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| 11/15/2008 12:00:00 AM

A garrote limpio

El Presidente venezolano amenaza con tanques y cárcel a opositores y disidentes en unas elecciones que podrían marcar un traspié clave para la revolución bolivariana.

Hugo Chávez está en pie de guerra. Se acercan las elecciones de alcaldes y gobernadores del 23 de noviembre y cada estado donde peligra la victoria del candidato oficialista es un frente de batalla. El lenguaje bélico, una vez más, corre por cuenta del propio Presidente venezolano, quien ha recordado que "la revolución está armada". En Zulia, habló de un "plan militar" si ganaban sus contradictores, y en Carabobo amenazó con sacar los tanques si los votantes le daban la espalda. Pero, a pesar de todo, la oposición podría apuntarse una importante y estratégica victoria.

Chávez no está en ningún tarjetón, pero parece ser el único candidato de su Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv). El 5 de octubre suspendió su programa Aló Presidente, pero eso no le ha impedido desplegar su verbo. Desde entonces se ha dedicado a inaugurar obras con sus hombres a su lado y ha multiplicado las cadenas de transmisión obligatoria en radio y televisión. El ventajismo ha sido la regla. La oposición alega que la Carta Política le prohíbe hacer campaña, pero nadie aspira a que sea sancionado. Y en los últimos días, el Presidente ha buscado atizar la polarización y convertir las elecciones en un plebiscito sobre su figura, que con números cercanos al 60 por ciento sigue siendo popular. De ese modo, busca compensar la debilidad de varios de sus candidatos.

Aunque los excesos verbales del mandatario no son una novedad, el calibre de la andanada causa sorpresa. A Manuel Rosales, el gobernador del Zulia, su rival en las presidenciales de 2006 y actual candidato a alcalde de Maracaibo (la capital de ese estado), lo ha llamado "desgraciado". Al gobernador del estado Sucre, Ramón Martínez, disidente del chavismo, lo calificó como "asqueroso traidor". A ambos los ha tratado de intimidar con la posibilidad de encarcelarlos. Y también advirtió que no piensa darles plata a los estados 'rebeldes'."¿Para qué enviar recursos? ¿Para que se los roben, para que conspiren contra mí?".

Algunos observadores atribuyen sus salidas al nerviosismo de la derrota. En palabras de su mentor, Luis Miquilena, quien hace tiempo se distanció del gobernante, Chávez busca "embochinchar" (enturbiar) las elecciones.

Los comicios son claves para el proyecto político a largo plazo del 'socialista del siglo XXI'. Son los primeros después de que, el 2 de diciembre, la oposición derrotó su proyecto de reforma constitucional y demostró que Chávez no es invencible. A eso se suma que el mandatario llega a la cita debilitado por un precio del petróleo que se viene desplomando (el crudo venezolano ha bajado 60 por ciento en tres meses) y una inflación por encima del 30 por ciento.

Hace algunos meses, la oposición aspiraba a arrebatarle hasta 10 gobernaciones. Hoy, se conformaría con unas cinco, a las que se sumarían unas tres de la disidencia del chavismo. Las arbitrarias inhabilitaciones de candidatos por parte de la Contraloría sacaron a algunos de los opositores más fuertes como Leopoldo López, quien espiraba a la Alcaldía de Caracas. En otros lugares fueron incapaces de unirse a tiempo. En las últimas elecciones de alcaldes y gobernadores de 2004 (eclipsadas por el referendo revocatorio de ese mismo año que ganó Chávez), la oposición sólo ganó dos de las 22 gobernaciones: Zulia y Nueva Esparta. Desde ese punto de vista, cualquier avance es ganancia. Pero, por otro lado, el chavismo va a ganar en la mayoría de los estados. Las dos lecturas son engañosas, pues no todas las gobernaciones o alcaldías valen lo mismo.

"Hay tres grandes símbolos en juego: el triunfo en los grandes estados, la penetración del chavismo disidente y rebatir la simbología de que Chávez siempre gana entre los pobres", dijo a SEMANA el analista Luis Vicente León, director de la encuestadora Datanálisis. Si la oposición le quita algunos trofeos a Chávez, y conserva los suyos, será exitosa. Más del 60 por ciento de los venezolanos viven en un corredor en el que se destacan tres estados por su alta población y poder económico: Zulia, Carabobo y Miranda.

Zulia es el estado más poblado de Venezuela y concentra la producción petrolera. Allí gobierna actualmente la oposición, con Manuel Rosales. En este estado, bastante regionalista, los ataques de Chávez parecen ser contraproducentes. El candidato opositor, Pablo Pérez, ficha de Rosales, es favorito para la gobernación.

El viento también sopla a favor de la oposición en Carabobo, el estado industrial. Allí, Enrique Salas Feo, quien ya ha sido gobernador, está por encima del candidato del oficialismo, Mario Silva, el presentador de La Hojilla, el programa ultrachavista que transmite la televisión estatal.

Miranda, el otro estado clave, por abarcar parte de la zona metropolitana de Caracas, está muy disputado entre el candidato oficialista y actual gobernador, Diosdado Cabello, un peso pesado del chavismo, y Enrique Capriles Radonski. Las últimas encuestas dan alguna ventaja a este último. Si el oficialismo gana la alcaldía de Caracas, como indican las encuestas, apuntarse Miranda es fundamental para el otro bando. El reto para vender la victoria es ganar uno de esos dos trofeos.

Otra victoria importante de la oposición se podría dar en el municipio de Sucre. Aunque no se trata de un estado, en Sucre está Petare, uno de los barrios populares más grandes de Latinoamérica, y el opositor Carlos Ocariz es favorito. Su triunfo sería una bofetada a la idea de que Chávez gana entre los pobres.

Por último, el otro factor que hace un hito de estas elecciones es la disidencia del chavismo, que podría ganar unas tres gobernaciones (Guarico, Barinas y Portuguesa). La escisión se produjo cuando Chávez ordenó a todos los partidos que lo apoyaban unirse en el Psuv, a lo que algunos, como Podemos y Patria para Todos (PPT), se negaron. Podemos se desmarcó, fue importante en su rechazo al referendo constitucional e incluso firmó pactos de unidad con la oposición tradicional. Ese 'tercer polo' parece ampliarse. "A PPT no se le puede considerar parte de la oposición, pero a medida que son atacados por el gobierno, tienen un discurso antigobierno que los aproxima más. Están repitiendo el camino de Podemos", dijo a SEMANA el sociólogo Amalio Belmonte, profesor de la Universidad Central de Venezuela.

Una mención aparte merece Barinas, el estado de Chávez, donde su padre es el actual gobernador y su hermano, Adán, el candidato del Psuv. El estado aprecia al Presidente, pero rechaza a su familia, y un candidato chavista disidente, Julio César Reyes, lidera las encuestas. La capacidad de movilización del gobierno en el estado podría revertir esa tendencia, pero de perder en su casa, el impacto simbólico sería enorme. Sería el mejor ejemplo de que la mayoría de los venezolanos votarían por su Presidente, pero no necesariamente por su entorno.
 
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