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| 9/6/1982 12:00:00 AM

FRONTERAS TURBULENTAS

El cuerno de Africa vive nuevos choques entre Etiopia y el régimen de Mogadiscio.

FRONTERAS TURBULENTAS FRONTERAS TURBULENTAS
Las escaramuzas militares que desde hace años ensangrientan la frontera etiope somali han tomado, una vez más, las características de una verdadera guerra.
Los combates se reiniciaron el 5 de julio, cuando aviones y blindados etiopes invadieron la región de Galfadud, en Somalia Central. Poco después, los enfrentamientos se extendieron a otros puntos como la región de Hiran (cuatrocientos kilómetros al norte de Mogadiscio, capital de Somalia) y a la zona fronteriza de Mudug. Estas acciones son las más importantes después de la "Guerra del Ogadén" que concluyó en 1978 con la derrota de Somalia.
La noticia del conflicto sorprendió a los observadores porque no hacia un mes que ambos paises parecían haber adoptado la vía de la distensión.
Mengistu Haile Mariam, jefe del Estado etíope, expresó su deseo de llegar a coexistir pacificamente con su vecino, mientras que el presidente somali, general Mohamed Siad Barre, respondió proponiendo un "diálogo constructivo".
Iniciadas las hostilidades, el gobierno etiope desmintió la participación de su ejército en ellas, afirmando que Somalia encaraba una sublevación popular, dirigida por el Frente Democrático de Salvación de Somalia (FDSS). Nacido en octubre pasado gracias a la unión de tres grupos somalies antigubernamentales, el FDSS recibe apoyo económico y militar del régimen etiope y del líder libio Khadafi, y cuenta con una importante emisora instalada en Etiopia. El Frente, según observadores occidentales, tendria unos dos mil combatientes muchos de ellos venidos de Somalia y del norte de Etiopia.
Ogadén es una región semidesértica que se adentra cortando como un pico el territorio vecino. Aunque actualmente dicho territorio pertenece a Etiopia, parte importante de su población la constituyen grupos étnicos somalies. Por ese motivo Mogadiscio reivindica la "reconquista" del Oga dén, a la que llama su "provincia perdida", invocando el derecho a la autodeterminación de los pueblos y los existentes lazos culturales, étnicos y linguísticos de tales grupos. Addis Abeba, por el contrario, se apoya en el respeto a las fronteras heredadas de la colonia que le son favorables.
En realidad, el contencioso fronterizo entre estos dos países por el Ogadén sólo ha tenido un paréntesis entre 1936 y 1941, con la formación del imperio italiano por Mussolini, bajo el nombre de Africa Oriental Italiana (AOI). Pasado el período colonial, los eternos choques guerrilleros alentados de una y otra parte volvieron a convertirse en problema permanente.
Esta vieja enemistad se ve agravada ahora por las presiones de las grandes potencias. Durante varios años, Moscú tratando de desarrollar su influencia política en el Cuerno de Africa, apoyó, armó y hasta le envió consejeros a la junta somalí. Pero en 1977, el régimen de Siad Barre ordenó la salida de estos últimos y se alineó rápidamente con Washington, aduciendo que Moscú estaba ayudando al Consejo Administrativo Militar Provisional de Etiopía, conocido como el Derge (palabra amhárica que significa junta).
En realidad, lo que estaba tras ese viraje fueron gestiones norteamericanas para que Siad Barre redoblara sus esfuerzos contra el gobierno etíope de Mengistu, quien tras el derrocamiento de Haile Selassie en 1974 nacionalizó varias empresas norteamericanas y clausuró otras tantas bases de Washington, bajo fuertes presiones populares. Así pues, bajo la bandera de la lucha nacional somalí en Ogadén, Mogadiscio en julio de 1977 lanzó su ofensiva principal y capturó decenas de ciudades y aldeas etíopes. Pero la respuesta de Addis Abeba, con apoyo cubano, culminó con la derrota de Somalia en 1978.
Mogadiscio alquila hoy la antigua base soviética de Berbera a los norteamericanos, que les da una salida al estratégico golfo de Aden y es la única entrada al Mar Rojo por el Oceano Indico, donde Estados Unidos tiene la base de Diego García.
Los soviéticos, sin quedarse atrás, tienen acceso a los puertos etíopes sobre el Mar Rojo y bases en Yemen del Sur.
El carácter limitado que revisten por ahora las acciones militares en Somalia Central significaría que Etiopía prefiere apoyar la sublevación del FDSS, antes que embarcarse directamente en una guerra, en tanto que Mengistu continúa en lucha contra las aspiraciones independentistas de Eritrea, que cuentan con verdaderos ejércitos y con apoyo abrumador de la población eritrea.
El presidente somalí Siad Barre denunciando la invasión como una agresión perpetrada por la Unión Soviética, Cuba y Etiopía, ha logrado obtener una amplia ayuda de países como Arabia Saudita, Egipto y los Estados Unidos. Un portavoz del Departamento de Estado norteamericano confirmó el suministro de material militar de su país para Somalia el 24 de julio, en vista de "las recientes incursiones de fuerzas etíopes y de Suerzas apoyadas por Etiopía"
Por su parte, Tass, la agencia noticiosa soviética, denunció dos días más tarde esa ayuda militar a Somalia, que implica, según Moscú, "una nueva escalada de tensión en el conflicto" ante la cual han de "revisar las opciones y tomar medidas adecuadas" -

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