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| 11/25/2017 10:15:00 PM

Angela Merkel, en la cuerda floja

El fracaso de las negociaciones para formar gobierno pone en riesgo el futuro político de Angela Merkel y provoca una crisis nacional y europea.

“No tengo miedo de ab-solutamente nada”. En una entrevista esta semana en la cadena de televisión ZDF, la voz de Angela Merkel, firme y sobria, no hizo eco del temblor que sacude a Alemania. Luego de cuatro semanas de arduas negociaciones de equilibrista, la canciller no logró crear la coalición indispensable para obtener una mayoría en el Bundestag, un hecho inédito desde hace siete décadas en el país, que deja a la primera potencia europea en una crisis institucional sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

 Las elecciones federales llevadas a cabo el 24 de septiembre le habían otorgado una victoria frágil. Al obtener 246 escaños de los 709 del Bundestag, su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), y sus aliados obtuvieron el peor resultado de su historia y se vieron obligados a negociar con el Partido Democrático-Libre (FDP) y con Los Verdes para intentar obtener la mayoría que conduciría a Merkel a su cuarto mandato.

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 El fracaso de las negociaciones no sorprendió. Las posiciones de los tres partidos con respecto a la inmigración y al medioambiente difícilmente pueden reconciliarse. Los Verdes exigen una política de asilo abierta y una reducción drástica de emisiones de CO2, mientras que los conservadores de la CDU proponen limitar el número de los refugiados y el FDP se opone a impulsar reformas para reducir drásticamente la producción de dióxido de carbono.

Esta crisis política, la más importante que Merkel ha afrontado en su carrera, podría tener tres salidas. La primera, continuar las negociaciones con todos los partidos para llegar a un acuerdo, lo que hoy parece improbable, pues el FDP se niega radicalmente a crear una coalición y, por otro lado, el social liberal SPD, a pesar de las presiones que recibe de la clase política para ceder a una alianza con los conservadores, se muestra desconfiado. 

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La segunda consiste en organizar nuevas elecciones. La decisión de comenzar el largo proceso está en manos del presidente Frank-Walter Steinmeier. La Constitución alemana indica que el jefe de Estado debe primero proponer al Bundestag un canciller. Si este no obtiene la mayoría absoluta, los parlamentarios tienen dos semanas para acordar un candidato. Si fracasan, el presidente puede disolver el órgano legislativo para convocar a las urnas en los dos meses siguientes. Esta salida está lejos de ser ideal, pues el CDU obtendría, según las encuestas, un resultado similar al del 24 de septiembre, lo que significaría regresar al impase actual.

La última opción es formar un gobierno minoritario liderado por Merkel, una posibilidad que también requiere el acuerdo del presidente. En este caso, el CDU trabajaría solo con sus aliados de la Unión Social Cristiana de Baviera, pero permanecería la inestabilidad institucional constante. “Las decisiones en la Unión Europea serían bastante difíciles para un jefe de gobierno sin mayoría. Además, cada vez que quiera tomar decisiones a nivel nacional, el CDU tendría que negociar con los otros partidos para encontrar una mayoría”, explica a SEMANA Elisa Deiss-Helbig, politóloga de la Universidad de Sttutgart. 

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En cualquiera de los casos, esta crisis es una mala noticia para Alemania y para Europa. Los comicios de septiembre le abrieron las puertas del Bundestag al extremista Alternativa para Alemania (AfD), que obtuvo 12,6 por ciento de los votos. Según una encuesta del instituto INSA, el movimiento podría obtener 14 por ciento en unos nuevos comicios, lo que contribuiría a fortalecer la ultraderecha en el continente. Además, sin una política ni un gobierno claros, no se podría avanzar en los desafíos que el país enfrenta, como la educación o la modernización de la infraestructura. En Europa, los proyectos de reforma deberán sin duda esperar. El presidente francés, Emmanuel Macron, ansiaba obtener el apoyo de la canciller para crear un Parlamento, un Ministerio de Finanzas y un presupuesto de la eurozona. Con 12 años a la cabeza de Alemania y 30 años de vida pública, Angela Merkel no enfrenta su primera batalla política. ¿Será la última? 

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