Viernes, 20 de enero de 2017

| 1994/09/19 00:00

FUTURO INCIERTO

En tres semanas se reúne el mundo para tratar de detener el inusitado crecimiento de la población de fines de siglo.

FUTURO INCIERTO

El problema mundial de la explosión demográfica parece no tener solución. La población del planeta, que en 1950 era de 2.500 millones de habitantes, actualmente se encuentra en 5.660 millones y en 1998 llegará a 6.000 millones. Además se estima que en el 2025 la cifra sea de 8.500 millones y en el 2050 se sitúe en 10.000 millones de personas. Curiosamente, a pesar de haber reducido las tasas de fecundidad, anualmente el crecimiento demográfico es de 94 millones de personas, la cifra más alta de la historia. Sin embargo, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP) luego de hacer las proyecciones poblacionales del próximo siglo, considera que el inusitado aumento se está empezando a detener. Ese acucioso tema es el centro de la próxima Conferencia Internacional para el Desarrollo y la Población, que se reunirá a comienzos de septiembre en El Cairo (Egipto).
Existen 960 millones de adultos analfabetos, de los cuales aproximadamente las dos terceras partes son mujeres. Se estima que cada año unas 500.000 mujeres mueren por causas relacionadas con el embarazo. Solamente entre las casadas, hay 120 millones que querrían evitar un embarazo pero no tienen acceso a métodos anticonceptivos adecuados. El atraso cultural es tal que aún hoy se practica en muchas partes del mundo la mutilación genital; entre 85 y 114 millones de niñas y mujeres se encuentran anualmente en situación de riesgo por este fenómeno. De ahí que la mujer deba cambiar su papel en la sociedad.
Los mayores problemas de desarrollo que enfrenta la humanidad, como el sida, la contaminación del medio ambiente, la pobreza, la desnutrición, la falta de vivienda, se derivan precisamente del vertiginoso crecimiento del número de habitantes del planeta. Aunque hay países que han aplicado con éxito algunas estrategias de control demográfico, como Zimbabwe, Bangladesh, Tailandia, Egipto, México y Colombia, existen regiones enteras del globo donde aún no se han comenzado a aplicar las acciones necesarias para controlar la tasa de natalidad. La mayoría de países del Africa ecuatorial, central y oriental, y algunos de Africa septentrional tienen un promedio de siete hijos por mujer, lo cual dificulta enormemente el desarrollo de las naciones que enfrentan este obstáculo.
Según el informe de la FNUAP, la solución de propagar el uso de los métodos anticonceptivos seguros y la planificación familiar, ya cumplió su cometido, lo cual no quiere decir que se dejen de hacer esfuerzos por continuar esta campaña. Lo que falta es dotar a la mujer de opciones más seguras para su desarrollo personal. La mujer debe tener un mayor poder de decisión en cuanto a su enseñanza, oportunidades de empleo o cuándo contraer matrimonio. El problema por vencer es básicamente cultural y económico. Los países en desarrollo son los que registran los más altos índices de natalidad, pues su participación en el crecimiento total es del 90 por ciento. Ello se debe a que sus comunidades no están acostumbradas a darle un rol protagónico al sexo femenino en los temas familiares. Y el problema es económico porque los países del Tercer Mundo a duras penas tienen fondos para hacer campañas de promoción de planificación familiar, pero adolecen de fondos para la distribución de métodos anticonceptivos modernos subsidiados por el Estado.
La Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) tiene como meta principal definir las tácticas para frenar esa explosión demográfica. De sus conclusiones depende gran parte del futuro del planeta ya que serán medidas que se aplicarán en los próximos 20 años.
En este foro mundial se analizarán las consecuencias que han tenido los desastres naturales, las guerras, la opresión y el deterioro del medio ambiente en los desplazamientos de muchos pueblos de una región a otra. Estas migraciones están alcanzando niveles de magnitud sin precedentes, y afectan negativamente el nivel de vida de quienes están involucrados en este fenómeno.
En el lapso transcurrido entre 1985 y 1990 los promedios de las tasas nacionales de fecundidad oscilaban desde un nivel de 8.5 hijos por mujer en Ruanda hasta 1.3 en Italia. La esperanza de vida se ubicaba entre una edad de 41 años promedio en Sierra Leona y 78.3 en el Japón. Semejantes diferencias tan abismales entre los países industrializados y los que están en vías de desarrollo han motivado que el CIPD tenga como objetivo primordial reducir las disparidades de crecimiento. La meta final es conseguir la estabilización de la población para propiciar condiciones de avance sostenible a escala local, nacional y mundial.
Lo más importante de esta conferencia no es conseguir un documento en el que se relaten las acciones que se deben tomar para el control poblacional. La realidad exige que más que esto se necesita comprometer la voluntad y los recursos de todos los países con el fin de poner coto a un problema que de no tener una pronta respuesta, amenaza con adelantar un lento apocalipsis para la especie humana.

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