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| 9/19/1988 12:00:00 AM

GRITO DE LIBERTAD

Con Nelson Mandela moribundo tras 24 años de prisión, la lucha contra el Apartheid podría llegar a su punto crítico

La frase de uno de los dirigentes sudafricanos resume muy bien la preocupación que actualmente estremece a millones de personas en el mundo: "Se nos está muriendo y no hacemos nada para impedirlo". El que está muriéndose es un hombre de pelo ya blanco, con 70 años recién cumplidos y quien ostenta el no envidiable titulo del preso más antiguo del mundo. Fue condenado a prisión de por vida en 1964 por conspirar para el derrocamiento violento del gobierno de minoria blanca en Sudáfrica, un cargo que centenares de abogados, con todos sus argumentos y trampas legales no han podido rebatir, en ningún idioma.

Nelson Mandela, un hombre a quien los artistas de rock más grandes son capaces de ofrecerle, a distancia, un concierto para que se sienta menos solo en su cumpleaños, está muy mal, tiene una tuberculosis en estado avanzado, escupe sangre, siente dolores terribles y ha provocado toda clase de reacciones, especialmente en Estados Unidos, donde su mujer había contratado un abogado negro para que defienda al marido, ya no de los carceleros sino de quienes, usando el nombre "Mandela" se han dedicado a vender camisetas, tazas, recuerdos y otros objetos que son casi miticos gracias a ese nombre. La enfermedad, aparentemente escamoteada por las autoridades que lo guardan celosamente desde hace 24 años, ha provocado toda clase de rumores, desde los más fatalistas (Mandela está muy mal, no puede caminar ni valerse por si mismo), hasta los más racionales (se le practicó una biopsia, recibe el tratamiento médico adecuado, no sufre dolor ni incomodidad y ha mejorado ostensiblemente en las últimas semanas). La verdad es que nadie ha podido aclarar la situación de un hombre que actualmente es el símboo inequivoco de la pelea a muerte entra el sistema del Apartheid impuesto por la citada minoria blanca.

Quizás por azar o por simple muesra de ironía, una película que en el fondo es un homenaje a Mandela "Gritos de Libertad", de Richard Attenborough, que habia sido aprobada inicialmente por los censores sudafricanos, fue luego prohibida por un juez y retirada en medio de gran escándalo.

Quizás el mejor testimonio sobre la situación real del lider sea el de su mujer, Winnie, quien hace una semana lo visitó con ocasión de su cumpleaños, le llevó torta y quedó impresionada ("asustada" decía el cable ;obre su reacción), por el pésimo aspecto que presentaba el marido.

En noviembre de 1985 hubo otro amago: operado de la prostata en la prisión de Pollsmoor, algunos de los médicos que aceptaron hablar con la prensa indicaron que su estado no era el mejor. Como todo cuanto tiene que ver con él, otros facultativos dijeron lo contrario: que podia vivir otros 20 años. La leyenda es imparable.

Para los amigos mantener el contacto con Mandela ha sido tonificante En una carta enviada a uno de sus compañeros politicos, Mandela decia: "Me levanto todos los días a las 3:30, hago dos horas de ejercicio físico para sudar en serio. Luego leo y estudio durante todo el día. Me llevan periódicos sudafricanos y revistas extranjeras. Tengo un aparato de radio en la celda, puedo sintonizar emisoras del país pero no la BBC. Cultivo mi propio jardín, y los vegetales crecen en latas de galletas: tomates, brócolis, pepinos y hasta fresas".

Ni el retrato, ni los discursos, ni el nombre, ni su voz pueden ser reproducidos en Sudáfrica y lo mismo que en la pelicula de Attenborough, cuando llegan visitantes a la cárcel sólo pueden entrar de uno en uno, para evitar una conspiración. Pollsmoor es una penitenciaria ubicada a 45 kilómetros de Ciudad del Cabo y Mandela no es Mandela, es el preso número 46664. Uno de los últimos testimonios sobre Mandela fue el de Lord Bethell, a quien el Parlamento Europeo encomendó estudiar en enero de 1985 el estado de los derechos humanos en Sudáfrica. Ahi estaba el hombre, con el pelo blanco, 1.80 metros de estatura e impecablemente vestido con una camisa verde oliva, pantalones azules y zapatos negros.
En el informe que rendiría después, el investigador diría que Mandela, a pesar de los pronósticos seguia creyendo en lo que motivó su encarcelamiento.

Cabeza visible del Congreso Nacional Sudafricano, un movimiento que pelea desde hace más de 50 años por dar a los negros un poco de respiro y enemigo del uso de la violencia (sólo en los últimos años sus partidarios comenzaron a devolver golpe por golpe de los racistas), Mandela se ha convertido en un elemento incómodo para el gobierno de minoria blanca: no acepta la libertad si no liberan tambien a miles de detenidos políticos que son menos célebres. La vida del Congreso Nacional Sudafricano como partido ha sido accidentada y a pesar de moverse inicialmente dentro de la más estricta legalidad, no ha sido reconocido y sus integrantes por medio de huelgas, palizas por parte de la policia, mordiscos de perros rabiosos, alambradas, confinamiento en ciertas zonas de las ciudades (todo lo que se puede mirar en "Gritos de Libertad"), han intentado quebrar el muro impuesto por las autoridades blancas. Dentro de esas sangrientas relaciones entre blancos y negros, el papel de Mandela cobra mayor significado a partir de 1956, cuando la desobediencia civil que encabeza junto a otros lideres como Walter Sisulu, Oliver Tambo, Ruth First y Joe Slovo se convierte en el arma política más explosiva. Tiene que vivir en la clandestinidad, durante 17 meses se esconde de los policias y los perros que lo intentan cazar, tiene 42 años, pesa 115 kilos y lo llaman el "Pimpinela Negro" por todos los disfraces que utiliza para escapar. Las autoridades se morian de la rabia cuando descubrian que los periodistas europeos la entrevistaban bajo su disfraz del momento. Entraba y salía del país cuando quería, se burlaba de quienes lo buscaban pero, como dice uno de sus amigos, un día le falló la suerte y mientras conducia un automóvil prestado, con un abrigo blanco muy largo, entre Durban y Johannesburgo, fue capturado. Nadie ha podido olvidar la fecha: 5 de agosto de 1962, el mismo día en que encontraron el cuerpo tibio de Marylin Monroe.

Al ser capturado, Mandela llevaba seis años de casado y tenía dos hijas.
Desde entonces su hermosa mujer, Winnie, que es recibida por presidentes y reyes que quieren ayudarle en su campaña para liberar al marido, sólo se ha dedicado a eso: viajar por el mundo y pedir la excarcelación de quien ya no es un hombre, es un símbolo para esos 25 millones de negros sudafricanos que todos los días, sin pronunciar su nombre porque serían castigados, se preguntan cuándo lo liberarán: dicen que el régimen de Botha ya está tan enredado con este asunto que prefiere que la situación siga como está, a pesar de las presiones internacionales.

Pero ahora, con la enfermedad revelada de Mandela, la situación parece cambiar del todo y la pregunta se revierte: ¿alcanzará a vivir para ver el sol de nuevo? --
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