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| 10/17/1988 12:00:00 AM

A golpes bajos

Pocos planteamientos y muchas puyas bajan el tono del debate electoral.

A golpes bajos A golpes bajos
Con todas las vueltas que da la vida, nada de raro tendría que la práctica acabe volviéndose una disciplina olímpica. Claro que nadie se acordó de ellos el sábado pasado cuando se inauguraron los juegos en Seúl, pero si las cosas siguen así tanto George Bush como Michael Dukakis podrían aspirar a quedar en la selección nacional de "estrechadores de manos", con buenos chances de acabar en el podio.

A menos de dos meses de las elecciones del 8 de noviembre, los dos aspirantes presidenciales no han conseguido ganarse la atención de los votantes. Por más apretones de manos repartidos, tanto Bush como Dukakis son descritos como personajes aburridos que despiertan pocas pasiones entre el público.
La razón de tanta actividad es simple. Para los expertos en elecciones presidenciales, son estas últimas semanas las que de verdad cuentan en la carrera. Además, las diferentes encuestas indican que la gran mayoría de la gente se encuentra especialmente indecisa en esta oportunidad. El problema de escoger entre un vicepresidente con fama de pelele inútil y un frío gobernador de oscuras credenciales, se está volviendo difícil de resolver.
Como si eso fuera poco, ni Bush ni Dukakis han ayudado. Hasta el momento ninguno de los dos candidatos ha conseguido esbozar un planteamiento coherente sobre temas tan espinosos como la lucha contra la drogadicción, la prosperidad económica o la calidad de la educación.
En cambio, todo se ha reducido a puyas contenidas en los famosos oneliners (frases cortas) típicos de la era Reagan. Ese estilo --ideal para los reporteros de televisión-- rebaja increíblemente la categoría de la discusión.
Un ejemplo clásico fue el dado por el número dos del tiquete republicano el senador Dan Quayle, quien refiriéndose a la inexperiencia de Dukakis en materias de defensa comentó: "Acaba de perder a su asesor en asuntos navales... su patito de hule se le hundió en la bañera".
Semejante estrategia ha colocado a Dukakis a la defensiva. Acostumbrado a dar discursos en el sentido tradicional de la palabra, el gobernador de Massachusetts no ha podido responder con efectividad a las críticas y cuando lo ha intentado aparece pedante y aburrido. Más aún, el candidato demócrata le ha cedido a Bush la oportunidad de escoger la agenda de los temas que trata. Esa circunstancia es la que explica que en las encuestas, los republicanos hayan conseguido una ventaja de cinco puntos porcentuales (47% para Bush contra 42% para Dukakis).
Claro que todo eso puede estar cambiando. La semana pasada la campaña de Dukakis pareció tomar un segundo aire cuando éste paso a criticar el récord del vicepresidente en política exterior. Según los analistas, la riposta del Duke esta íntimamente ligada con el fegreso de John Sasso a las filas de la campaña. Descrito como el hombre que orquestó la resurrección electoral de Dukakis cuando éste fue reelegido gobernador de Massachusetts en 1982, Sasso fue "castigado" hace un año cuando se supo que le distribuyó a la prensa un videocasete que mostraba al entonces precandidato Joe Biden, plagiando en sus discursos al líder laborista británico Neil Kinnock. El episodio acabó con las aspiraciones de Biden, pero también trajo consigo el despido de Sasso.
No obstante, ante la baja de sus acciones, el Duke decidió que ya era hora de rehabilitar al condenado. Al comienzo del mes Sasso fue enganchado como subdirector de la campaña y su vinculación fue recibida favorablemente.
Aparte de devolverle la moral a los cuadros demócratas, este publicista de 41 años empezó a dar resultados: en cuestión de días los discursos de Dukakis subieron de nivel y dos comerciales de televisión atacando a los republicanos salieron al aire. Más importante todavía fue la tregua conseguida con Jesse Jackson, el predicador negro cuyo apoyo es definitivo para el triunfo. Molesto por haber sido relegado de la campaña, Jackson fue convencido por Sasso de volver al redil.
Si la nueva sangre es suficiente, es cosa que se verá en los próximos días. Por ahora el gran objetivo es el primer debate presidencial del próximo 25 de septiembre (el otro tendrá lugar en la segunda semana de octubre), cuando Bush y Dukakis se enfrentarán por primera vez cara a cara. Aunque las reglas de la discusión son tantas que va a ser difícil discutir a fondo los temas importantes, es posible que uno u otro demuestre claramente su superioridad.
Esa, por lo menos, es la esperanza de los demócratas. A pesar de la ventaja de Bush, muchos están convencidos de que éste puede ser arrinconado con relativa facilidad si se le coloca bajo presión.
En caso de que no, los partidarios de Dukakis tienen otras cartas bajo la manga. Hace unas semanas el Duke esbozó un plan edusativo que le permitiría a los jóvenes tener acceso a créditos para pagarse la universidad.
En los próximos días se espera que el turno le corresponda a la vivienda y, más adelante, al empleo. Al mismo tiempo, se tiene la intención de plantear dudas sobre las calidades morales de la gente de Bush. Esa iniciativa fue ayudada por la renuncia la semana pasada de un alto directivo republicano, Frederic Malek, acusado de antisemita.
Frente a tales peligros, la gente del vicepresidente no se ha quedado quieta. La semana pasada se anunció que el ex consejero de seguridad nacional de Jimmy Carter, el democrata Zbigniew Brzezinski, decidió integrar el comité de asesores de Bush en materias internacionales por considerar que éste "es el que mejor puede diseñar una política bipartidista", mientras que Dukakis no había demostrado "ni la capacidad ni los instintos" para manejar crisis. La "volteada" de Brzezinski fue catalogada como un duro revés para el Duke que está tratando de demostrar que a pesar de su inexperiencia, tiene clara la que debe ser la actitud de los Estados Unidos ante el resto del mundo.
Todo ese conjunto de hechos deberían interesar eventualmente a los electores norteamericanos. Si bien este trecho final de la campaña comenzó con el pie izquierdo, los analistas piensan que dentro de unos días las discusiones van a entrar en calor.
Por ahora, el principal obstáculo es, ni más ni menos, los deportes. Para muchos, el votante promedio va a tener su mente concentrada en los olímpicos hasta el próximo 2 de octubre, para pensar luego en la serie mundial de béisbol que finaliza el 23 de ese mes. Tanta interferencia de por medio sólo le asegura a los candidatos dos semanas de atención completa, en vísperas de las elecciones. Sin embargo, eso no impide que en el intermedio Bush y Dukakis consigan elevar el nivel de la polémica. Aunque el comienzo de la cuenta regresiva no fue auspicioso, siempre queda la posibilidad de que los candidatos empiecen a decir cosas inteligentes, para tratar de demostrarle a la gente que no hay que preocuparse si uno de ellos se instala como inquilino en la Casa Blanca.--

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