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| 10/14/1991 12:00:00 AM

GUERRA ABIERTA

Nadie parece capaz de detener la guerra civil de Yugoslavia.

EL CONFLICTO YUGOSLAVO se planteó el 25 de junio cuando las repúblicas de Eslovenia y Croacia, las más ricas del país, inconformes con la línea comunista del Gobierno de Belgrado, y con su inoperancia para establecer una confederación más laxa, decidieron declarar su secesión.
Eslovenia ya está cerca de la independencia total, a pesar de que fue allí donde comenzó el problema. Las tropas federales trataron de bloquear la seseción, pero pocos días después, un cese al fuego propiciado por la Comunidad Europea logró que las tropas se retiraran, mientras los eslovenos aceptaban aplazar tres meses su declaración de independencia.
Esa moratoria estaba destinada a que el Gobierno federal diseñara una fórmula confederada que mantuviera la unidad. Pero el gobierno se enredó hasta perder su autoridad. A cambio, Eslovenia pudo desarrollar sus contactos y abrir oficinas en Europa que podrían convertirse, a partir del 7 de octubre, en sus embajadas.
Entre tanto, el conflicto se trasladó a Croacia, en una de cuyas regiones, Krajina, viven 600 mil serbios. Estos se levantaron contra las intenciones separatistas de esa república con el apoyo abierto de las tropas federales dominadas por la oficialidad serbia. Aquí el conflicto adquirió un carácter diferente.
La razón es que entre los serbios y los croatas existe un odio ancestral que ha sido manejado por nacionalistas a ambos lados de la frontera.
Por un lado está el croata Franjo Tudjman, quien, elegido en abril de 1990 con consignas antiserbias, revivió los símbolos nacionalistas que estuvieron en boga bajo el régimen títere instalado por los nazis en 1941. Miles de serbios murieron durante ese período, lo que no cesan de recordar sus dirigentes.
Por el otro lado está Slobodan Milosevic, líder serbio ex comunista.. Serbia, que con 8,5 millones de habitantes -sobre un total de 24- es el pueblo más numeroso de Yugoslavia, alega que quiere mantener la unidad del país y defender a sus hermanos en Croacia, pero Milosevic no oculta su intención de conquistar la Gran Serbia, una ilusión acariciada desde años atrás.
Para la mayoría de los analistas, y para la CE, es claro que el responsable del conflicto es Milosevic, pero también es cierto que tiene enfrente a un belicista recalcitrante como Tudjman.
Ambos han lanzado a sus medios de comunicación a guerras verbales, que exacerban el odio entre los combatientes.
Esa puede ser la razón para que en cuatro ocasiones los ceses al fuego promocionados por la CE- y dirigidos por el ex canciller británico lord Carrington- hayan sido violados a tiempo con su firma. Los combates han dejado más de 300 muertos desde junio, y la violencia afecta ya a la sociedad casa a casa, con los matrimonios mixtos en la mira.
Mientras pocos resultados se esperan de las reuniones de paz de La Haya, la situación se complica por la independencia decidida por Macedonia, la más pobre de las repúblicas yugoslavas. Y la economía del país se acerca a la bancarrota, pues el comercio internacional está prácticamente paralizado.
Como si fuera poco, la semana pasada el conflicto adquirió aún más gravedad: el jefe de la presidencia colectiva, el croata Stipe Mesic, denunció que el ministro de Defensa, el general Veljko Kadijevic, se negó a retirar sus tropas de la región en conflicto para cumplir los compromisos del cese al fuego. Ello podría llevar a internacionalizar el conflicto, pues los croatas se declararon con derecho a llamar ayuda externa. Entre tanto, decidieron cerrar el oleoducto que transporta los combustibles de Serbia. Una situación que se hace más explosiva con cada día que pasa.
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