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| 7/8/1985 12:00:00 AM

FRONTERA CALIENTE

Los últimos incidentes fronterizos entre Nicaragua y Costa Rica reviven el fantasma de la intervención militar de EE.UU. en la zona.

El gobierno que preside Luis Alberto Monge le ha infligido un nuevo golpe al Grupo de Contadora, al descartar por "ineficaz" la intervención de la Comisión de Supervisión y Prevención de Incidentes en la investigación del violento y confuso episodio fronterizo registrado el primero de junio último en la localidad tica de Las Crucitas y en el que resultaron muertos dos agentes de la Guardia Civil costarricense.
Aunque Monge intentó disimular el ataque, proponiendo simultáneamente que los cancilleres de Contadora se reúnan en sesión extraordinaria para analizar el nuevo conflicto entre los dos países, sus intenciones resultaron transparentes al pedir y lograr que el litigio sea analizado por la OEA a través de su Consejo Permanente.
El viejo organismo panamericano había quedado convertido literalmente en un "cascarón vacío" desde los agitados días de la Guerra de las Malvinas, durante los cuales se evidenció su inoperancia para evitar que una potencia extracontinental mantuviera por la fuerza sus privilegios coloniales, en contra de uno de los países miembros.
Fue precisamente esta inoperancia de la OEA la que generó el espacio para el surgimiento del Grupo de Contadora, que la mayoría de los países de la comunidad internacional siguen considerando apto para promover la pacificación en Centroamérica.
Pero el actual gobierno de Costa Rica -que adhiere retóricamente a los principios que dieron origen al Grupo y sigue proclamando su status de país neutral- se ha especializado en torpedearlo.
Ahora Monge vuelve a la carga, después de la última reunión de los vicecancilleres de Contadora con sus colegas de los países centroamericanos que, a juicio de muchos observadores, había resultado sorprendentemente positiva. Y lo hace, además, con amenazadora estridencia, anunciando por ejemplo, una posible invocacion del TIAR.
Aunque el TIAR aparece ante la comunidad latinoamericana de naciones como un instrumento aun más obsoleto que la OEA (y también a causa de la Guerra en el Atlántico Sur) y aunque una eventual convocatoria carece de las bases más elementales para prosperar, porque Nicaragua no es precisamente "una potencia extracontinental", la mera enunciación causo inquietud y tensión en varias capitales del subcontinente y, muy particularmente en México.
En círculos políticos y diplomáticos se tejieron las más diversas conjeturas, con un denominador común: la posibilidad nada fantasiosa de que el conflicto Costa Rica-Nicaragua pudiera ser el pretexto para la temida intervención militar norteamericana.
Fuentes cercanas al sandinismo señalaron a este corresponsal que Costa Rica, pese a su alineamiento cada vez más estrecho con la administración Reagan, dispone aún en la comunidad internacional de una imagen más democrática y "potable" que Honduras. Aunque en términos militares Honduras es la real base de operaciones del South Comm (Comando Sur) asentado en Panamá y una eventual invasión a Nicaragua provendría de ese territorio; Costa Rica se visualiza como el marco político más adecuado para la justificación de un proyecto intervencionista.
Si bien nadie considera que esa intervención pueda ser inminente y todos prefieren creer que se trata de un paso más en la política de hostigamiento de EE.UU. al gobierno sandinista, preocupó la coincidencia de los desplantes de Monge con la aparición de un sugestivo artículo en el New York Times del martes pasado en el que altas fuentes castrenses estadounidenses proclaman que, en términos militares, la invasión a Nicaragua seria "un paseo", algo tan fácil como "cortar un árbol" y anuncian (lo cual es más grave) que están listos todos los preparativos para una eventual invasión y que sólo se aguarda la decisión política para lanzarse.
SEMANA dialogó en México con el embajador de Nicaragua, Edmundo Jarquín (ex ministro del gobierno sandinista en el área económica internacional). El diplomático declaró que la comunidad internacional está "advertida de que Estados Unidos promoverá incidentes artificiales entre Costa Rica y Nicaragua, para viabilizar una acción más directa del gobierno norteamericano. Por dos razones: Las serias derrotas de la "contra" tanto en el Norte como en el Sur y la fuerte oposición que la administración Reagan ha encontrado en el Congreso para financiar a las fuerzas contrarrevolucionarias".
Jarquín piensa que si Costa Rica está realmente decidida a evitar incidentes de esta clase, debería apoyar la propuesta nicaraguense de crear una "zona desmilitarizada" bajo la supervisión internacional de los países del Grupo de Contadora y Francia.
El diplomático considera que Monge "le ha dado un golpe bajo a Contadora al pretender que una Comisión de Observadores de la OEA investigue el incidente, a sabiendas de que el Grupo dispone de su propia Comisión de Supervisión y Prevención de Incidentes". Pero, a la vez, cree que como en toda crisis, Contadora podría salir fortalecida si impulsa la propuesta nicaraguense. "Pasaría de su rol actual de contención a iniciar el proceso para una solución".
Al cierre de esta edición se reunía el Consejo Permanente de la OEA, momentáneamente revitalizado por la iniciativa costarricense decididamente apoyada por Washington. Cuando este articulo sea publicado México ya habrá sostenido en el seno de la Organización de Estados Americanos que el contencioso debe girarse a Contadora. La posición de Tlatelolco busca finalmente encontrar un punto de coincidencia con el gobierno de San José que ha reclamado una reunión extraordinaria del Grupo.
La OEA ha respaldado en el pasado reciente a Contadora. La nueva confrontación puede resultar ilustrativa de las posiciones actualizadas de los distintos países y de la correlación de fuerzas entre quienes se oponen con mayor o menor energía al intervencionismo y quienes llegarían a aceptarlo.
El debate, además, servirá para cotejar posiciones entre la propia OEA y Contadora. Si el organismo responde a su tradición "panamericanista" o dicho de manera más clara: si cede a las presiones de la Casa Blanca, se inclinará por la clásica Comisión de Observadores; si por el contrario, responde a esa solidaridad latinoamericanista que (al menos en el plano retórico) cobró vigencia después de Malvinas, deberá girar el tema a Contadora.
Por muchas razones ésta no es una reunión más. Y puede haber sorpresas desagradables para quienes aspiran a la paz en Centroamérica. Será necesario analizar con detenimiento las conductas de los distintos representantes. Inclusive las de dos paises de Contadora que, según versiones que circularon en medios diplomáticos, podrian inclinarse por encomendar a la OEA la inspección del incidente.
En la OEA vuelve a jugarse una vez más la suerte de este verdadero "ave Fénix" de la diplomacia que es Contadora. Si hay un retroceso político crecerá el fantasma cada vez más cercano de la guerra.

¿QUIEN ARMO LA EMBOSCADA?
Elider González Villegas, uno de los guardias civiles heridos en el incidente fronterizo de "Las Crucitas", cerca de la frontera con Nicaragua, declaró a una emisora costarricense que no logró identificar a los agresores, porque estaban camuflados. "Sólo veíamos de donde salía el fuego".
Su colega, el guardia "tico" Muñoz Morgan manifestó asimismo: "No estoy seguro de que fueran soldados sandinistas" pero descartó que pudieran ser, por ejemplo, miembros de ARDE, "porque nunca hemos tenido problemas con los contrarrevolucionarios".
El presidente Monge y su canciller, Carlos José Gutiérrez aseguran que fueron tropas sandinistas las que emboscaron a una patrulla de la Guardia Civil de Costa Rica, en territorio "tico", el pasado viernes 31 de mayo. Tanto la cancillería nicaraguense como el presidente Daniel Ortega lo han rechazado enérgicamente.
El director de la Guardia Civil costarricense, coronel Oscar Vidal afirmó en San José ante un grupo de periodistas extranjeros que el comandante sandinista Roberto Calderón, a cargo de la región sur del país, le había manifestado telefónicamente que "era posible que por error", las fuerzas sandinistas hubieran disparado contra los 21 guardias civiles, pero negó categóricamente que hubieran incursionado en territorio costarricense.
Es muy difícil precisar lo que ha ocurrido. Algunas fuentes simpatizantes del sandinismo sostienen que puede tratarse de una maniobra provocada por la CIA norteamericana que cuenta con una presencia creciente en el lugar, especialmente desde que 20 "asesores norteamericanos" entrenan a 400 efectivos de la Guardia Civil. El gobierno de Managua ha insinuado también a traves de voceros oficiosos que la autoría del episodio se debería a las fuerzas de ARDE que, ante sus crecientes reveses militares, han buscado deteriorar hasta un límite muy peligroso las ya difíciles relaciones entre los dos países vecinos. Error o montaje, lo cierto es que el incidente no debería desencadenar una guerra.
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