Viernes, 24 de febrero de 2017

| 1990/07/09 00:00

FRONTERA EN LLAMAS

Surge nueva fuente de problemas para Moscú por enfrentamientos entre dos repúblicas soviéticas

FRONTERA EN LLAMAS

El pasado lunes 4 de junio, mientras Gorbachov se despedía de Bush en la Casa Blanca tras varios días de conversaciones, en la URSS la situación de orden público volvió a complicarse. Esta vez el turno le llegó a la república de Kirguizia, vecina de la convulsionada Uzbekistán.

Los problemas comenzaron ese día, cuando por lo menos un millar de kirguizos -en su mayoría jóvenes estudiantes intentaron tomarse un complejo de parcelas habitado en un 90% por uzbecos, que en número cercano a los 10 mil le hicieron frente a los invasores. En realidad, lo que buscaban estos hombres era protestar por la falta de vivienda y de comodidades que soportan los nativos de Kirguizia, pueblo que a traves de los años se-ha visto desplazado por la llegada a la región de inmigrantes de otras repúblicas soviéticas, especialmente de Uzbekistán.

Históricamente, los kirguizos han sido nómadas dedicados a la cría de ovejas, principal renglón de la economía de la república. Por eso, cuando se comenzó a implantar la industria de la seda y la agricultura por orden de Moscú, los nativos fueron siendo desplazados en favor de los inmigrantes que pasaron a ocupar las mejores tierras y a recibir mayores beneficios del Estado.

Lo que comenzó como una refriega local, se fue extendiendo a toda la república y contó con el apoyo mayoritario de los habitantes kirguizos. La primera en sufrir las consecuencias fue la ciudad de Osh, cercana a la frontera con Uzbekistán y principal ciudad de la región en la que se encuentran las parcelas en disputa, donde grupos de jóvenes exaltados destruyeron parte del comercio y amenazaron con tomarse varios puestos de policía. Según informaciones provenientes de Moscú, algunos de los manifestantes lograron alzarse con ametralladoras del ejército.
Frunze, la capital de la república, también fue epicentro de marchas y desórdenes, que crecieron a medida que pasaban los días. El pasado jueves 7, por lo menos 4 mil manifestantes se tomaron la plaza principal de la ciudad y exigieron la dimisión del gobierno y la convocatoria a elecciones. Según la agencia Tass, el saldo trágico de cinco días de disturbios es de 48 muertos y 333 heridos -42 de ellos, miembros de las fuerzas armadas.

Pero las cosas no pararon ahí. Por estar las parcelas situadas cerca de la frontera, se presentó una gran movilización tanto de uzbecos como de kirguizos, que, al cierre de esta edición, estuvo a punto de convertir el episodio en toda una guerra entre las dos repúblicas. Los uzbecos querían acudir en ayuda de sus compatriotas, mientras que los kirguizos pretendían vengarse de sus vecinos y evitar una invasión.
En las dos regiones debieron movilizarse los militares hasta la frontera para evitar que las cosas llegaran a mayores. Para colmo de males, a los uzbecos se les despertó su fervor nacionalista y se acordaron de que la región donde se iniciaron los desórdenes les perteneció en un pasado no muy lejano.

De los 4.1 millones de habitantes de Kirguizia, apenas el 48% es de allí. El resto son soviéticos, uzbecos, alemanes étnicos y de otras repúblicas soviéticas.
Aunque tiene una extensión de 198.500 kilómetros cuadrados, lo cierto es que el 80% de la población vive en la región vecina de Uzbekistán, donde se encuentran las tierras más fértiles y donde ha prosperado la industria de la seda -esta república es la primera generadora del producto en el área socialista-, la agricultura, el tabaco y la industria vinicola.

Por el momento, se nombró al coronel Félix Kulov -viceministro del Interior comandante de la capital para hacerle frente a los desórdenes. Mientras tanto, Moscú ve con preocupación las cosas y el ministro del Interior de la URSS, Vadim Bakatin, no dudó en tildar la situación de "sumanente complicada". También, en declaraciones que no dejan de tener mucha gravedad, dijo que el conflicto fue provocado por "la estupidez, la arrogancia y la actitud burocrática en la distribución de parcelas, cuando se ignoraron los intereses de una etnia". Al cierre de esta edición aún no estaba claro qué iba a pasar en Kirguizia, pero todo parecía indicar que se haría necesaria la mano de Gorbachev para sofocar este nuevo incendio doméstico.-

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