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| 11/30/1987 12:00:00 AM

GORBACHOV A LA CASA BLANCA

Confirmada para el 7 de diciembre cumbre sobre desarme en Washington

Una cita de amor entre dos adolescentes primerizos no habría sido tan complicada. Después de días de "si quiero, pero no" y "no, quiero pero bueno", por fin Mikhail Gorbachov y Ronald Reagan se pusieron de acuerdo el viernes pasado para encontrarse en Washington el próximo 7 de diciembre. El anuncio, hecho por el Presidente norteamericano en la sala de prensa de la Casa Blanca, en presencia de su secretario de Estado George Shultz y del canciller soviético Edward Shevardnadze, acabó con días de incertidumbre y dejó definitivamente despejado el camino para que el próximo mes, las dos superpotencias firmen el primer tratado sobre reducción del arsenal nuclear, en los últimos 8 años años.
Si todo sale como está planeado, ambos dirigentes estamparán su firma en un documento que acabará de un plumazo con todos los misiles de alcance mediano (entre 500 y 5.000 kilómetros) que hoy en día se encuentran instalados en suelo europeo y asiático. En total, unas dos mil cabezas nucleares, suficientes para destruir varias veces las principales ciudades del mundo, serán paulatinamente desmontadas y destruidas.
Semejante logro se consiguió después de años de negociaciones infructuosas en el seno de las conversaciones sobre desarme que ambas superpotencias mantienen en Ginebra, Suiza. Afortunadamente, 1987 trajo consigo la coyuntura necesaria en la cual tanto Gorbachov como Reagan veían con ojos favorables la firma de un tratado. Después de un entendimiento preliminar a finales de julio, los eventos se desarrollaron rápidamente, de tal manera que para el día de la cumbre ya toda la letra muda debe estar escrita.
Curiosamente, ponerse de acuerdo sobre temas tan abstrusos como la verificación de los acuerdos acabó resultando más sencillo que organizar un encuentro entre el jefe del Kremlin y el de la Casa Blanca. En un comienzo se había planeado que el final lógico de las negociaciones era una cumbre entre los dos líderes. Sin embargo, esa posibilidad empezó a debilitarse cuando el secretario norteamericano Shultz viajó a Moscú en la tercera semana de octubre. Para sorpresa del funcionario, Gorbachov le dijo que no veía la necesidad de un encuentro con Reagan si lo único que se iba a hacer era firmar el tratado. Según el líder soviético, era indispensable que se incluyera en la agenda de las conversaciones el tema de los sistemas de defensa y en particular el de la famosa "guerra de las galaxias", una idea norteamericana que consiste en colocar máquinas en el espacio encargadas de destruir misiles enemigos en caso de un ataque.
Semejante demanda dejó fríos a los observadores. En términos generales, la salida soviética se acababa pareciendo a la que tuvo Gorbachov hace un año en Islandia cuando el desacuerdo sobre el tema echó por tierra un principio de arreglo sobre desarme.
Según la prensa occidental, el cambio de posición del Kremlin fue, ante todo, una estratagema negociadora. Debilitado por el Irán-contra-gate presionado por un Congreso de mayoría demócrata y apabullado por la debate del Wall Street y el espectro de una nueva recesión mundial, Ronald Reagan necesita algo para mostrar al término de su mandato y en opinión de los soviéticos está dispuesto a "pagar" por un resultado. Por lo tanto no se perdía nada con poner de nuevo sobre el tapete el tema de la guerra de las galaxias, a ver si Reagan mordía el anzuelo.
No obstante, el Kremlin no contaba con la terquedad del presidente norteamericano. Aunque Reagan no es precisamente el hombre más ingenioso sobre la tierra, es conocido por aprenderse sus líneas, como buen actor, y nunca despegarse del libreto. Como consecuencia, el Kremlin fue informado que o había cumbre sin discusión sobre guerra de las galaxias o no había nada.
Esa aparente firmeza norteamericana llevó a los soviéticos a su antigua posición. Fue ese el motivo del viaje de Shevardnadze a Washington quien llevaba una carta de Gorbachov para Reagan, en la cual se limaban todas las asperezas. Ahora se sabe que el líder soviético debe arribar a la capitai norteamericana para tres días de conversaciones, en los auales la firma del tratado sobre eliminación de los misiles de rango intermedio, será el acto máximo.
En todo ese tejemaneje diplomático lo único que nunca estuvo en peligro, sin embargo, fue la suerte del tratado. Tanto el Kremlin como la Casa Blanca reconocieron que con o sin cumbre el acuerdo era ya un hecho. En cambio, lo que sí alcanzó a tambalearse fue el futuro del desarme que esta semana discutan, en compañía de la Directora de Planeación, todo cuanto quieran para llegar a los acuerdos pertinentes.
No terminó de respirar profundo Renán Barco, cuando notó la presencia de los hombres de la industria cervecera y en consecuencia la ausencia de varios parlamentarios de sus respectivas comisiones. El miércoles no hubo quórum lo que llevó al ponente a pedir la palabra para expresar: "No crean que soy tan torpe como para no darme cuenta de que el proyecto no goza de buen ambiente, porque en este país es imposible meterse con un emporio como el de la cerveza". A renglón seguido, Renán Barco pidió que fuera excluído este artículo (el número 26 del "orangután") pero que por favor se continuaran discutiendo los restantes: "o por lo menos leánlos". Los últimos artículos del proyecto terminaron de votarse el jueves a las 4:30 de la tarde, y si nada imprevisto ocurre esta semana en las sesiones plenarias de Senado y Cámara, se aprobará definitivamente la emisión de $ 55 mil millones que financiarán los gastos de funcionamiento del país para lo que resta del presente año, y $ 80 mil millones para 1988. También autorizarán un cupo de endeudamiento interno por $ 70 mil millones; $ 15 mil millones para una nueva emisión de Títulos de Ahorro Nacional TAN y un crédito externo por US$ 4 mil millones de dólares.
Del mismo modo fueron definitivamente aprobados los 9 primeros artículos del "orangután" que contemplan la emisión de títulos de deuda pública interna, hasta por una cuantía de $ 25 mil millones, denominados Bonos de Financiamiento Especial, que se destinarán a gastos generales y de inversión de las Fuerzas Militares, la Policía Nacional, el DAS, el Ministerio Público y la rama Jurisdiccional, según distribución que hará el Consejo de Ministros.
Aunque el lobby cervecero y el costeño se salieron con la suya, el senador Renán Barco también, pues finalmente obtuvo la aprobación de cinco "Miquitos" más de aquellos que los parlamentarios consideraron como una minireforma tributaria. Sólo queda pendiente para esta semana el hecho sin precedentes en la historia parlamentaria del país: las aclaraciones correspondientes a la acusación de soborno que hizo el senador Jaramillo al ministro de Hacienda, porque este, a través de un subalterno, le ofreció algunas prevendas burocráticas, a cambio de su apoyo incondicional al proyecto.
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