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| 6/25/1990 12:00:00 AM

GOL DE NORIEGA

El gobierno gringo asume los gastos legales del general, a cambio de mantener secretas las sumas que le pagó la CIA.

GOL DE NORIEGA GOL DE NORIEGA
Cuando Manuel Antonio Noriega llegó a Estados Unidos cargado de cadenas, muchos pensaron que la suerte del controvertido hombre fuerte de Panamá estaba echada. Pero han transcurrido los meses, y los acusadores norteamericanos han encontrado que la batalla judicial que se libra sobre sus actividades ilegales no ha estado exenta de dificultades, al punto de que ya no son pocos quienes piensan que, tal como van las cosas, el marcador parcial del partido favorece a Noriega.

El último episodio puede contabilizarse como un gol a favor del general. Desde cuando comenzó el proceso, Frank Rubino y sus compañeros en el equipo defensor habían anunciado su intención de obligar al gobierno norteamericano a revelar los encargos que el general llevó a cabo por cuenta de la CIA, y sobre todo, el monto de los dineros que ésta le pagó a Noriega como compensación por sus servicios. La intención de la defensa era demostrar que las actividades de Noriega, si alguna vez fueron ilegales, se llevaron a cabo con el conocimiento -y en ocasiones la complicidad- de los funcionarios norteamericanos.

Ese objetivo se había estrellado contra los esfuerzos oficiales que trataban de evitar por todos los medios, la obligación de revelar en público ciertas actividades "que comprometerían la seguridad del Estado". Pero surgió un problema que tal vez los abogados de la fiscalía no habían previsto. Por cuanto las cuentas bancarias de Noriega se encucntran congeladas desde hace varios meses, el general está en la quiebra técnica, lo que hacía imposible el pago de los honorarios y gastos legales de la defensa. Rubino y asociados aprovecharon la situación para exigir al gobierno la descongelación de esas cuentas, con el argumento de que al no ser así, ellos tendrían que retirarse de la defensa por física falta de fondos.

Eso completó el panorama. Por una parte, el triunfo de la moción para que se revelara el monto de los dineros pagados a Noriega era sólo cuestión de tiempo. Por la otra, el gobierno no quería la descongelación de las cuentas, entre otras cosas por el temor de que, dadas las altas sumas involucradas, Noriega iniciara con ellas una guerrilla contra el gobierno actual de Panamá. Pero el gobierno tampoco estabá interesado en que, al retirarse su defensa, se diera la impresión de que al general le faltaban garantías procesales. Ello resultaba especialmente importante en la medida en que el argumento de la falta de garantías es uno de los más fuertes a favor del general, quien no solo fue colocado ante la opinión como el archienemigo público -lo que desvirtuaba la equida del proceso-, sino fue trasladado al país en condiciones poco presentables desde el punto de vista legal.

El nudo se desató con un acuerdo poco usual hasta para el sistema norteamericano. El gobierno se comprometió a cargar con las cuentas legales de la defensa del general, al menos temporalmente, y los abogados se comprometieron a no menear más el asunto de los dineros pagados a Noriega por la CIA.

Para muchos expertos, los abogados no sólo se salieron con la suya, sino que metieron un gol olímpico. Su afirmación de que los honorarios de la CIA ascendieron a 11 millones de dólares quedó sin desvirtuar, lo que hasta cierto punto equivale a su comprobación. Hay quienes dicen que de aquí en adelante, ellos tendrán mayores razones para argumentar que al menos parte de la fortuna de Noriega fue amasada con dineros procedentes del erario norteamericano.

Mientras se leía el acuerdo en el juzgado, Noriega esperaba en silencio, vestido con su uniforme de cuatro estrellas. Su equipo acababa de ganar otra escaramuza legal, que se sumaba al reconocimiento de su status de prisionero de guerra, que no sólo le da derecho a usar el uniforme, sino de recibir la visita protocolaria de un militar estadounidense para que verifique las condiciones de su prisión.-

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