelante, un candidato populista se colocó a última hora como firme opcionado para ganar la carrera por la presidencia del Ecuador. Contra todos los pronósticos, las promesas de Abdalá Bucaram, un personaje calificado de folclórico, lograron calar en el electorado del país vecino, y lo colocaron en un privilegiado segundo lugar, que le brinda la oportunidad de convertirse en el próximo presidente del Ecuador en la segunda vuelta, que tendrá lugar el próximo 8 de mayo.

El sistema electoral ecuatoriano exige que, para ser elegido directamente en la primera vuelta de la votación, el candidato debe obtener al menos la mitad más uno de los sufragios. Como se esperaba, ninguno de los 10 aspirantes logró ese apoyo y el primer lugar lo obtuvo el varias veces candidato de la izquierda democrática, Rodrigo Borja, con un poco más del 20% de los votos.

Ese resultado, sin embargo, era el esperado por los observadores. La gran sorpresa como cuando se supo que Bucaram, un ex alcalde de, Guayaquil caracterizado por sus exabruptos públicos y por una extraordinaria audacia verbal, que lo lleva hasta considerarse la reencarnación de Bolívar, logró desplazar del segundo lugar a Sixto Durán Ballén, ex alcalde a su vez, pero de Quito, y candidato del partido en el poder. Según parece, la carga de representar al Partido Social Cristiano, que tiene a sus espaldas el que para muchos ecuatorianos es el peor gobierno de muchos años, fue demasiado para el arquitecto de 66 años.

Pero a esa derrota no sólo contribuyó la incapacidad de Durán para evitar su identificación con un gobierno desprestigiado. En ella influyó también la simpleza y agresividad con que Bucaram presentó sus propuestas, que parecen pueriles: crear un "banco de zapatos, para que ningún niño ecuatoriano camine sin ellos, elevar el salario mínimo de 14.500 a 25.000 sucres, bajar el precio de los productos vitales y crear un banco específico para los pequeños comerciantes".

Ahora los ojos de los ecuatorianos se dirigen a la segunda vuelta, y a las alianzas y tacticas que intentarán los dos candidatos clasificados. El panorama según algunos observadores, es sumamente confuso, pues "los políticos del Ecuador son de principEos firmes sobre bases débiles". En estas condiciones, no se descarta que el ex general Frank Vargas Pazos, famoso por su levantamiento armado del año pasado, y quien ocupó el cuarto lugar después de Durán Ballén, apoye a Bucaram, con lo que sus posibilidades se incrementarían con un 10% del caudal electoral.

Pero aunque Borja se siente seguro de su triunfo, el panorama parece ser más complicado para él. En primer lugar, no puede buscar expresamente el apoyo del gobernante Partido Social Cristiano, al que fustigó acremente durante toda su campaña presidencial, llegando a afirmar que el gobierno de Febres Cordero institucionalizó la ineficiencia y el robo de los dineros públicos. Solamente puede contar, según los observadores, con el apoyo irrestricto del candidato maoísta Jaime Hurtado, quien de todas maneras no podrá aportar una votación considerable.

Pero el mayor obstáculo que deberá enfrentar Borja es la manifiesta indefinición del electorado de un país muy susceptible a los ofrecimientos populistas y a las actitudes teatrales.
Al hecho de que Bucaram ha caracterizado su lucha contra el candidato puntero como "El pueblo contra la oligarquía", y a sus promesas electoreras, se suma el regionalismo, que en Ecuador enfrenta en forma acérrima a las provincias costaneras con las del interior, la "Sierra". Puede anticiparse que Guayaquil votará como un solo hombre a favor de Bucaram, con lo que el resultado de las elecciones puede dar un vuelco sorpresivo.

Sea como sea, las crecientes opciones de Bucaram han creado un clima de pánico en medios empresariales, pues nadie parece saber qué sería capaz de hacer el "Hitler criollo" con su país. Como terceros en discordia, y con poder suficiente para desestabilizar el gobierno, están los militares, que conforman un estamento altamente politizado, al punto de que, se afirma, que el presidente Febres Cordero, quien tiene malas relaciones con la Fuerza Aérea, no viaja en sus aviones sino en una aeronave mantenida por el ejército. No se descarta que, de ganar Bucaram, los militares le cobrarán los insultos que motivaron una demanda penal contra el entonces alcalde de Guayaquil y que lo llevaron a autoexiliarse en Panamá, de donde regresó para encabezar su exitosa aventura política.

Por lo pronto, las consecuencias del clima de incertidumbre ya se han comenzado a sentir, con el disparo del sucre, que llegó en pocos días a la cotización récord de 310 por dólar.
En medio de una especie de piñata política, los ecuatorianos esperan con una tensión sin precedentes los resultados de la segunda vuelta de mayo próximo. --
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