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| 7/10/2000 12:00:00 AM

Golpes bajos

La democracia está en crisis en varios países de América. Análisis de Michael Shifter, de Diálogo Interamericano y profesor de la Universidad de Georgetown.

Durante años el mapa favorito del Departamento de Estado mostraba una pequeña mancha escarlata en medio de dos vastos continentes verdes. El mensaje: solamente la pequeña Cuba desentona en medio de un hemisferio consagrado a la democracia. El mapa se retiró desde hace ya tiempo. (...) Sin embargo su imaginería

aún se encuentra vigente en el Departamento de Estado. Haría falta, empero, algo en esa verde extensión de esperanza: unas luces amarillas que se enciendan y se apaguen marcando las amplias zonas de América Latina que padecen malestar político. En los países andinos, como Perú y Venezuela, la agitación es especialmente notoria.

Ambos países experimentaron semanas de tensión previas a las elecciones programadas para finales de mayo. La Corte Suprema de Venezuela pospuso la votación debido a problemas técnicos. En Perú el gobierno insistió en seguir adelante con su controvertida segunda vuelta, desafiando las solicitudes internacionales para un aplazamiento e ignorando las demostraciones que se extendieron por todo el territorio. (...)

El presidente venezolano Hugo Chávez, quien se espera que obtenga el triunfo para un período de seis años, condujo una campaña de polarización de una retórica virulenta, que incluyó ataques contra los medios y la Iglesia Católica. El Consejo Nacional Electoral, nombrado por la Asamblea Nacional Constituyente, partidaria de Chávez, enfrenta problemas de credibilidad.

Por su parte el Perú se encuentra en la crisis política más profunda del gobierno del presidente Alberto Fujimori. Los observadores y los gobiernos extranjeros lo han acusado de fraude electoral. Su único contrincante, Alejandro Toledo, pujó por una segunda vuelta y luego anunció la decisión de retirarse. Urgió a sus partidarios a que se abstuvieran de votar en lo que consideró unas elecciones sesgadas. La crisis subraya la precariedad de las instituciones democráticas y devela las limitaciones del prolongado gobierno de Fujimori, independientemente de cuán popular y exitoso haya sido en el pasado.

En Perú y Venezuela (como en Colombia y Ecuador) el mal liderazgo ha vaciado de contenido las instituciones gubernamentales. Los norteamericanos han sugerido que se trata de obstáculos pasajeros en el camino hacia el desarrollo democrático y que las elecciones democráticas conducen inexorablemente a una democracia liberal plena.

No obstante, por mucho que reflejen la voluntad popular, los gobiernos de Perú y Venezuela no están produciendo las tres cosas que sus ciudadanos necesitan con urgencia: empleo, justicia y seguridad. Más de una década después de la Guerra Fría y de la última transición a la democracia (en Chile), el deterioro de las instituciones políticas desafía los supuestos sostenidos en Estados Unidos de que dichos países se encontraban en vías de desarrollar sistemas efectivos de controles y equilibrios. (...)

Para comprender la crisis de Perú y Venezuela es útil observar sus raíces. Fujimori y Chávez fueron elegidos por amplias mayorías, el primero en 1990 y el segundo en 1998, cuando los sistemas de sus países quedaron desacreditados por desempeños precarios y corrupción y se encontraban casi colapsados. En ambos casos el público estaba enfurecido por el fracaso para enfrentar los problemas fundamentales. Sin embargo, desde que asumieron el poder, ninguno de los dos líderes ha mostrado interés en la política democrática sino que han puesto en juego sus presidencias en el ataque al orden anterior y en el llamado ‘al pueblo’. Se han beneficiado con la inoperancia de las instituciones pero no han mostrado interés por construir unas nuevas.

Decididamente conflictivos, tanto Fujimori como Chávez insisten en utilizar sus métodos para consolidarse en el poder. Fujimori era un presidente civil en abril de 1992 cuando suspendió la Constitución, cerró el Congreso y asumió el control de las cortes mediante un ‘autogolpe’. Dos meses antes Chávez, teniente coronel del ejército, intentó derrocar al gobierno civil de Venezuela.

Hoy ambos hombres están siendo puestos a prueba por primera vez desde que asumieron el poder. Ninguno de los dos ha enfrentado a un rival poderoso. Fujimori ha reaccionado con trucos sucios. Ha manipulado la maquinaria electoral y el sistema judicial y ha restringido la libertad de prensa para cobrar ventaja sobre Toledo, quien exigió que las maquinaciones fueran corregidas y pidió un aplazamiento de tres semanas. Fujimori se negó. Para prolongar su régimen iniciando un tercer período de constitucionalidad dudosa el 28 de julio.

La popularidad de Fujimori —cerca del 45 por ciento— constituye una medida de sus logros de comienzos. (...) Fujimori debilitó la insurgencia y restauró el orden económico. Su autoritarismo brindó a los peruanos seguridad personal y estabilidad económica.

Actualmente, sin embargo, el Perú está dividido. Más de la mitad de la población se ha cansado de Fujimori. Pero muchos dudan en elegir a Toledo, quien nunca ha ocupado un cargo de elección popular. Puede aducirse que un gobierno fuerte era necesario para enfrentar el caos. No obstante, ahora que hay condiciones mínimas de orden, existe en el Perú —por lo menos entre un sector significativo— un deseo de cambio. Casi la cuarta parte de los partidarios de Fujimori manifestaron en encuestas que en la primera vuelta hubo fraude. La sensación que he tenido en conversaciones con analistas peruanos es que han votado con más vergüenza que orgullo.

Aunque menos severos que en Perú, el control de Chávez sobre la maquinaria y sus ataques contra la prensa también han suscitado preocupación. Al igual que Fujimori, Chávez enfrenta un panorama político altamente incierto y polarizado. Con ya cerca de 16 meses en el cargo, sustentado por la bonanza petrolera, ha ganado elecciones, pero tiene la fuerte oposición de uno de sus colaboradores en el frustrado golpe, Francisco Arias Cárdenas.

Hasta hoy Chávez no ha logrado mayores avances en favor de su principal electorado, el 80 por ciento de los venezolanos del sector más pobre. Ha creado una nueva Constitución pero las políticas económicas y sociales siguen a la deriva. En un país que ha perdido el 40 por ciento de su ingreso durante las dos últimas décadas la agudización de la pobreza puede alcanzar límites intolerables. La criminalidad se ha duplicado desde el ascenso de Chávez. La tasa de desempleo ha alcanzado el 15,3 por ciento y es la más alta en más de 30 años.

Chávez compensa su carencia de disciplina con carisma. Tanto en su retórica como en su estilo Chávez reproduce las características de los líderes de los años 40 y 50. Con frecuencia se le compara con Juan Domingo Perón.

Perú y Venezuela están rebatiendo otra de las suposiciones de Washington acerca de la región: la gradual subordinación de las fuerzas militares al control civil. Por el contrario, los militares han ganado mayor preeminencia tanto con Fujimori como con Chávez. (...)

Es verdad que las perspectivas democráticas son más prometedoras en países como Chile, Argentina, Brasil y México. Con todo, Perú y Venezuela no son casos aislados. Entre ambos se encuentran Colombia y Ecuador, que también se hallan en crisis. En enero Ecuador experimentó el primer golpe militar exitoso contra un civil en Suramérica en casi un cuarto de siglo. Por otra parte, aunque las instituciones colombianas han resistido por mucho tiempo, ellas también se encuentran sometidas a un incesante desorden y son azotadas por la corrupción. Hace pocos días hubo un frustrado golpe en Paraguay. (...)

En todo caso, así como no puede pensarse que las recientes aventuras de América Latina son accidentes menores en el camino democrático, tampoco significan que el péndulo esté retornando a los días del autoritarismo. Las encuestas muestran que, aunque las mayorías de la región están insatisfechas con sus gobiernos, están apostándole a la democracia. Las viejas generaciones recuerdan las consecuencias de las prácticas autoritarias de la era anterior.
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