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| 4/26/1993 12:00:00 AM

FRENAZO OPORTUNO

El fantasma de una guerra civil nuclear y de la disolución del país hicieron que los políticos rusos bajaran el tono.

EL ENFRENTAMIENTO PARECIA INEVITAble. El sábado 20 de marzo, el presidente ruso Boris Yeltsin proclamó un "régimen especial" para asumir todas las tareas gubernamentales. El anuncio fue seguido por la declaratoria de ilegalidad decretada por el Tribunal Constitucional, lo que abrió el camino para su destitución por el macroparlamento. Ante ello, Occidente contuvo el aliento. La reunión del viernes del Congreso de Diputados del Pueblo prometía convertirse en el campo de batalla del que saldrían todas las definiciones.
Pero al llegar ese día, el panorama cambió. Aunque Yeltsin insistió en un plebiscito sobre su proyecto de constitución presidencialista, admitió que el programa económico de shock debería ser desacelerado y combinado con medidas sociales, mientras dejó entrever su disponibilidad para un gobierno de coalición. El presidente del Congreso Ruslan Khasbulatov aclaró que no quería la cabeza del presidente, sino establecer límites al poder omnímodo de éste. Aunque los diputados nacionalistas y comunistas insistieron en la salida del presidente, una mayoría se pronunció en contra.
La razón para que los dirigentes rusos decidieran solucionar sus problemas a las buenas, es que tuvieron una semana para darse cuenta cuán cerca estaban del abismo. Las manifestaciones de uno y otro lado se hicieron cada vez más radicales, y el temor por la anarquía y al caos crecieron rápidamente. Eso le dio una dimensión adicional al problema de la inestabilidad del ejército. Hay unanimidad en el sentido de que si el presidente o el Parla mento trataran de usar el ejército para implementar sus medidas políticas, las fuerzas armadas se dividirían, y que ello llevaría al país a la guerra civil.
Lo cierto es que los militares rusos sufren ahora una desmoralización generalizada. Su comandante, el general Pavel Grachev, reafirma constantemente su neutralidad. Pero nada ga rantiza que llegado el momento, sus tropas -que se presumen divididas por las mismas líneas que separan a la población- obedezcan sus órdenes. Otro riesgo es que con la destitución de Yeltsin se rompa la línea de mando de las armas nucleares y que lo que se presentara sea una guerra civil nuclear.
Pero aun con un panorama menos apocalíptico, la actitud firme de los gobernantes de las 16 repúblicas integrantes de la Federación tuvo un peso específico. Esas entidades territoriales han venido ejerciendo -por concesión de Moscú o por su propia iniciativa- un poder excluyente del central, y sus normas tienen generalmente prioridad sobre las dictadas desde el Kremlin. Nada impediría que ante un caos generalizado en Moscú, las repúblicas tuvieran mayor incentivo para una secesión que en algunos casos es un sueño acariciado durante siglos. Murtaza Rakhimov presidente del Parlamento de Bashkiria, habló por la mayoría cuando dijo que "no aceptamos la dictadura en mi país. Ni yo ni nuestro gobierno hemos tenido ni tendremos jamás que responderle al presidente ruso, no importa cuáles decretos apruebe".
Esas perspectivas parecen haber asustado a los belicosos políticos rusos, que en ausencia de tradiciones democráticas, parecen más propensos a los gestos teatrales que al manejo diario del país. Por lo pronto el temporal parece capeado? pero aún falta mucha tela por cortar en la crisis institucional de Rusia.
LOS SERBIOS, AISLADOS
LOS BOSNIOS Y LOS CROATAS firmaron el jueves pasado el plan de paz para Bosnia-Herzegovina propuesto por los comisionados de la ONU, Cyrus Lance y David Owen. El hecho podría convertirse en un hito importante porque la negativa de los bosnios-serbios les sin gulariza como responsables del conflicto.
Ni el presidente de Bosnia. Alija Izetbegovic ni el representante de los croatas, Mate Boban se declararon satisfechos por el acuerdo que divide al país en 10 regiones y establece un compromiso para la organización institucional. Pero ambos coincidieron en que era la mejor manera de suspender unas hostilidades que ya han causado más de 100.000 muertos.
Pero el presidente de la "República Serbia de Bosnia", Radovan Karadzic se negó porque "Bosnia ya no existe en realidad" y la repartición no corresponde a sus conquistas , que en las últimas semanas han lanzado una sangrienta ofensiva para mejorar sus posiciones. Pero el hecho tendrá grandes repercusiones. Izetbegovic aseguró que Washington le prometió levantar el embargo de armas si firmaba, lo que compensaría el desequilibrio de la contienda. Además como el Consejo de Seguridad ya endosó el plan, se esperan sanciones más severas para renuentes, incluido el establecimiento de una zona de no vuelo sobre Bosnia.
Pero la mejor demostración de que la balanza internacional se inclina es la actitud del presidente de lo que queda de Yugoslavia, Slovodan Milosevic. Ahora parece que este gran soporte de los bosnios-serbios quiere montarse en el tren de la paz lo que indica que las sanciones contra su país están dando resultado.
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