Sábado, 25 de octubre de 2014

| 1989/12/18 00:00

Futuro sin muro

No todos están tan contentos con la apertura de la frontera inter alemana.

Futuro sin muro

En la conquista del oeste, como en las películas norteamericanas, todo lo que diga la dirigencia comunista de Alemania Democrática podrá ser utilizado en su contra. Así pareció verse cuando, después de la apertura de fronteras decretada hace dos semanas por el régimen de Egon Krenz, el grupo opositor "Nuevo Foro" calificó la medida de "demagógica y desmovilizadora".
Según la pintora Bárbara Bohley, dirigente de esa organización, "ahora que se había empezado a crear una conciencia de identidad propia en el país, el SED (sigla del Partido Comunista) se inventó la forma de desmovilizar la protesta".
Los temores de la oposición germano-oriental no son del todo injustificados. Una de las causas de descontento popular, quizás la más importante, ha desaparecido. Y esto, obviamente, hace que las fuerzas opositoras se resientan. Los millones de alemanes que se han volcado a Occidente y que sienten haber conquistado la libertad, regresan sonrientes a su patria como si hubieran conseguido lo que durante mucho tiempo buscaron.
Y es muy probable que lo que muchos de ellos buscaran fuera solamente eso: pasar el muro. Porque lo que refleja esta especie de palo porque bogas y palo porque no bogas contra el régimen de la RDA es que todo el mundo, tanto dentro como fuera del país, queria que las cosas cambiaran. Pero nadie sabe exactamente qué cosas y para qué lado deberían cambiar. Por eso, no resulta extraño que lo que el mundo celebró con alborozo, la oposición interna no lo haya visto con buenos ojos y, más bien, lo considere "una jugada del SED para tratar de salvarse".
Lo que se tiene claro es que los ciudadanos germano-orientales quieren más. Las pancartas que se exhibieron en la manifestación del lunes (que se ha vuelto rutinaria todos los lunes) eran bastante elocuentes. "Un agujero en el muro no es suficiente", decían. Y aunque en las exigencias que se han hecho públicas durante los últimos meses se ha clamado por elecciones libres, libertades individuales, desmonopolización del poder por parte de los comunistas y transformación del sistema, lo que los estealemanes parecen querer, por encima de todo, es la desaparición del muro.
Las imágenes de los jóvenes alemanes montados en el muro, golpeándolo a punta de martillo, hablaban por sí solas. Pero a pesar de que eso era precisamente lo que tanto Occidente como el pueblo estealeman querían, parece que las cosas se salieron de madre para todo el mundo. Ahora los habitantes de Alemania oriental no saben si quieren que se caiga solamente la pared y se abra la puerta de Brandeburgo, o si quieren que desaparezca ya, con todo lo que representa, el símbolo de la división de dos ideologías, de dos bloques de poder y de dos sistemas sociales antagónicos.
Los propios dirigentes de "Nuevo Foro" se oponen a unas elecciones inmediatas, como lo exigen las pancartas de las manifestaciones de Leipzig y de Berlín este, porque los cogería "fuera de base" y, según ellos, necesitan más tiempo para prepararse. "No tenemos experiencia y el único beneficiado con unas elecciones en este momento sería el SED", dijo Lutz Nagorsky, dirigente de la oposición.
Y aunque personas como el nuevo presidente del Parlamento, el líder del Partido Campesino, Guenther Maleuda, ha dicho que "no será difícil para los comunistas renunciar a lo que ya no tienen", los partidos Liberal Demócratico, Democrático Campesino, Unión Democristiana y Nacional Democrático, que forman el bloque, no saben muy bien que exigirle al SED, porque al parecer no tienen claro cuáles son las prioridades: si democratizar al país, democratizar al Partido Comunista e impulsar una versión alemana de la perestroika, o buscar la reunificación alemana.
Por eso no fue fácil para el nuevo primer ministro, el reformador Hans Modrow, conformar el gobierno de coalición que se dio la semana pasada. No tanto porque las negociaciones sobre el número de ministros de los cuatro partidos opositores, el Liberal Democrático, el Democrático Campesino, la Unión Democristiana y el Nacionaldemocrático, presentaran dificultades para los comunistas, sino porque ninguno de los partidos de oposición (ni individualmente ni en grupo) está en condiciones de asumir el gobierno sin los comunistas.
Hasta tal punto que la máxima reivindicación que se agitó durante toda la semana, tanto en la plaza pública como en el Parlamento, fue la de la reforma de la Constitución en su artículo primero, el cual le otorgaba al SED "el papel dirigente de la sociedad".
Para Occidente las cosas no pintan diferentes. Lo que inicialmente se vivió como un triunfo del mundo capitalista, llevó al propio dirigente de Alemania Federal, Helmut Kohl, a dar unas declaraciones que suscitaron la reacción de sus mismos copartidarios. Las ideas expuestas por el canciller de la RFA, en el sentido de que la reunificación alemana es un tema actual y que la división es "antihistórica" provocaron de inmediato una especie de miedo europeo a la gran Alemania. Se ha barajado incluso el temor de una posible alianza entre la URSS y Alemania, mediante la cual Moscú daría su apoyo a la reunificación a cambio de que esta se convirtiera en un país neutral.
Algunos de los gobiernos europeos se han pronunciado en contra de "la actualidad del tema de la reunificación", pero los observadores afirman que lo que se esconde detrás de estas declaraciones es el miedo a la unión alemana. Se habla inclusive de que la cumbre europea citada para el fin de semana por el presidente francés Francois Mitterrand, tiene como punto prioritario "la actualidad del tema de la reunificación".
En todo caso, lo que ha resultado cierto es que la caída del muro de Berlín tiene tanto de ancho como de largo. Y al final de la semana, mientras las autoridades de Alemania Democrática se acercan, aunque lentamente, a las posiciones de derribamiento, el resto del mundo empieza a pensar si realmente eso es lo que quiere.-

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