Martes, 30 de septiembre de 2014

| 2013/03/16 20:00

Francisco, una luz para la Iglesia

Qué significa la llegada del primer papa latinoamericano y jesuita en la historia de la Iglesia católica.

Francisco, una luz para la Iglesia Foto: Reuters

Si los católicos del mundo querían recibir de la Iglesia apostólica y romana más que mensajes de humo para estos tiempos modernos, el que salió el miércoles pasado de la Capilla Sixtina fue tan claro y poderoso que solo el tiempo, que es lo más parecido a Dios, ayudará a descifrarlo.

Algo en Roma está cambiando. No por otra razón la curia romana podría haber escogido a un no europeo como Francisco, hijo de un continente en el que vive casi la mitad de los católicos del mundo, pero en donde las desigualdades económicas y sociales son enormes; que ha estado al lado de los pobres y desamparados, que es miembro de una de las órdenes que está haciendo uno de los mejores trabajos pastoral, pero también que defiende con fuerza los principios fundamentales de la Iglesia, como el respeto a la vida o el rechazo al matrimonio gay. Hasta hace un poco más de un mes, los papas no renunciaban, no hablaban de lo que pasaba en la Iglesia y no eran de fuera de Europa. 

No solo la Iglesia católica envió un mensaje al escoger a este argentino de 76 años para hacerle frente a la crisis por la que atraviesa. El propio Francisco envió otros, no solo con sus palabras antes de impartir la bendición Urbi et Orbi, sino con toda la simbología que se vio en la Logia Exterior de la Plaza de San Pedro. Salió vestido con la túnica blanca, sin la estola papal o la capa. 

El único acompañante fue un Cristo metálico, pero no de oro. Pidió la bendición y las oraciones de los feligreses antes de impartir la suya, y lo acompañaron pocas personas, entre ellos su amigo y anterior arzobispo de São Paulo, Claudio Hummes, dejando en claro que se vienen cambios en las relaciones de poder en el Vaticano. Esto dejaría ver, según varios jesuitas consultados por SEMANA, que el papado de Francisco estará volcado en una nueva evangelización y será austero, lo que lo pondrá sin duda a enfrentar la rica curia romana, que terminó derrotada y desprestigiada. 

Si los retos del sucesor de Benedicto XVI eran grandes, ahora lo son más para el primer papa latinoamericano de la historia. Su primera tarea será devolverle la confianza a los creyentes, que se han alejado no solo por los escándalos de pederastia, los manejos oscuros del Banco Vaticano o la filtración de documentos privados, sino por sus posturas conservadoras frente a temas tan sensibles como la anticoncepción, el aborto, la eutanasia o el matrimonio gay. 

La clave estará en la Nueva Evangelización, un asunto al que Benedicto XVI le dio mucha importancia y que fue el tema del último sínodo de obispos realizado en octubre pasado. De este encuentro salieron directivas que están por ejecutarse. Esta nueva evangelización responde a las preguntas que se ha hecho la Iglesia desde hace tiempo, en el sentido de si está usando el lenguaje adecuado para el mundo de hoy. 

Si la misión de la Iglesia y sus servidores es las de dar sermones, llevar a la gente a misa, ofrecer sacramentos e impartir condenas y absoluciones, o si por el contrario deben estar al lado de las personas, en especial los más pobres y desamparados, en su lucha por cambiar sus vidas y sus realidades a través del Evangelio y el ejemplo. Y en esto sí que América Latina, los jesuitas y el propio Francisco tienen experiencia. 

“La nueva pastoral que se plantee a los sacerdotes y religiosas es la de ser más padres y amigos que jueces. Pero no será fácil, pues implica cambiarle la mente a tanto curita y obispo inflexible y tajante frente al pecador o al desviado. La meta es evitar el desangre de fieles y regresar a los bautizados a vivir en armonía con los principios cristianos?, dice el periodista, exsacerdote y director de la revista católica Vida Nueva, Javier Darío Restrepo.

Esta nueva evangelización también busca enfrentar a las Iglesias evangélicas (pentecostales, adventistas, metodistas…) que le han hecho mella al catolicismo, especialmente en América Latina. Mientras que en 1996, según el Latinobarómetro, el 80 por ciento de los habitantes era católico y el 4 por ciento evangélico, en 2010 los católicos cayeron al 69 por ciento y las demás Iglesias de fe crecieron al 13 por ciento. Brasil, el país con más católicos, tiene hoy al 22 por ciento de sus habitantes en Iglesias pentecostales. Sin embargo, el número de católicos se ha mantenido por el crecimiento poblacional.

El segundo gran reto del nuevo papa estará en continuar la labor que estaba haciendo Benedicto XVI de acercar a la Iglesia a los bautizados a quienes hoy poco les importa su condición de católicos. En esta nueva evangelización, la experiencia de algunas órdenes o países como Colombia deberá enfrentarse a la inflexible doctrina católica. La Iglesia podrá ponerse del lado de los pobres, los inmigrantes, los ilegales y los desprotegidos, pero estará en contra del aborto, la eutanasia o el matrimonio gay. 

Para el cardenal primado de Colombia y arzobispo de Bogotá, Rubén Salazar, “la Iglesia siempre va a mantener su posición de respeto a la vida y no va a ceder, porque partimos del principio de que la vida hay que respetarla en todo momento, en especial en sus etapas más débiles, que son cuando empieza el embrión a formarse y en sus momento más duros, como las enfermedades terminales o en los últimos minutos existencia”. 

El tercer reto estará no solo en mantener y acercar los lazos con las otras Iglesias, sino en resolver asuntos espinosos como el celibato, la participación de las mujeres en cargos eclesiales, el papel de los Legionarios de Cristo o los obispos de la tradicionalista Sociedad de Pío X. Y resolver la cuestión planteada por el impulso de los últimos años a la misa tridentina medieval mientras se desestimulan las misas carismáticas y se condena –como hicieron Juan Pablo II y Benedicto XVI– a las ideas y a los líderes de la Teología de la Liberación. 

El cuarto y más difícil asunto son los serios problemas en la curia y en el Vaticano. El primero y más espinoso es el de los casos de pederastia, que tanto agobiaron a Benedicto XVI. Los fieles exigen que la limpieza se termine, que los responsables se dejen de esconder en privilegios canónicos y asuman sus culpas frente a la justicia ordinaria. Eso no tiene marcha atrás, pero el desgaste será grande, además de abrir necesariamente la discusión sobre el valor del celibato de los sacerdotes en medio de una sociedad dominada por el sexo. Benedicto le hizo el quite a las propuestas de flexibilizarlo para que aquellos sacerdotes que no se comprometan con él puedan seguir en la Iglesia. Y aquí se abre otra discusión: la mujer sacerdote, que se ha empezado a considerar más abiertamente, pues la mujer ha irrumpido en todos los campos y las ha llevado a hacer profundas preguntas sobre el tema desde la teología y los evangelios.

La quinta gran tarea del nuevo pontífice es la de terminar, por un lado, de sanear financieramente el Banco Vaticano, y por el otro, según el sacerdote jesuita y miembro del Cinep, Alejandro Angulo, la de, ‘deseuropeizar’ el catolicismo y acercarlo mas al tercer mundo, el lugar que además de tener la mayoría de fieles católicos, es donde se pueden ganar más fieles.

Hans Küng, el otro gran teólogo de los últimos tiempos junto a Joseph Ratzinger, ha dicho hasta la saciedad que el papado –concebido en la época medieval– se ha convertido en una institución de dominio que divide a la Iglesia. Esto ha hecho, por ejemplo, que las posturas conservadoras de Benedicto XVI o de Juan Pablo II sean impuestas como doctrina para todos los católicos, quienes no son escuchados ni participan en ninguna decisión. Ese poder le ha permitido nombrar a funcionarios ultraconservadores en puestos clave en la curia, u obispos reaccionarios alrededor del mundo. La pregunta es si Francisco mantendrá esta Iglesia piramidal o si la abrirá a ser más colegiada.

Las tareas para uno de los hombres más poderosos sobre la Tierra son muchas más. Lo importante es que detrás del humo blanco comenzó un cambio en la Iglesia que aparece alentador. La elección del primer papa jesuita rompe la historia de esta orden y de la misma Iglesia, y pone necesariamente a su servicio las valiosas experiencias que esta congregación ha realizado en muchas partes del mundo, así como su ética, que en sus mas de 500 años de historia ha estado blindada de los escándalos que ha sufrido el episcopado.

Pero quizás el mayor servicio que pueda prestar un jesuita en el trono de Pedro es su vocación evangelizadora, la cual quedó demostrada en su primera homilía ante los obispos que lo eligieron: “Si no profesamos a Jesucristo, nos convertiremos en una ONG piadosa”. 

 

¿Concilio Vaticano III?


Medio siglo después de que el papa Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II, que sería culminado en 1967 por Pablo VI, algunos expertos hablan de la posibilidad de que Francisco pueda convocar un nuevo concilio. Como se sabe, este encuentro –al que asistieron más de 2.000 sacerdotes de todo el mundo– modernizó a la Iglesia y acercó a los fieles a los templos y a la religión.

La crisis por la que atraviesa la Iglesia, junto a la línea de pensar y de actuar de Francisco, han hecho pensar en la necesidad de convocar un nuevo concilio que ponga a tono a la Iglesia con el lenguaje y las necesidades de sus fieles, y mitigue muchos de los problemas que aún no se han resuelto.


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