Sábado, 21 de enero de 2017

| 2002/05/13 00:00

Futuro incierto

Tras los hechos del 13 de abril y mientras regresa la normalidad los venezolanos se preguntan qué pasará con el gobierno resucitado de Hugo Chávez.

Futuro incierto

El regreso al poder de Hugo Chavez en Venezuela fue el final de uno de los capítulos más dramáticos de la historia reciente del país. Pero su desenlace deja muchas más preguntas que respuestas. Lo único claro, luego de esos días de tensión extrema, es que los próximos meses serán cruciales y que la última palabra no está escrita en cuanto a que Chávez pueda cumplir su promesa de quedarse en el poder, reelegido sucesivamente, hasta 2013.

El sábado 13 en la tarde esas preguntas ni siquiera parecían posibles en las calles de Caracas. La tensión hacía esperar lo peor. Multitudes enardecidas clamaban por ver a Hugo Chávez. Un clamor contrario al que hizo temblar la democracia venezolana dos días antes.

La ciudad quedó a merced de los rumores ante la falta de información veraz en los medios locales. SEMANA estuvo temprano en el Palacio de Miraflores para presenciar el juramento de los ministros del gobierno de Pedro Carmona. Pero Chávez permanecía preso en algún lugar y los anuncios telefónicos de un bombardeo a palacio y el incesante tronar de los disparos en la colina del frente le quitaban a esa mañana cualquier asomo de normalidad.

De un momento a otro, en pleno Salón de los Espejos, un vocero oficial anunció que la ceremonia quedaba suspendida. “Por favor desalojen el Palacio de Miraflores”. La multitud chavista ya rodeaba el palacio y los disparos se escuchaban más cerca. En medio del caos una de las invitadas se quitó los zapatos y gritaba sembrando el pánico. Una periodista polaca buscaba resguardarse en un basurero. Por fin el mayor grupo se embutió en una decena de carros que, en medio de gritos histéricos, escapó entre el chirrido de las llantas.

Todavía pasarían unas horas antes de que Carmona anunciara su decisión de derogar su primer y único decreto, por el cual violentaba todo el orden constitucional y legal de los venezolanos, el mismo que condujo al derrumbe de su intentona.

En las 28 horas escasas que estuvo supuestamente Carmona en el poder la “sociedad civil” (el nombre que se dio en los medios a los manifestantes del jueves) se dio rienda suelta para cometer toda clase de desmanes contra los funcionarios, diputados y partidarios del gobierno. Perdió el favor de muchos cuando, tras su decreto, quedó en claro que los golpistas eran menos democráticos que el propio Chávez. Y en especial el de los militares, lo que se hizo explícito cuando el general Efraín Vásquez Velásquez anunció que condicionaría su apoyo al restablecimiento de las instituciones.

Los medios de comunicación, que habían cubierto obsesivamente las protestas contra Chávez, permanecieron en silencio. Pero, para mal de Carmona, la cadena internacional CNN y la colombiana Caracol Radio eran seguidas con ansia por los caraqueños. Sus declaraciones terminaron de lanzar a las calles a los chavistas, que se sumaron a los grupos convocados desde el apartamento del ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz.

En realidad nada estaba planeado. Eran pronunciamientos sueltos, de aquí y de allá. Un militar en Maracay, otro en Miraflores. Pero con la gente en las calles el asunto se volvió serio. El coronel Jesús Morao, al frente de la Guardia de Honor, se envalentonó al saber del respaldo de la Fuerza Aérea del Ejercito apostada en Maracay y dirigida por el general Raúl Baduel.

Al poco rato, en Fuerte Tiuna, Carmona y su junta descubrían que eran prisioneros. El general José Vietri le contó a SEMANA que él dio la orden. Sabía que, la noche del jueves, habían amenazado a Hugo Chávez con sacarlo con tanques de Miraflores: “La noche del 11 se recibió una llamada en la que decía, Presidente le damos 15 minutos para que se entregue si no le enviamos unos tanques”. Dice que con dolor escoltó a su amigo para entregarlo en manos de la conspiración. “Parecía que hubieran triunfado”.

Que pasara?

Esa misma noche de confusión, ataques a los medios antichavistas, caos y saqueos, Chávez regresó al Palacio de Miraflores. Había sido determinante una declaración filtrada por fax a sus adeptos según la cual nunca había renunciado. Y también la actitud de varios presidentes latinoamericanos que, reunidos en Costa Rica, se habían negado a reconocer a un gobierno entronizado por un golpe de Estado.

Poco a poco se han conocido los intríngulis de la intentona y está por fuera de discusión que se trató de una conspiración dirigida por algunos miembros del sector privado, dispuestos a todo para sacar del poder a quien ven como su enemigo y que se reunieron, abierta y públicamente, con el Departamento de Estado norteamericano y con la bancada republicana de ese país. La pregunta que se hacen muchos es qué espera a Venezuela después de este episodio que, mirado con perspectiva, parece una tragicomedia tropical.

Los analistas coinciden en que el país quedó muy polarizado, y que eso va a influir sobre el futuro inmediato. Chávez ha dado señales de querer rectificar sus innumerables torpezas. El presidente aceptó la renuncia de la junta impuesta por él en Petróleos de Venezuela, mientras parece que nombrará en la dirección de la misma a Alí Rodríguez, presidente de la Opep, respetado por todos los sectores. Convocó mesas de diálogo y al Consejo Nacional de Gobierno, que reúne a las autoridades del orden nacional y estatal. Para muchos, el tono respetuoso que se ha respirado en ese foro, en el que se sientan gobernadores de la oposición, es un buen augurio.

Para analistas como Edgardo Lander, de la Universidad Central de Venezuela, ”Chávez debe modificar su tono autoritario y su estilo confrontacional y es buena señal que haya decidido dejar para siempre el uniforme. Porque la forma inadecuada como presenta su mensaje lo convierte en una amenaza para muchos. La sociedad venezolana descubrió que está dividida entre los convidados a la fiesta y los que no lo estaban. Ahora que todos lo están muchos se sienten amenazados”.

Pero otros creen que Chávez no rectificará y sostienen que la oposición seguirá hasta el final para sacarlo. Como dijo a SEMANA el politólogo Aníbal Romero, “El presidente se va a quedar en el limbo y no va a tomar ningún correctivo. Nosotros los venezolanos ya no le creemos y vamos a seguir hasta que salga”. En cuanto a la forma, el columnista de El Nacional Luis García Mora sostiene que “para ello hay medios legales, como una iniciativa ante la Asamblea Nacional. Allí la correlación de fuerzas ha cambiado y es posible. Es necesario sacarlo porque con su presencia el país es cada vez más ingobernable”.

Las opiniones son encontradas pero una cosa parece clara. El paso de Chávez por el poder, no importa cuán largo sea, ha creado unas expectativas que el grueso de la población ni soñaba antes de él. En cabeza de los dirigentes del país, sin importar su signo político, queda la decisión de hundirlo en la confrontación y la posible guerra civil o proyectarlo hacia un futuro posible.

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