Jueves, 27 de noviembre de 2014

| 2013/05/03 00:00

Globovisión cambia de manos

El único canal opositor habría sido vendido a empresarios con supuestos vínculos con el gobierno.

. Foto: .

En Venezuela, los grandes acontecimientos suelen ocurrir en ciertas fechas, y no son mera coincidencia. El 3 de mayo, cuando se celebra el Día Mundial de la Libertad de Expresión, será recordado también en los años venideros como el día en que el canal de noticias Globovisión, considerado el único abiertamente opositor al gobierno chavista, cambió de dueños, aunque los documentos de traspaso se firmen en los próximos tres días.

La noticia de la venta del canal al grupo de empresarios Juan Domingo Cordero, Gustavo Perdomo y Raúl Gorrín, accionistas de Seguros La Vitalicia, y con presuntos vínculos a personajes del gobierno, fue anunciado por el propio Guillermo Zuloaga, uno de los dueños, el pasado 11 de marzo, a través de una carta a sus empleados en la que confesaba que el canal se había vuelto económicamente inviable. “El año pasado, tomé la decisión de hacer todo lo que estuviera en nuestro poder, a riesgo del capital de los accionistas y conscientes de las implicaciones que esta actitud podría traer, para lograr que la oposición ganara las elecciones de octubre. Era la oportunidad, como venezolanos, para recuperar nuestro país. En Globovisión lo hicimos extraordinariamente bien y casi lo logramos, pero la oposición perdió.”

Esa frase de la carta da cuenta del nivel de politización que alcanzó a tener el canal, y la forma como entendía su misión informativa. Por eso Chávez los consideraba un canal enemigo. Pero no siempre fue así. Cuando el fallecido mandatario fue candidato en 1998, visitó la sede de Globovisión y luego, como Presidente, le entregó al noticiero el Premio Nacional de Periodismo en 1999.

Todo cambió, sin embargo, luego del golpe de 2002. Mientras los opositores marchaban protestando hacia Miraflores, Chávez se “encadenó” durante horas, obligando a todos los canales a suspender su programación regular para transmitir su alocución presidencial.

Los medios privados, en un acto de rebeldía, dividieron las pantallas de sus canales en dos. En una mostraban al presidente hablando y en otra, imágenes de la violencia que se desató en las calles de Caracas. Luego, cuando vino el golpe a Chávez, los medios privados transmitieron dibujos animados o béisbol en vez de mostrar lo que realmente estaba sucediendo. “A los medios de comunicación les ha costado recuperar su credibilidad en estos 11 años”, dice Marianela Balbi, directora del Instituto de Prensa y Sociedad.

Y parte de la razón por la cual ha sido tan difícil volver a recuperar la misión informativa, fue porque la guerra política, desde entonces, se empezó a librar crudamente a través de los medios. “Chávez se dio cuenta que había que tener soberanía comunicativa y que ésta era una lucha de micrófonos”, dice Aram Arahonian, ex director del canal Telesur. El presidente no le renovó la licencia a RCTV, negoció con Venevisión y Televen para moderar su línea editorial y emprendió una serie de demandas, multas y ataques contra Globovisión, que finalmente la llevaron a la venta ahora, aunque tiene concesión hasta el 2015.

Además de las acciones del gobierno contra los directivos y accionistas del canal en los últimos años, y la prohibición a los ministros del gobierno de hablar con Globovisión desde el 2003, los periodistas de esta cadena han sido atacados por chavistas radicales, al punto que los carros del canal han recibido disparos, fueron objetivo de bombas lacrimógenas y granadas en sus sedes, y sus reporteros en ocasiones salían a la calle con escoltas motorizados. Desde 2006, el canal contaba con medidas de protección de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Muchos de los periodistas que trabajan en el canal, y que sufrieron en carne propia esos ataques, creen en un periodismo libre y más equilibrado del que hacen, pero también creen que no se deben doblegar ante las presiones del poder. Para algunos de ellos, el anuncio de la venta fue una noticia trágica. La vicepresidenta Maria Fernanda Flores renunció antes de que se diera la venta. Otros decidieron esperar las decisiones de los nuevos  propietarios, y sobre todo, de los directores.

El jueves en la tarde se conoció que éstos serían Leopoldo Castillo, más conocido en el país como “Ciudadano”, y quien dirige el crítico programa Aló Ciudadano, y Vladimir Villegas. La dupla tiene la tarea de “reencontrar” el equilibrio informativo, como lo han solicitado los nuevos dueños, aunque han dicho que no van a cambiar al personal ni los programas, por el momento.

Dos hermanos, dos caminos

Así como el día de la venta del canal no es una coincidencia, tampoco lo es que uno de los nuevos directores sea Vladimir Villegas, hermano del actual ministro de información del gobierno, Ernesto Villegas. Ambos son periodistas y políticos de izquierda, pero la vida los fue llevando por caminos opuestos. Hoy se enfrentan desde orillas distintas.

Vladimir fue de los primeros militantes de izquierda que acogieron a Hugo Chávez. Apoyó su candidatura en 1998, luego fue constituyente, embajador en Brasil y México, ex director del canal del Estado VTV, y viceministro de relaciones exteriores. De allí salió por haberse opuesto públicamente a una serie de artículos de la reforma constituyente de 2007, especialmente porque se pretendía limitar el derecho a la información, y por estar en desacuerdo con que el partido PSUV creara un tribunal disciplinario antes de siquiera crear sus estatutos. En una columna que escribió en el diario El Nacional por esos días dijo que era como construir la morgue de un hospital antes del quirófano.

Vladimir cuenta que Chávez lo llamó para decirle que no estaba de acuerdo con que ventilara públicamente sus críticas siendo un alto funcionario del gobierno. A los pocos días Vladimir le presentó su carta de renuncia, su oficina en la cancillería fue asaltada y le pintaron un graffiti de despedida que decía “traidor”. Poco a poco se fue distanciando del chavismo y terminó en la oposición. En los últimos años estaba dedicado a su oficio de periodista desde su programa en Unión Radio y con su columna semanal. Hoy es uno de los que apoya a Henrique Capriles, de quien dice, le recuerda al Chávez del 98 que él tanto admiró.

El recorrido de su hermano menor, Ernesto, ha sido al revés. Empezó en el periodismo y terminó en la política. Hizo sus pinitos con sus hermanos Vladimir y Mario, con quienes compartía un programa radial y en varios diarios impresos, entre ellos, El Universal, donde trabajaba cuando sucedió el golpe a Chávez del 2002. Esa experiencia lo marcó. Algunos de sus colegas aplaudían lo que para él era una violación constitucional. A los pocos días renunció y desde entonces solo ha trabajado para medios de tendencia oficialista, entre ellos el canal VTV y el diario Ciudad Caracas, del cual fue director hasta ser nombrado ministro de Información del gobierno el pasado octubre.

En los últimos días, las actuaciones de Ernesto, como ministro de información, han sido duramente criticadas. Lo tildan de ministro “censurador” y “fabricador de información”. Esta semana, además, Villegas y el vicepresidente Jorge Arreaza convocaron a una rueda de prensa para criticar el cubrimiento que los medios privados de comunicación están haciendo del gobierno de Maduro, quien tras ser elegido le dijo a los medios que tomaran partido. Esta actitud del gobierno ha sido cuestionada por José Miguel Vivanco, director para el capítulo de las Américas de Human Rights Watch y otras organizaciones que ven con preocupación un escalamiento en la confrontación de medios y gobierno.

En medio de esa guerra comunicativa y la crisis política actual, los Villegas estarán en bandos no solamente distintos, sino supuestamente contrarios, si el canal aspira mantener una independencia informativa. Eso está por verse, así como también el incómodo papel que ambos jueguen en esa nueva relación entre el gobierno y el que por muchos años fue para los chavistas el canal “Globoterror”.

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