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| 11/20/1989 12:00:00 AM

GRITOS DE LIBERTAD

Tras 25 años, el gobierno de Pretoria libera a los líderes del Congreso Nacional Africano.

GRITOS DE LIBERTAD GRITOS DE LIBERTAD
Cuando esos hombres fueron condenados a cadena perpetua "por atentar contra la seguridad del Estado", la mayor parte de la población surafricana no había nacido siquiera. Sin embargo, cuando la semana pasada el gobierno de F.W De Klerk cumplió su promesa de liberarlos, se comprobó que los ancianos dirigentes no habían perdido un ápice de su popularidad y, en cambio, habían ascendido a la categoría de leyendas vivientes.

Su actitud no estuvo por debajo de las circunstancias. A pesar de los largos años a la sombra, siete de los ocho liberados (los pertenecientes al Congreso Nacional Africano) sólo se tomaron unas cuantas horas de descanso en sus hogares antes de encaminarse hacia una Iglesia Anglicana de Johanesburgo para conceder una conferencia de prensa inimaginable hace apenas unos meses. Su presencia de ánimo electrizó a millones de seguidores a lo largo y ancho del país.
Allí estaban Walter Sisulu, de 77 años, amigo y confidente del máximo líder Nelson Mandela, aún encarcelado. Junto a él aparecieron Ahmec Kathrada, de 60, el único indio del grupo. Raymond Mhlaba, líder sindical de 69 años; Wilton Mkwayi, de 57, tesorero del ala sindicalista del Congreso; Andrew Mlageni, antiguo periodista de 62 años; Elias Motsoaledi, un comunista de 65 años; Oscar Mpetha, un patriarca de 80 años que ha estado hospitalizado desde 1985, víctima de la amputación de una pierna como consecuencia de la diabetes.

Los siete presentaron ante sus jubilosos seguidores una imágen calificada de "entusiasta, confiada y hasta desafiante". "Nuestra determinación no ha sido jamás debilitada por nuestros largos años de encarcelamiento", dijo Sisulu ante la multitud que le aclamaba. Por el contrario, el viejo dirigente afirmó que "hemos salido fortalecidos por los desarrollos de nuestro país y por nuestra clara visión del futuro".

El gobierno de F.W De Klerk tiene sus propias ideas al respecto. Cuando el nuevo presidente asumió el poder a mediados de agosto, De Klerk prometió a su país y al mundo que se abrió una era de cambio tras tantas década de apartheid. Lo que el nuevo dirigente busca es una solución negociada, que se consagraría en una nueva Constitución. Según su proyecto, la dominación de la minoría blanca sería gradualmente remplazada en los próximos 5 años por un sistema de poder compartido entre los cuatro grupos raciales--blanco, negro, mestizo e indio--definidos por el gobierno.

Los analistas internacionales consiieran que la medida de liberar a sus viejos prisioneros del CNA--y la pojibilidad de hacer lo mismo con Nelson Mandela--es precisamente una señal de que De Klerk quiere la colaboración de esos líderes para iniciar algún tipo de negociaciones. Por su parte, los siete del CNA respondieron con comentarios en los que el espíritu de revancha brilló por su ausencia.

Las señales del gobierno son claras: primero, en un acto sin precedentes, la liberación de los presos se produjo sin condiciones, y principalmente sin la prohibición de adelantar proselitismo político. Segundo, el régimen no obstaculizó la reunión de los liberados con los periodistas ni las manifestaciones que siguieron, y tercero, no pareció reaccionar negativamente ante el anuncio hecho por Sisulu de solicitar un pasaporte para viajar a la sede de su organización en la vecina Zambia. Lo que los analistas internacionales señalan para explicar esta actitud es que el gobierno de Pretoria considera favorable negociar con sus antiguos prisioneros por varios factores. Por un lado, porque llegó a conocerlos y respetarlos durante sus años de cárcel. Por el otro, porque aunque no han dejado sus convicciones, pertenecen a una generación de revolucionarios para quienes presumiblemente la pasión se ha visto temperada por la sabiduría. Y porque no vivieron los violentos años de represión en 1976 y 1986, y, por tanto, su juicio no estaría influenciado por el ánimo de revancha.

Pero aun si todo lo anterior se con firmara, las esperanzas de De Klerl tienen que superar grandes obstáculos. Aparte del ala armada del CNA existen movimientos radicales, como el Congreso Panafricano --al que pertenece el octavo liberado, Jafta Masemola--que no acepta ningun; posibilidad de diálogo. Por otro lado nada asegura que Sisulu y sus amigo le vayan a hacer el juego a De Klerk. Y para empeorar las cosas, mucho piensan que la opinión pública negra de Suráfrica, imposible de medir e una sociedad tan cerrada como esa podría estar pensando más en términos de lucha por la liberación que en términos de conciliación con su viejos enemigos, los blancos.-

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