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| 3/21/2015 10:00:00 PM

Golpe a la democracia en Túnez

La masacre en Túnez es un golpe para el único país que salió victorioso de la Primavera Árabe y se había mantenido al margen del terrorismo.

Padres corriendo con sus hijos en los brazos. Ancianos huyendo de las balas. Decenas de turistas aterrorizados. La matanza de 23 personas en el Museo del Bardo, en el centro de la ciudad de Túnez, es un nuevo capítulo del horror yihadista. Para Colombia es también un motivo de luto, pues dos compatriotas, Javier Arturo Camelo y su madre, Miriam Martínez, perdieron la vida en un conflicto en el que nada tenían que ver.

La masacre ha levantado a su vez un manto de duda sobre el único proceso político exitoso resultante de la Primavera Árabe, en un país que hasta ahora se había librado del extremismo de Estado Islámico (EI), que se atribuyó el atentado. De hecho, tras el derrocamiento del dictador Zine El Abidine Ben Ali en 2011, Túnez no había presenciado un ataque terrorista contra su población civil, salvo algunos asesinatos aislados de oficiales del Ejército. A diferencia de Libia, donde el caos político y militar se apoderó del país tras la caída de Muamar el Gadafi, Túnez había evitado que el radicalismo y la violencia ocuparan su territorio y permearan la retórica de sus políticos más sobresalientes.

Parte de las razones por las que su transición había sido tan exitosa es el legado cultural del presidente Habib Bourguiba, que gobernó entre 1957 y 1987. Sus políticas apuntaban a un gobierno centralizado y fuerte y a un proyecto social y político modernizante que ha marcado la historia del país. Además, Túnez está libre de las divisiones étnicas, tribales, sectarias y religiosas que actualmente desangran a otros lugares de Oriente Medio.

Pero con la llegada de EI la cosa cambia. Los yihadistas ya están en la costa suroriental del Mediterráneo, y los terroristas no han ocultado sus intenciones de atacar en Túnez. Basta recordar la decapitación de 21 cristianos coptos en la costa de Libia el mes pasado por parte de EI, para hacerse una idea de la amenaza que el extremismo islámico constituye para todos los países de la región.

Además, no se puede olvidar que entre 3.000 y 5.000 nacionales han viajado a Siria para engrosar las filas de EI. Este número es un síntoma de que se resquebraja el apoyo al gobierno de unidad nacional creado por el presidente Beji Caid Essebsi, para atender equitativamente las necesidades de un país que, tras años de dictadura, presenta grandes desigualdades sociales.

Para algunos analistas, no es gratuito que el ataque se haya producido cuando EI ha recibido fuertes golpes en Irak por parte de las milicias sunitas y kurdas junto con el Ejército de Irak, al punto de haber perdido el control sobre ciudades como Tikrit y Ramada. Eso habría hecho que los yihadistas replantearan su estrategia y buscaran recuperar la iniciativa mediante acciones de pequeña envergadura pero de gran impacto mediático en un país que no lo esperaba, como Túnez. De ese modo, el grupo terrorista podría demostrar que sigue en capacidad de penetrar con facilidad las fronteras y asentarse en los nichos de rebeldes islámicos que ya existen en los países del norte africano.

Asimismo, los voceros de EI han dicho que con su lucha religiosa quieren una confrontación entre el islam y Roma. Y si bien el atentado del miércoles no concuerda con la magnitud de esta retórica, a los europeos los tiene con los pelos de punta que ese grupo terrorista esté ejecutando acciones a pocos kilómetros de sus costas. “Lo que acaban de ver no es más que la primera gota de lluvia”, dice el comunicado en el que el grupo yihadista se atribuye el ataque.

Para el gobierno del presidente Essebsi, EI representa una amenaza temible, pero no invencible. Su gran desafío consiste en unir a los tunecinos bajo las ideas democráticas y mantener los logros políticos y sociales alcanzados, en el país más occidentalizado del norte de África. Y en ese proyecto, tendrá que insistir en trazar puentes entre los islamistas moderados y los sectores laicos de la sociedad. Todo un desafío para una democracia que hasta ahora da sus primeros pasos.
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