Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/08/08 00:00

Futuro incierto

Aung San Suu Kyi, la mártir de la democracia birmana, espera un veredicto que la podría tener presa cinco años más. Muchos la apoyan, pero poco se puede hacer.

Futuro incierto

"Su único crimen es que si estuviera libre para participar en las elecciones, ganaría", denunció emocionado Bono, vocalista de U2, mientras miles de fanáticos agitaban máscaras de la líder en su concierto en Dublín, Irlanda. Además de U2, otras personalidades han acogido la causa de Aung Sang Suu Kyi, máxima defensora de la democracia en su país. Desmond Tutu, clérigo surafricano y Nobel de Paz, le dedicó un artículo en el diario The Guardian, y Shepard Fairey, creador del icónico afiche para la campaña de Barack Obama, produjo uno con su imagen para alertar sobre la situación en Birmania.

Antigua colonia inglesa, Birmania se independizó en 1948, pero es gobernada desde 1962 por una junta militar que restringe la libertad y hoy está al mando del general Than Shwe. Aung San Suu Kyi, o la 'Dama', como se le conoce, se lanzó a la política en 1988 para exigir elecciones. Consiguió su objetivo en 1990 y logró una abrumadora victoria con su partido, Liga Nacional por la Democracia. Pero la junta ignoró los resultados.

Desde entonces, Aung San, de 64 años, ha sido sometida a un arresto domiciliario que le ha costado un sacrificio enorme. No ha visto a sus dos hijos en más de 10 años, no pudo recibir el premio Nobel de paz en 1991 y escogió no acompañar en Londres a su esposo, el británico Michael Aris, en su lecho de muerte, por miedo a que no la dejaran regresar.

En el episodio más reciente de su tragedia, estaba a punto de terminar su condena cuando en mayo del año pasado recibió una extraña visita de un norteamericano, John Yettaw, quien llegó sin invitación a su casa luego de atravesar a nado el lago que la rodea. Por eso la acusaron de violar la prohibición de recibir visitas.

El nuevo juicio ha sido denunciado como un pretexto para mantenerla cautiva justo cuando se acercan, el próximo año, las primeras elecciones desde las que ganó. Lo que menos quisieran los militares es tener que enfrentarse a una líder venerada por su pueblo y símbolo de democracia.

Su constancia llevó a Amnesty International a nombrarla Embajadora de Conciencia 2009. Bill Shipsey, encargado de la elección, dijo a SEMANA: "Ella era la elección obvia, representa la fortaleza del espíritu. Es símbolo de esperanza, valentía y compromiso con los derechos humanos no sólo para Myanmnar, sino para todo el mundo". Pero esos gestos simbólicos poco importan a la hora de la verdad.

En efecto, como afirmaron varios expertos consultados por SEMANA, el impacto de la comunidad internacional sobre la política interna del país es nulo. Birmania se mantiene aislada del sistema internacional y sólo comercia con sus aliados, como China e India. Las sanciones económicas y políticas no tienen impacto esperado, pues mantienen un flujo constante de recursos. "Sólo le hacen caso a China, pues los financia y les proporciona armas", afirmó a SEMANA el profesor Robert Rotberg, de la Universidad de Harvard. China, con su característico silencio, no se ha pronunciado sobre el caso y pocos esperan que lo haga.

Otra cuestión es que poco se sabe de sus capacidades. Como afirmó la profesora Katherine Marshall, experta de la universidad de Georgetown, a SEMANA: "Su coraje es legendario. Pero su liderazgo es potencial, no real, pues nunca ha gobernado. Su fuerza emana de su persistencia silenciosa".

Mientras tanto, se aproxima la fecha establecida por la junta para dictar sentencia. Lo más probable es que este 11 de agosto San Suu Kyi sea declarada culpable y condenada a cinco años más de prisión. La junta buscará asegurar su hegemonía en las elecciones y aunque el general ha prometido que serán libres y transparentes, pocos creen en la seriedad de los comicios. La 'Dama' seguirá inspirando canciones, pero la democracia seguirá alejándose de Birmania.

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