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| 8/20/1984 12:00:00 AM

FRITZ, EL MAGNIFICO

La convención demócrata habló: la carrera esperada por todos será entre Walter Mondale y Ronald Reagan

La voz del delegado de Nueva Jersey se dejó oír clara en medio del bullicio existente en el centro de convenciones Moscone de La ciudad de San Francisco: "El estado de Nueva Jersey le dio a Walter Mon dale sus votos en junio 5 para que é se convirtiera en triunfador de las primarias, y se los da ahora para que se convierta en candidato oficial de Partido Demócrata. El Estado de Nueva Jersey le da 115 de sus 122 votos al próximo Presidente de los Estados Unidos, Walter F. Mondale", Con esas palabras, el hijo de un predicador metodista del Estado de Minnesota, alcanzó el miércoles pasado al filo de la media noche, hora colombiana, el sueño de ser escogido por el Partido Demócrata norteamericano para que se enfrente el próximo seis de noviembre al republicano Ronald Reagan en las elecciones que decidirán el curso que tomará el país más poderoso de Occidente en la presente década, influyendo indirectamente en la vida cotidiana del resto de naciones del planeta.
Al cierre de una campaña por la nominación que empezara apenas días después de que hubiera "perdido" su puesto de vicepresidente en la administración Carter, Walter Mondale confirmó los pronósticos y se alzó con el triunfo en una de las más costosas y arduas primarias de que se tenga memoria. La aparición en el firmamento político de dos nuevas estrellas--el líder negro Jesse Jackson y el senador por Colorado Gary Hart-casi acaba con las aspiraciones de Mondale y con la unidad de los demócratas. Sin embargo, después de la convención de la semana pasada, se vio claramente que ese partido está unido en su ánimo de derrotar a Ronald Reagan y que las heridas abiertas en los últimos meses se han cicatrizado más rápido de lo que se creía en un principio.
Aunque el camino que tienen enfrente los demócratas es esencialmente empinado--la más reciente encuesta Gallup muestra a Mondale 14 puntos por debajo de su oponente- la cohesión mostrada por los demócratas en San Francisco ha dejado en claro que,pese a ser difícil, vencer a Reagan no es imposible. Tal como lo anotara el respetado comentarista Walter Cronkite: "La aparente solidez de la actual administración no es eterna y puede verse amenazada por un imprevisto que cambie sustancialmente la disposición de las cartas sobre la mesa".
Con el discurso de aceptación que pronunciara Mondale el jueves en la noche, se clausuró definitivamente la etapa de las elecciones primarias, la cual probó ser especialmente rica en sorpresas. Entre los elementos novedosos, se destaca la aparición de Jesse Jackson quien apenas 20 años después de que la ley de igualdad de derechos civiles que le dio igual estatura legal a negros y blancos fuera firmada por Lyndon Johnson, consiguió el 21% de los votos demócratas. Si bien Jackson no logró despertar en el ánimo de los votantes blancos la misma emoción que consiguiera entre los constituyentes de color, su esfuerzo puso de presente los problemas de una minoría que sigue oprimida y cuyos problemas se han empeorado desde que Ronald Reagan llegara a la Casa Blanca.
En la misma forma, las primarias dieron oportunidad de conocer a Gary Hart, un senador a quien los observadores no daban posibilidades de triunfo y cuya campaña estuvo a punto de alzarse con la victoria en más de una oportunidad, gracias a su tema de las "nuevas ideas" que atrajo a miles de jóvenes. Sin embargo, quizá el hallazgo más importante de la carrera por la nominación fue el de revelar el verdadero lemperamento político de Walter Mondale, quien desde 1974 había sido criticado por su aparente falta de espíritu de lucha.
Después de una serie de derrotas iniciales que lo pusieron al borde del descalabro total, Mondale tuvo la frialdad necesaria para responder a las exigencias del momento y voltear la balanza a su favor. La actitud de Mondale contrasto con la que tuviera hace una década cuando siendo un senador por Minnesota no se lanzó a la presidencia por falta de motivación, dejando con los crespos hechos a mi les de sus partidarios.
Con todo, lo reñido de la lucha dejó una serie de grupos inconformes en el seno del Partido Demócrata. En el calor de la contienda, Hart, Jackson y Mondale se hicieron mutuos cargos que dejaron en los observadores la impresión de un "desorden ideológico", imposible de desenredar. Con tales expectativas se encaminaron los candidatos y sus delegados a la convención que debía decidir no sólo al nominado, sino tambien presentar a la nación entera una atmósfera de cordialidad absoluta.
Los momentos previos a la convención no fueron muy alentadores. Decidido a darle a su candidatura una mayor fuerza en el sur del país, Mondale decidió nombrar a Bert Lance como director nacional de su campaña y apoyar a éste para que, al mismo tiempo, desbancara a Charles Mannat de su puesto de director del partido. La movida probó ser equivocada.
No sólo los miembros del partido se agruparon junto a Mannat quien ha hecho un buen trabajo, sino que Lance fue atacado debido a que en 1977 tuvo que retirarse de la administración Carter donde servía de director de presupuesto bajo cargos de conducta impropia. Al cabo de una serie de estratagemas, Mondale finalmente retiró el nombre de Lance y Mannat conservó su puesto (Lance sigue de director de la campaña). El impasse, ampliamente divulgado por los medios de comunicación, fue penoso para Mondale, especialmente en visperas de la convención,y generó nuevas dudas sobre sus verdaderas capacidades.
Afortunadamente para los demócratas, ese ambiente de incertidumbre se disipó rápidamente en el primer día de la convención cuando el gobernador del Estado de Nueva York, Mario Cuomo, pronunció un electrificante discurso en el cual pidió la unidad del partido y la derrota de Reagan, además de esbozar la plataforma demócrata en las elecciones: la defensa del pobre, la limitación a la carrera armamentista, el rechazo a la intervención armada, el aumento de la seguridad social y el respeto de las libertades individuales, entre otros puntos.
La unidad de la que habia hablado Cuomo recibió su prueba de fuego el martes 17 cuando Jesse Jackson quien había criticado duramente ciertas posiciones del partido, subió al podio de los oradores. Para sorpresa de muchos, Jackson adoptó un tono conciliatorio y pronunció quizás el mejor discurso de su carrera politica, enfatizando en su voluntad de "apoyar sin condiciones a quien se elija en esta convención". Los aires de reconciliación se instalaron definitivamente al dia siguiente cuando dos horas antes de la votación para elegir al nominado, Gary Hart pronunció otra brillante pieza en la que, sin bajar la cabeza, disipó cualquier duda sobre su insurrección. De ahi en adelante las horas pertenecieron a Waltel Mondale y cuando al final de la semana los delegados se disponian a regresar a sus lugares de origen el Partida Demócrata--en boca de un analista--"ha tenido su terapia y ahora se encuentra recuperado".
La forma ordenada en que la oposición se comportó en San Francisco, no debió sonarle muy bien al "tiquet" republicano. Pese a la cómoda ventaja que tienen en las encuestas, no hay duda que la fórmula Mondale --Ferraro puede jugarle malas pasadas a la balota ReaganBush. Si la experiencia de las primarias sirve de algo, es evidente que Mondale prefiere estar a la caza que ser el favorito y con el partido respaldándolo en forma monolítica puede llevar lo que hoy es una carrera desigual a una competencia que se decida "por una nariz". La verdadera campaña hasta ahora está comenzando y en manos de Mondale está la posibilidad de recortar la distancia. -
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